La segunda vuelta presidencial era completamente predecible y las tres profecías básicas se dieron con creces: 1) la alta abstención que, en las elecciones del 15 de diciembre, llegó al 58%, es decir, casi ocho millones de chilenos habilitados para votar no concurrieron a las urnas; 2) el desastre de la derecha, que ya se había manifestado en la primera vuelta con el 24% a favor de la candidata, y que llegó, en la segunda vuelta, a 37,8%; 3) el triunfo cómodo de Michelle Bachelet, que su subió de 47% al 62,1, en la segunda vuelta. (Cada uno de estos temas merece una columna en particular).
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