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Agosto 19, 2026

La delincuencia, primera en la agenda televisiva y electoral

La constatación de que la delincuencia se ha convertido en un tema estelar de la televisión chilena tiene su correlato en la campaña presidencial: los dos candidatos de la derecha alzaron las preocupaciones por la  seguridad ciudadana como el ítem  número uno de sus discursos en los vecindarios y de los segundos de que disponen ante las cámaras de los telediarios.


 


En estos días los noticiarios centrales de la pantalla no sólo parten todos- con notas policiales, sino que el primer  cuarto de hora lo dedican a noticias emanadas de ese frente y el de los tribunales. Y cuando se pasa, por ejemplo, a un reportaje sobre las ventas inmobiliarias, el gancho utilizado es que los compradores prefieren departamentos a casas, por razones de seguridad.



Siempre a tono con el rating, el candidato Lavín ha enfatizado sus proyectos sobre la materia. Pero le salió Piñera al camino, al objetarle que la tercera fuese la vencida para los delincuentes, como postula el ex alcalde. Que a la primera, contrapropuso, se conviertan en inexcarcelables los que se burlan de la ley.



Y yendo más allá de esta objeción. que en realidad había expresado meses atrás, Piñera se trenzó en una vistosa polémica con el Poder Judicial, enrostrándole a los jueces de garantía demasiada manga ancha al otorgar la libertad provisional a quienes son un peligro para la sociedad.



Incluso los presidentes de la Suprema y de la asociación de magistrados salieron a retrucar que la culpa es de los legisladores que hacen las leyes y no de los jueces que las aplican. Hasta ahí Lavín seguía obsesivamente  con sus llamados a  que no nos quitemos votos entre nosotros, Sebastián, y ataquemos a nuestro enemigo común que es Michelle. Pero ésta, sorpresivamente, avaló la postura de Piñera  sobre la vencida a la primera, confabulándose así en contra de quien ha hecho de la batalla contra la delincuencia su emblema y fortaleza ante los ciudadanos electores.



A la puerilidad de los llamados al socio que no quiere escucharlo se sumó, entonces, la agresividad escondida de Lavín, ésa de su fallida postulación a diputado por Las Condes en 1989. El gallito de pelea se olvidó no sólo de que la gente no quiere guerra sucia en la campaña, sino que obvió su propia promesa de tratar con guante blanco a la señora Bachelet, por último porque es mujer, como él mismo dijera alguna vez.



Lo que oculta toda esta faramalla es que la delincuencia es un tema demasiado serio para convertirse en tópico electoral, y en anzuelo televisivo de buen rating, mediante la distorsión por los canales de la pauta informativa y el sensacionalismo de programas de  investigación y denuncia.



Hasta el Presidente Lagos desconcertó hace algunas semanas al pedir que se termine con la puerta giratoria para los delincuentes, usando un tono y un término patentados por Lavín. No escapa a éste que los gobiernos y candidatos de la centroizquierda son percibidos, en todo el mundo occidental, como menos duros con la delincuencia. Esto se debería, en parte, al enfoque sociológico que el progresismo, tanto laico como cristiano, hace de un fenómeno con tantas imbricaciones.



En el caso chileno, los gobiernos de la Concertación lograron una reforma procesal penal garantista, con el apoyo de los parlamentarios que siguen a Piñera y Lavín.  Hay acuerdo en que deben introducirse algunas reformas a la reforma y en eso está el Congreso, con cimarra y todo de muchos de sus miembros: acotar las atribuciones de los jueces para aplicar multa en vez de cárcel en delitos menores, entre otros ajustes. 



No se trata de llenar las cárceles con todos los que faltan a la sociedad, sino de que los jueces manejen con criterio las medidas cautelares que tienen a su disposición. Eso es parte de un debate que no se resuelve con frases ligeras del tipo los delincuentes prefieren votar por Bachelet ni con la irónica respuesta del Presidente acusado de mano blanda: ¡a estas alturas quién no vota Concertación!. Los delincuentes habituales y profesionales, de todas las layas y condiciones, y no sólo los condenados a pena aflictiva simplemente no debieran tener derecho a voto.