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Agosto 18, 2026

La dulce levedad del ser

 No sé cuándo ni cómo perdí la ilusión en los políticos actuales. Creo que fue después del último sueño despierto del plebiscito contra el tirano. Más tarde vino la democracia de los acuerdos y la transacción sin parar; los verdugos se fotografiaban con sus víctimas.

Si lo pensamos mejor, el sistema no puede funcionar sin el dominio totalitario de la rentabilidad y del éxito económico, por consiguiente, la educación, la salud y, sobretodo, la política deben ser reducidas a la esfera de la dulce levedad del ser.

Los políticos de hoy, al igual que en el parlamentarismo, 1891-1925, conforman una casta en la cual los negocios privados son equivalentes al bien común. ¿Por qué extrañarse de los sobresueldos y de la eternidad en los cargos públicos? Todos estos políticos frecuentan los mismos lugares, verdaderos tontódromos de la superficialidad farandulesca – la Casa de Piedra, la Sofofa y la Bolsa de Comercio- que constituyen el ágora del Chile actual.

En tiempos de elecciones, los nuevos ricos van a compartir, como los señores medievales, con sus siervos de la gleba: se muestran solícitos, dispuestos a solucionar cualquier problema, hasta la ceguera de los adultos mayores, o pagarle a las obesas pobladoras un tratamiento con el doctor Vidal; los políticos se constituyen, por unos meses, en amigos y amigas, hermanos mayores, madres, apoderados y reemplazantes del padre ausente o desempleado. Como la Cenicienta, pasadas las doce de la noche, es decir el día de la elección, 1l de diciembre, en que esta “maravillosa amistad cívica” se disuelve como pompas de jabón.

En el reino de la levedad del ser político no hay conflictos: todos somos chilenos e iguales, como diría un torturador de la dictadura. No hay clases sociales, esa es una estupidez del barbudo Carlos, sólo letras de la A a la D, así no se nota que unos comen caviar y otros mierda, mierda; todos admiramos a Iván Zamorano y a Fernando González y gozamos con los líos amorosos de Kenita.

Los debates presidenciales, en este mundo de la levedad, son una gran fiesta social: en la siútica Casa de Piedra, que se parece a uno de esos monumentos de la Roma de Musolini, se juntan periodistas, políticos y pechadores. Una periodista gordita y gafufa, enviada por su diario para relatar los aspectos farandulescos de esta cívica comedia, redacta una crónica que dice lo siguiente: al pobre Craso Pompeyo Piñera lo peinó su peor enemigo, pues su mechón al aire le da un loock de un personaje de los Tres Chiflados; a lo mejor quiso imitar el mechón de don Arturo Alessandri, pero no le resultó; Joaco y Tatán usaron una corbata azul y amarilla, respectivamente, imitando la propaganda de Bilz y Pap; a Jerry Lewis Lavín su peluquero le fijó un jopo proletario con gel de quinta categoría. Por qué no actuamos como Luis XIV, que después de una rica comida a matar a su cocinero; Tomás Hirsch se vistió elegante, pero negligé, al estilo de un académico de universidad privada, media rogelia y proletaria; la gordi Michelle no tiene caso: seguirá, porfiadamente, vistiéndose con masculinos safaris sudafricanos ¿cuándo mostrará las piernas? Al menos, esta vez cambió el color puré de porotos por el rojo.

En los debates realizados hasta ahora, en la presente campaña electoral, es imprescindible analizar el papel de los periodistas: en el primero, entre muñequita rusa Alvear y la gafufa Bachelet, los periodistas se comieron vivas a las nerviosas e inseguras ninfas; como los superficiales políticos son precavidos, para el segundo “foro” eligieron a dos periodistas que les sonrieran y fueran complacientes: Glenda Umaña y Constanza Santamaría. No sé por qué los conductores de casi todos los foros muestran un nerviosismo casi risible: en el primero, Bernardo de la Maza era un verdadero tallarín neurótico y, en el segundo, Mauricio Hofmann no dejó chambonada por hacer; Libardo Buitrago, por lo general, conocedor de los temas internacionales, no supo aprovechar las planas respuestas de los candidatos para descubrir su ignorancia en una réplica; Mauricio Bustamante creía que estaba interrogando a uno de los tantos doctores callólogos que invita a su programa, Buenos Días a Todos: mire que relacionar la cesantía con la migración.

Pompeyo Craso Piñera quería mostrar su nuevo look de los Tres Chiflados a los reporteros gráficos y abrazó a la abeja reina Michelle para demostrar que los dos se verían en la segunda vuelta; Jerry Lewis Lavín los observaba celosamente; el alado Lavín quiere ser el socio del millonario Piñera: lo busca, lo cela, lo pololea, pero Sebastián es como las adolescentes esquivas él, muy orondo, le dice que le contesta después del 11 de diciembre. Esto del socio no es muy buena idea: en la novela de Genaro Prieto, El socio, el protagonista, Julián Pardo, es aniquilado por su socio inventado, William Davis; Daniel López Pinochet le echa la culpa a su socio, el mamo Contreras, de todos los robos y crímenes de la dictadura; Fujimori hace lo mismo con Montesinos. Por lo demás, la casi totalidad de las sociedades políticas de la derecha terminan en la quiebra.

Jerry Lewis Lavín se acordó que se iba titular de arcángel y, por tanto, debería glorificar a Dios y dar público testimonio de su fe en el santo Escrivá de Balaguer. Desde los cielos el altísimo murmura: “Este niño Joaquín se está pareciendo mucho a Juan Calvino Jorge Bush”. Daniel López Pinochet interrumpe el gozo divino al escuchar el canto gregoriano del coro de ángeles, dirigido por Jaime Guzmán, a quien Cristo de Palo Pablo Longueira contempla extasiado. El audaz de Daniel Pinochet invoca la divinidad diciendo “que Dios me perdone si me excedí alguna vez, que no creo”. Qué buen arrepentimiento, exclamaría Dios.

Joaquín se ha convertido en una especie de profeta de los pobres y desamparados: su humildad y gran corazón dejan pálido a San Francisco de Asis: hay dos Chiles, los epulones de la Concertación, ricos y satisfechos, y el de los “Lázaros humillados”, del partido popular de la UDI. Las denuncias de Recabarren en Ricos y pobres, y del profesor Alejandro Venegas, en Sinceridad, son moco de pavo al lado de la crudeza de los discursos de Jerry Lewis, como hoy, los poderosos son seres caritativos con los pobres, no sería necesario exonerar a los profesores Venegas de sus cargos. Joaco se convierte, día a día, en un actor consumado: sabe bien que los teleespectadores, por efecto de la curva del olvido, sólo recuerdan el lenguaje gestual, por eso juega con las manos para perseguir a los malditos cacos: “Esta es dura, la otra es más dura”, Saca un papel que dice quinientos chilenos trasquilados en el momento del debate. Es evidente que un arcángel sostenga que la ley de Dios determina que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, los homosexuales habitaron Sodoma y Gomorra y fueron castigados por el implacable Jehová. En síntesis, el ideario de Joaquín Lavín puede resumirse en Dios, patria, castigo severo a los delincuentes, excluyendo a los delincuentes de cuello y corbata, naturalmente, y redención de los amados proletarios. No sé por qué esta frase la leí en un libro de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española, cuando los falangistas, en 1936, vestían el simple uniforme azul del obrero y cantaban Cara al Sol pero, ciertamente, los tiempos de la levedad del ser son muy distintos que los conflictos de los años 30.

Popeye Piñera está muy contento con los resultados de la encuesta CEP: se siente triunfador, asertivo, seguro de sí mismo, imita las metáforas de su maestro falangista, Radomiro Tomic, se luce al hablar de embarazo, mirando a la abeja reina Michelle; de plano, promete un millón de empleos, ciento sesenta en seis meses; para eso, la billetera de Nicolás Eyzaguirre está llena de dólares. A las aporreadas dueñas de casa les garantiza pensiones no inferiores a $40.000, total, papá fisco paga y, a lo mejor, algo regalan los empresarios, convertidos ahora en Mecenas. ¡Lo harán sólo hasta las doce del día 28 de diciembre! (Herodes mandó a Pilatos, Pilatos mandó a su gente, al que preste en este día, pasará por inocente).

Michelle Bachelet estaba muy nerviosa, pues sus asesores la tenían loca aconsejándola en la estrategia de la incomunicación; por suerte, súbitamente, nuestra Chica de rojo se rebeló y empezó a mostrar simpatía, espontaneidad y dominio de los temas, venciendo la torpe timidez inoculada por los patudos logreros, apitutados y vitalicios que la rodean. ¡Por favor, Michelle, no los escuches, atrévete a seguir siendo tú misma!

Tomás Hirsch, además de lanzar dos o tres frases geniales, como “cara de palo” a Piñera y Lavín por sus ofertones, o “sabemos que no van a cumplir”. Fue el único que atacó el famoso modelo de la transición a la democracia, que más parece traición. Por lo demás, a diferencia de los patrioteros, que nos quieren hacer pelear con los vecinos, fue capaz de defender el cobre chileno, que está siendo esquilmado por abusivas empresas canadienses y australianas; incluso, la egoísta oligarquía de fines del siglo XIX fue más patriótica al cobrar un 50% de royalty por la exportación del salitre. Como en estos foros pactados no se puede hablar de temas conflictivos, ningún candidato dijo nada sobre los derechos humanos, por eso, valientemente, Tomás lo recordó con un rupturista cartel.

En el plano internacional se notó la debilidad de los cuatro candidatos: en las relaciones con el Perú y la papa caliente de Fujimori, sólo cantaron alabanzas a nuestra pésima política de relaciones con nuestros vecinos; ninguna propuesta para el problema de la mediterraneidad de Bolivia. Sobre nuestra seguridad energética, puros lugares comunes, como diversificar las fuentes de energía. Para echar a perder más las relaciones con América Latina, Lavín propone revisar el MERCOSUR. Dios nos encuentre confesados si alguno de los cuatro candidatos llega a la presidencia de la república y, constitucionalmente dirigieran nuestra política exterior. Definitivamente, tenemos que llevarnos a Chile a otros continentes más desarrollados.