Estos autores han denunciado a Gobiernos, especialmente al norteamericano y a grandes corporaciones trasnacionales por contratar empresas de publicidad que ocultan o inventan información. Información que, posteriormente, es difundida y reproducida por medios y periodistas sin verificación, convirtiendo una publicidad engañosa en una verdad. Su ultimo y exitoso libro “Banana Republicans: How the Right Wing Is Turning America into a One-Party State” denuncia al actual gobierno de los EEUU por la práctica permanente de manipulación de la información.
Otro medio digital importante, en este tipo de denuncia, es el periódico francés Voltaire, donde diversos analistas denuncian falsificaciones que últimamente han ocupado un lugar destacado en los medios de comunicación.
Por ejemplo, denuncia Voltaire, “la terrible historia de la soldado Jessica Lynch ha trastornado a los americanos”: caída en una emboscada, combatió como una leona. Herida fue capturada por los irakíes quienes la torturaron y la violentaron. Ahí las Fuerzas Especiales Norteamericanas la rescataron y llevaron de regreso a los EEUU donde fue aclamada como una heroína. La noticia se muestra en conferencia de prensa, ofrecida por el Comando Central del Ejército, con un video falso enteramente inventado por la Consultora de Comunicaciones, The Rendon Group. El público lo creyó, porque quería creer en una hazaña de ese tipo que adornara de romanticismo la invasión.
El talentoso periodista Thierry Meysson, Director de Voltaire, también analiza minuciosamente el papel fundamental que juega la CNN en la aplicación de las políticas del gobierno norteamericano, y la desinformación mundial, a través del nuevo concepto de información continua, es decir de la trasmisión directa a los telespectadores desde el lugar de los hechos, sin que ahora tenga agencias que contrarresten su información como ocurrió durante la Guerra Fría: “una consecuencia no considerada del fin del imperio soviético ha sido el desarrollo descontrolado de la propaganda norteamericana, a través de su nuevo instrumento: la CNN. Su fuerza reside en el concepto de información continua que transforma la realidad en un espectáculo que no acepta análisis: las múltiples cadenas nacionales de información continua se basan en sus imágenes multiplicando el efecto CNN y la vulnerabilidad de los telespectadores. Nadie confía en la CNN, pero no podemos dejar de mirar sus noticias y las de sus cadenas hermanas. Su espectáculo nos fascina, porque nos permite compartir con la comunidad planetaria una misma tragedia y nos emborrachamos con el goce de la catarsis para olvidar que no podemos escapar del imperio global y que la libertad ya no es más que un recuerdo.” Así expone una serie de ejemplos de noticias falsas cuya falsedad comprobada posteriormente pasó desapercibida.
En este contexto, nadie ha demostrado la veracidad del video que mostró a Bin Laden amenazando a los EEUU justo días antes de la última elección de Bush.
En Chile, no sólo somos víctimas de la CNN, sino de la propaganda o información de los grandes medios de prensa que pertenecen a dos de los grupos económicos más poderosos que hay en el país. Estamos bombardeados, a través de éstos y sus grandes titulares, de la televisión y de la radio, de la información que quieren darnos y tanto los medios alternativos como los desmentidos coyunturales, pese al inmenso sacrificio de los involucrados, nunca pueden alcanzar la cobertura de los medios poderosos. No por nada un hombre conservador, pero decente como el Juez Guzmán ha llamado a no comprar El Mercurio afirmando “Me da pena que una prensa que fue tan importante en los años 40, 50 y quizás un poco después haya caído tan bajo. Que se trate de una prensa de desinformación”…..en un país que fue de gente intelectualmente superior y que ahora se ha convertido en un país de liliputienses.
En estos días hemos podido observar vívidamente cómo los canales de TV chilenos se concentran en programas que acaparan a las grandes audiencias para recibir publicidad. Hay gran cobertura a “los dichos” de las vedettes de la farándula y sus novios y se crean ridículos altercados entre gente limítrofe que a nadie le interesa realmente. Tenemos enormes medios técnicos e intelectuales dedicados a los mohines de tal o cual niña repleta de silicona y a grandes periodistas erigiendo diariamente monumentos a la estupidez.
Este despilfarro inútil es incoherente con la necesidad de creación e innovación que tiene nuestro país y con las pretensiones de la propia clase dirigente de convertirnos en 20 años en un país desarrollado.
Ante eso, sólo nos queda, multiplicar nuestros esfuerzos en aprovechar las virtudes de la comunicación global y las posibilidades que nos entrega la era digital.
Por lo pronto, no debemos jamás creer todo lo que se publica antes de verificar los orígenes de la información y debemos dudar siempre de lo que nos dice la clase dirigente.