El próximo 16 de abril, se conmemora en mi ciudad, Lota, DIEZ AÑOS desde que las Autoridades de la época, determinaron poner fin a las labores de extracción del carbón, dejando a la ciudad en la más completa incertidumbre. Esta medida fue adoptada por considerarse que los enormes gastos operacionales de ENACAR hacía insostenible continuar manteniendo las faenas, y el bajo valor del carbón extranjero, no justificaban de ninguna forma su continuidad. Se informó entonces al país y al mundo que el Gobierno llevaría a cabo un Plan de Reconversión industrial, que tendría que absorber la mano de obra desocupada que quedaría tras el cierre; además de otra serie de medidas de desarrollo que quedarían establecidas como un compromiso de las Autoridades con la comunidad lotina, en los famosos Protocolos de Acuerdo, mudos testigos hoy día de lo que realmente ha ocurrido.
Nadie podrá negar con argumentos serios y responsables que efectivamente los gastos operacionales de Enacar eran desorbitantes, en desmedro de otros sectores de la economía, y que posiblemente no quedaban más caminos que cerrar los yacimientos, pero la pregunta es, a diez años de aquello, ¿Cuánto gasta hoy el Estado chileno en mantener programas de emergencia de más de 4.000 personas? ¿ Qué pasa con la juventud lotina que no tiene futuro ni esperanza? ¿ Qué pasó con los Protocolos de Acuerdo y con la “Reconversión Industrial” de la que tanto se habló?
Me pregunto como cualquier chileno: ¿Será este fracaso más importante y desastroso que el Transantiago? No cabe dudas que SI, por lo que ha llegado la hora, en que seriamente se adopten medidas que permitan que estas generaciones de las que yo formo parte nos resignemos definitivamente, pero que no se continúe hipotecando el futuro de nuestra juventud. Ellos no son responsables de nada y tienen el legítimo derecho a vivir en su ciudad, a trabajar lo más cerca del hogar y a formar una familia con las mismas oportunidades que otros tienen. En una fecha tan significativa, espero que este mensaje llegue lo más lejano posible y que aquellos que tienen la obligación Constitucional de garantizar una vida normal a los habitantes del país, reaccionen de verdad y busquemos juntos las alternativas concretas de solución, para terminar de una vez por todas, con las angustias y el dolor de tantas familias.
Me pregunto como cualquier chileno: ¿Será este fracaso más importante y desastroso que el Transantiago? No cabe dudas que SI, por lo que ha llegado la hora, en que seriamente se adopten medidas que permitan que estas generaciones de las que yo formo parte nos resignemos definitivamente, pero que no se continúe hipotecando el futuro de nuestra juventud. Ellos no son responsables de nada y tienen el legítimo derecho a vivir en su ciudad, a trabajar lo más cerca del hogar y a formar una familia con las mismas oportunidades que otros tienen. En una fecha tan significativa, espero que este mensaje llegue lo más lejano posible y que aquellos que tienen la obligación Constitucional de garantizar una vida normal a los habitantes del país, reaccionen de verdad y busquemos juntos las alternativas concretas de solución, para terminar de una vez por todas, con las angustias y el dolor de tantas familias.
