La policía contabilizó 1.295 vehículos quemados por inmigrantes, en su mayoría de origen africano -quienes pueblan los suburbios de esta capital y la periferia de otras ciudades galas-, sin el menor viso de control de esa crisis por el gobierno.
El aumento de estos hechos demuestra el efecto nulo del anuncio, la víspera, del ministro del Interior Nicolas Sarkozy de apelar a una actuación fuerte de la policía para contener los desórdenes.
Las manifestaciones callejeras se iniciaron en Clichy-sous-Bois, después que el 27 de octubre pasado dos jóvenes inmigrantes murieron electrocutados en un área de transformadores, al parecer, cuando se escondían de una persecución policial.
Ahora los incendios de vehículos se registraron, por primera vez, en el mismo centro de esta capital, en el histórico distrito tres, en tanto se considera que la noche del sábado y esta madrugada fueron las más violentas desde el inicio de la crisis.
Un total de 3.500 coches, autobuses y camiones han sido pasto de las llamas durante más de una semana de disturbios, en los que participan jóvenes inmigrantes resentidos por la discriminación racial, el desempleo y la marginación social que viven en Francia.
El gobierno del primer ministro Dominique de Villepin dispuso una fuerza adicional de 2. 500 policías antimotines, luego de reunirse ayer de urgencia con los miembros de su gabinete y líderes musulmanes de todo el país.
Además de esos efectivos, siete helicópteros dotados con visión nocturna filman los acontecimientos y dirigen las operaciones de las fuerzas antimotines.
La oposición de izquierda, aunque sin llegar a hacerlo oficialmente el Partido Socialista, demanda la renuncia de Sarkozy, considerado como la causa de la agudización de esos desordenes, al calificar a los participantes de escoria.
Sarkozy, al igual que De Villepin, aspira a presentarse a las elecciones presidenciales de 2007, aunque su aval político se enturbió con la crisis, extendida ahora a toda la geografía francesa.
Los acontecimientos más graves de la décima jornada se registraron en la noroccidental región de Evreux, donde un centenar de vehículos fue incendiado en el barrio La Madeleine, escenario de enfrentamientos con la policía.
De igual forma, en la sureña localidad de Pau, los choques entre jóvenes inmigrantes y fuerzas antimotines se extendieron por una hora y 20 coches fueron quemados.
En Every, en la periferia sur parisina, ocurrió un siniestro en un albergue para inmigrantes, mientras que en Aubervilliers, cerca de esta urbe, fue incendiado un gimnasio, al igual que una decena de autos en la plaza de la Republica, en el centro capitalino.
La situación se extendió a la suroccidental ciudad de Toulouse, Lyon, (sureste), Costa Azul, Cannes y Niza, entre otras.
