Si Almodóvar, que tanto quiere y comprende a las mujeres, las retrató al borde un ataque de nervios en su primer éxito cinematográfico internacional, quienes convivimos con las chilenas en la vida real debemos reconocer que es gracias a dos mil 500 de ellas, instaladas al borde de una definición presidencial, que la campaña tomó por fin el martes último- la energía y el alboroto que le faltaba.
Algunos comentaristas varones han dicho, a raíz del desenfreno en el edificio Diego Portales, que cuando se reúnen mujeres solas se suscita el patrón de conducta que podríamos denominar de despedida de soltera. No fue todo lo que ocurrió en ese acto, televisado en forma muy sesgada por los noticiarios de los canales. Desde luego, en las dos primeras horas del encuentro, que no merecieron la atención de la tevé, las convocadas muchas de ellas ya con pancartas en ristre- siguieron atentamente los testimonios y propuestas para mejorar las condiciones de vida de la mujer.
No fue porque ingresaran vedettos que las pasiones se desataron. Hacia la candidata Michelle Bachelet y su desafiante contradictor Joaquín Lavín se dirigieron los principales epítetos, a favor y en contra. La mayoría ignoró a Sebastián Piñera y reaccionó tibiamente a los halagos de Tomás Hirsch.
Este último, sin embargo, es otro de los factores que están coloreando la campaña presidencial. El episodio del Diego Portales fue una catarsis a nivel colectivo del segmento que más sabe expresar sus emociones sin gran inhibición, en momentos que ciertos hechos están desplazando, más o menos insensiblemente, los ejes de la campaña. El foro presidencial de la CNN y canal 13 puso a todos los candidatos a hablar de discriminación y desigualdad y conectó al menos conocido de ellos con el gran público. Antes del acto televisivo, los dos postulantes de la derecha aparecían estancados en el escenario electoral, mientras que la oficialista optaba por cierto inmovilismo, para no perturbar su ventaja sobre los otros.
Tres encuestas divulgadas después del foro, pero realizadas antes de él, mostraron un declive de Bachelet capitalizado por Hirsch. Todos los análisis, interesados e independientes, coincidieron en que la performance del candidato izquierdista acentuaría esa tendencia. Y es lo que muy probablemente reflejarán las encuestas cara a cara o con voto en urna de después de esta aparición masiva.
Mientras las mujeres gritaban en el edificio Diego Portales, los diversos estamentos de la Concertación también mostraban su nerviosismo, multiplicándose las consultas entre La Moneda, los partidos, el comando presidencial y las candidaturas parlamentarias. Los de la derecha coincidían en alzar a Hirsh como la nueva estrella que llevará a uno de los abanderados de la Alianza a la segunda vuelta con la doctora.
El bacheletismo finalmente optó por abandonar el pregón, el que le sirvió antes de que Hirsh se volviera amenazante, para no desmovilizar a su gente en una carrera que se estimaba corrida. Hoy, la imagen triunfalista es lo que se necesita para bajar el entusiasmo por el candidato de la izquierda soñadora.
Lo que ocurrió, por lo tanto, en el acto de Comunidad Mujer pudo tener el aspecto de una despedida antes de casarse con el poder. Pero sus partidarias presentes sabían que los tres vedettos que estaban junto a ella le harán más largo y difícil el sueño de verla convertida en la primera Presidenta de la República.
