Treinta años atrás, durante el exilio, una fracción del MAPU en Europa, inspirándose en las experiencias de China, Vietnam, Corea y Kampuchea, afirmaba que los escritos de Ho Chi Minh, Le Duan y la Revolución Cultural, llevarían a los chilenos a derrocar la dictadura militar de Pinochet.
El grupo, verdad en mano, trataba de ganarse a la totalidad del MAPU, mientras el MAPU Garretón preparaba su ingreso al Partido Socialista para cooptarlo desde adentro o creaba el MAPU Lautaro, y el MAPU Gazmuri o Mapu Obrero Campesino, evolucionaba al eurocomunismo desde la Radio Moscú empezando a romper la relación que había establecido en 1972 con las Brigadas Ramona Parra, grupo de choque de las Juventudes Comunistas que le había entregado su apoyo material para constituirse en Partido. No recordaré aquí esta historia, pero sólo estas frases nos indican que estos jóvenes, provenientes de la Democracia Cristiana, no siempre fueron como los retrata Tironi: artífices de la nueva democracia, maestros del consenso y prisioneros de sus afectos[1].
Me burlé durante años de la consigna. Me parecía el símbolo del voluntarismo de una época en que considerábamos que mientras más fieles éramos al pensamiento de Marx y al del seguidor tal o cual, mientras mejor copiáramos la experiencia de los pueblos exitosos en sus luchas, más rápido aseguraríamos el triunfo de la Revolución en Chile.
Sin embargo, una noticia leída en estos días, me inclinó a pensar que quizás en eso también estuve equivocada. La noticia informaba que Kim Jong Il, hijo y sucesor de Kim Il Sung desde 1998, podría anunciar este mes de octubre el nombre de su sucesor, que se encontraría entre cualquiera de los tres hijos varones del líder coreano: Kim Yong Nam de 34 años, Kim Yong Chol de 24 y Kim Yong In de 22. Podía ser cualquiera de los tres, informó el representante diplomático de este país, es decir los tres hijos de Líder son intercambiables, lo que me hizo ver la similitud con nuestros nuevos líderes que pueden asumir cualquier responsabilidad..
En Corea ya saben quién los regirá después de Kim Yong Il. En Chile, en período de elecciones, sabemos que los parlamentarios elegidos se repartirán entre los dos bloques políticos. Que ambos, salvo en sus visiones del pasado, no tienen diferencias y que se apoyan mutuamente cuando tienen problemas, especialmente cuando la ciudadanía los pretende fiscalizar, resolviéndolo todo en una conversación a alto nivel.
También nuestra clase política está conformada por dinastías, como la de los Kim. Familias y apellidos que se repiten monótonamente en nuestra historia, como Alessandri, Frei, Aylwin, Chadwick, Piñera, Matthei. Por lo tanto, como la familia de Kim Il Sung en Corea, en Chile regirán nuestros destinos los dos bloques políticos, a través de sus hijos, nietos, esposas, cuñados.
Al igual que en Corea del Norte, no importa la aptitud ni la inteligencia de los líderes, sólo basta con ser del clan, o de la tribu. Así como Corea la dirige un limítrofe, nuestros líderes tampoco requieren mayores conocimientos o neuronas para dirigir distintas áreas. Un día son expertos en Seguridad Social, al otro el mismo lo puede ser en Deportes o en Educación. Lo que importa es su capacidad política y ésta se mide por el apellido y la pertenencia al grupo. También se acepta a los que tienen un buen ver en la TV. Los actores de telenovelas son altamente codiciados para el Parlamento. Los advenedizos, por carecer de parentesco con las dinastías, lo compensan con la obsecuencia y sus artes en la operación y la intriga palaciega.
Pero, en realidad, en ninguno de los dos países importan las capacidades de los miembros de la clase gobernante, porque ello no influye sustancialmente en la toma de decisiones. En Corea todo lo decide el dictador. En Chile, las decisiones las toman los grandes grupos económicos.
Al menos, en Corea, nadie ignora que todo lo decide el gran Líder que ilumina sus corazones. En Chile, en cambio algunos creen que las decisiones económicas las toma el mercado, olvidando que 16 grupos concentran el 80% del PIB, que carecen de total fiscalización y que ni trabajadores, ni pequeños empresarios, ni proveedores, ni los ciudadanos en general pueden defenderse de su avasallamiento aún en sus expresiones más cercanas: los 3 grandes almacenes, las 3 cadenas de farmacias y los 2 holdings de supermercados.
En Nor Corea todos saben que hay una prensa única y controlada por los comisarios de la dictadura. En Chile hay periodismo libre y, por eso, los chilenos comunes tienden a creer en las verdades de los medios de comunicación, pero dos grupos económicos controlan la prensa escrita, Agustín Edwards: El Mercurio, 13 diarios regionales, La Segunda, Las Últimas Noticias y COPESA: La Tercera, La Cuarta, La Hora y el Qué Pasa. El primero concentra el 69,71 de las inversiones en publicidad y el segundo el 16,64. El Gobierno los financia con publicidad estatal. Empresas extranjeras compran los consorcios radiales más importantes. Todos los Canales de TV son idénticos, basando sus noticieros en las pautas de La Segunda y la CNN.
En suma, después de todo, Corea del Norte no estaba tan alejada de la realidad chilena. En ambos países los recambios de políticos y dirigentes nunca traen nadie o nada nuevo y sus elites no necesitaron unirse para vencer.
