El próximo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano está previsto para fecha muy cercana, del 6 al 16 de diciembre, y como cada año no solo recibirá a los cineastas de América Latina con sus obras sino a cineastas del mundo todo en el marco de jornadas, presentaciones y ciclos que comprenderán sus últimas realizaciones o retrospectivas de especial significación.
En el Festival tendrán lugar igualmente Seminarios y Talleres dedicados a temas y problemas de importancia mundial. Tales como América Latina y USA, lo que nos une y lo que no tendría que separarnos, El Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano (en su 18va. manifestación), Taller internacional sobre desertificación, y otros a los que haremos referencia más adelante.
Ahora, y en esta comunicación queremos enfatizar cuanto concierne a uno de estos Seminarios, con el propósito y la esperanza de interesar ya, desde este instante, una participación muy activa de los cineastas latinoamericanos que estarán presentes en el 27 Festival, a partir de sus reflexiones, experiencias y preocupaciones inmediatas y en perspectiva. Se trata del Seminario sobre la Diversidad Cultural en el Cine y en el Audiovisual en América Latina (y en sus relaciones con Europa y todo el mundo).
Este Seminario tendrá lugar el 9 y 10 de diciembre a menos de dos meses de la aprobación por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de la Convención sobre la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, que completa y puede hacer factible, con la voluntad de los partícipes, la aplicación de los principios que recoge la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (adoptada desde el 2001); Declaración que ha dado lugar en el curso de estos años a grandes movimientos de opinión, reflexiones fundamentadas con rigor y hondura que parten sin embargo de concepciones y criterios igualmente diversos y de ámbitos, regiones, países y contextos que prueban que hoy, al alcanzar un casi unánime consenso en la Conferencia General, se reconoce e instrumenta en el Derecho Internacional, una aspiración que reafirmando el irrenunciable valor de la diversidad, rechaza, en la práctica la uniformación de pensamiento y de las expresiones culturales.
Es un triunfo de la justicia, de la transparencia y de la inteligencia y por eso hemos propuesto, para la primera reunión del Seminario, que esa primera ocasión del encuentro estudie la importancia histórica de este consensuado Acuerdo para después desencadenar la reflexión necesaria respecto a su aplicación en nuestros países, en nuestros ámbitos culturales particularmente complejos, en el marco de nuestras relaciones inter-culturales y de solidaridad y/o cooperación con otras regiones y, en particular con Europa, algunos de cuyos países dan apoyo en todos los terrenos al Seminario; otro Seminario, continuando la tradición del Festival, aborda las relaciones entre América Latina y USA y, como ya dicho, lo hace en la doble perspectiva de lo que nos une y lo que no tendría o debiese separarnos (¡ardua tarea!).
La diversidad cultural en el campo cinematográfico ha dado lugar en América Latina y otras regiones y en el interior de diversos países a movimientos relevantes y reveladores inspirados en un lema que es todo un alertar; esos movimientos, que partieron de los cineastas mexicanos y animó la excelsa actriz de esa nacionalidad, María Rojo, Los que no somos Hollywood, proclamaba más que la diferencia, la necesidad de respirar, de existir, de encontrar espacio (y esto supone financiamiento) para la producción; espacio igualmente para la exhibición de esa eventual producción copada masivamente por películas norteamericanas, a veces de excelencia y que habrá que aceptar y reconocer como nuestras (patria es humanidad subrayaba José Martí) y otras, simples bodrios impuestos por contratos leoninos que obligan a las salas cinematográficas a exhibir películas y películas de Hollywood, lo que es un modo de decir, vendidas en paquetes, es decir obligadamente.
Se cede el gran taquillazo con la imposición de dar espacio a una caravana de filmes menores (y no importa si mayores) que dejan fuera de toda posibilidad de exhibición la producción nacional y de otros países y regiones. A la experiencia de No somos Hollywood, siempre presente en la conciencia latinoamericana, preceden y suceden otros movimientos y corrientes empeñadas en lograr leyes de protección a las cinematografías o reguladoras de las relaciones entre el cine y otros medios de exhibición propios de nuevas o no tan nuevas tecnologías, la TV, Internet… etcétera.
La aparición de cada vez más complejos e incontrolados medios de reproducción técnica de alta sofisticación en la era digital ha dado lugar también a reacciones de autodefensa que exigen y han exigido regularmente el respeto a la presencia diversa y auténtica de identidades igualmente diversas y complejas y de sus expresiones no pocas veces marginadas.
Problemas éticos, estéticos, de la práctica artística obligan por otra parte a reflexiones sobre el particular valor de los originales y derechos del creador-autor y los que puedan derivar hacia las entidades que reproducen y comercializan esas obras y ese derecho del autor-creador aquí y allá, en América Latina y otras regiones del mundo. Esa reflexión tendría que culminar seguramente en la defensa de la dignidad de su tratamiento.
Gente de Cine, Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, abierto al Mundo y a todas las expresiones artísticas y en general del intelecto, vemos coincidir el triunfo teórico-jurídico del ideal de la diversidad y al mismo tiempo, desaparecer estrangulada por el poder opresivo de anunciadores y manipulantes, una de las publicaciones de más auténtica significación intelectual del Cono Sur y de nuestra América toda, la revista chilena Rocinante.
De este modo, en otro ámbito, esta vez literario y político-intelectual, de pensamiento, se manifiesta, como advertencia acaso, otra realidad; si por una parte triunfa el principio universal de la diversidad, que está en la vida y es la vida, y que tenía que triunfar un día u otro insertándose en el derecho internacional, la práctica del comercio salvaje y de la indiferencia-cómplice, puede dañar sus expresiones.
Esa ha sido la suerte, en estos años, de no pocas publicaciones cinematográficas y literarias y de proyectos dirigidos a expresar auténticamente nuestras identidades en el esplendor de su diversidad. De eso se trata, de no engañarnos, de reunirnos en Seminario para cantar victoria y avizorar, con lucidez y estrategia adecuada, la defensa y aplicación de este principio universal, país a país, por los protagonistas, situación a situación, por los protagonistas sí, pero y debe ser un pero de proporción mayor, con la solidaridad y la cooperación internacional en marcha, porque si así no fuese todo será vana ilusión. Este Seminario, en el próximo Festival, no puede pretender ser un hito, pero tendrá que intentar, y es nuestro propósito, abrir ya, desde ahora, la reflexión sobre el terreno en el que las ideas, los ideales, los buenos, grandes propósitos cobran forma: la práctica.
Ahora, y en esta comunicación queremos enfatizar cuanto concierne a uno de estos Seminarios, con el propósito y la esperanza de interesar ya, desde este instante, una participación muy activa de los cineastas latinoamericanos que estarán presentes en el 27 Festival, a partir de sus reflexiones, experiencias y preocupaciones inmediatas y en perspectiva. Se trata del Seminario sobre la Diversidad Cultural en el Cine y en el Audiovisual en América Latina (y en sus relaciones con Europa y todo el mundo).
Este Seminario tendrá lugar el 9 y 10 de diciembre a menos de dos meses de la aprobación por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de la Convención sobre la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, que completa y puede hacer factible, con la voluntad de los partícipes, la aplicación de los principios que recoge la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (adoptada desde el 2001); Declaración que ha dado lugar en el curso de estos años a grandes movimientos de opinión, reflexiones fundamentadas con rigor y hondura que parten sin embargo de concepciones y criterios igualmente diversos y de ámbitos, regiones, países y contextos que prueban que hoy, al alcanzar un casi unánime consenso en la Conferencia General, se reconoce e instrumenta en el Derecho Internacional, una aspiración que reafirmando el irrenunciable valor de la diversidad, rechaza, en la práctica la uniformación de pensamiento y de las expresiones culturales.
Es un triunfo de la justicia, de la transparencia y de la inteligencia y por eso hemos propuesto, para la primera reunión del Seminario, que esa primera ocasión del encuentro estudie la importancia histórica de este consensuado Acuerdo para después desencadenar la reflexión necesaria respecto a su aplicación en nuestros países, en nuestros ámbitos culturales particularmente complejos, en el marco de nuestras relaciones inter-culturales y de solidaridad y/o cooperación con otras regiones y, en particular con Europa, algunos de cuyos países dan apoyo en todos los terrenos al Seminario; otro Seminario, continuando la tradición del Festival, aborda las relaciones entre América Latina y USA y, como ya dicho, lo hace en la doble perspectiva de lo que nos une y lo que no tendría o debiese separarnos (¡ardua tarea!).
La diversidad cultural en el campo cinematográfico ha dado lugar en América Latina y otras regiones y en el interior de diversos países a movimientos relevantes y reveladores inspirados en un lema que es todo un alertar; esos movimientos, que partieron de los cineastas mexicanos y animó la excelsa actriz de esa nacionalidad, María Rojo, Los que no somos Hollywood, proclamaba más que la diferencia, la necesidad de respirar, de existir, de encontrar espacio (y esto supone financiamiento) para la producción; espacio igualmente para la exhibición de esa eventual producción copada masivamente por películas norteamericanas, a veces de excelencia y que habrá que aceptar y reconocer como nuestras (patria es humanidad subrayaba José Martí) y otras, simples bodrios impuestos por contratos leoninos que obligan a las salas cinematográficas a exhibir películas y películas de Hollywood, lo que es un modo de decir, vendidas en paquetes, es decir obligadamente.
Se cede el gran taquillazo con la imposición de dar espacio a una caravana de filmes menores (y no importa si mayores) que dejan fuera de toda posibilidad de exhibición la producción nacional y de otros países y regiones. A la experiencia de No somos Hollywood, siempre presente en la conciencia latinoamericana, preceden y suceden otros movimientos y corrientes empeñadas en lograr leyes de protección a las cinematografías o reguladoras de las relaciones entre el cine y otros medios de exhibición propios de nuevas o no tan nuevas tecnologías, la TV, Internet… etcétera.
La aparición de cada vez más complejos e incontrolados medios de reproducción técnica de alta sofisticación en la era digital ha dado lugar también a reacciones de autodefensa que exigen y han exigido regularmente el respeto a la presencia diversa y auténtica de identidades igualmente diversas y complejas y de sus expresiones no pocas veces marginadas.
Problemas éticos, estéticos, de la práctica artística obligan por otra parte a reflexiones sobre el particular valor de los originales y derechos del creador-autor y los que puedan derivar hacia las entidades que reproducen y comercializan esas obras y ese derecho del autor-creador aquí y allá, en América Latina y otras regiones del mundo. Esa reflexión tendría que culminar seguramente en la defensa de la dignidad de su tratamiento.
Gente de Cine, Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, abierto al Mundo y a todas las expresiones artísticas y en general del intelecto, vemos coincidir el triunfo teórico-jurídico del ideal de la diversidad y al mismo tiempo, desaparecer estrangulada por el poder opresivo de anunciadores y manipulantes, una de las publicaciones de más auténtica significación intelectual del Cono Sur y de nuestra América toda, la revista chilena Rocinante.
De este modo, en otro ámbito, esta vez literario y político-intelectual, de pensamiento, se manifiesta, como advertencia acaso, otra realidad; si por una parte triunfa el principio universal de la diversidad, que está en la vida y es la vida, y que tenía que triunfar un día u otro insertándose en el derecho internacional, la práctica del comercio salvaje y de la indiferencia-cómplice, puede dañar sus expresiones.
Esa ha sido la suerte, en estos años, de no pocas publicaciones cinematográficas y literarias y de proyectos dirigidos a expresar auténticamente nuestras identidades en el esplendor de su diversidad. De eso se trata, de no engañarnos, de reunirnos en Seminario para cantar victoria y avizorar, con lucidez y estrategia adecuada, la defensa y aplicación de este principio universal, país a país, por los protagonistas, situación a situación, por los protagonistas sí, pero y debe ser un pero de proporción mayor, con la solidaridad y la cooperación internacional en marcha, porque si así no fuese todo será vana ilusión. Este Seminario, en el próximo Festival, no puede pretender ser un hito, pero tendrá que intentar, y es nuestro propósito, abrir ya, desde ahora, la reflexión sobre el terreno en el que las ideas, los ideales, los buenos, grandes propósitos cobran forma: la práctica.
