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Agosto 18, 2026

Paridad, también en la jubilación

Cuando en el pasado reciente, el multimillonario ex-dictador, don Augusto, puso su firma para pagar la también multimillonaria deuda externa que había contraído la banca privada en el extranjero, el país pudo respirar tranquilo. De no haber sido así, se habría producido la debacle. De manera que los bancos privados tuvieron la oportuna asistencia del Estado de Chile; les pagaron su deuda y ellos quedaron obligados a devolver ese dinero en cómodas cuotas mensuales, sin intereses y sin plazo fijo. Un ofertón inédito en toda la historia de Chile.

Hoy x hoy, similares razones de estado, hacen pensar en lo oportuno que sería que el estado reeditara su acción benefactora en ayuda de las sociedades anónimas que manejan la previsión de los chilenos.

 
 Resulta que ayer, un error de apreciación respecto a las expectativas de vida que tenían las mujeres que se jubilarían, está hoy haciendo peligrar los resultados de la gestión del negocio: las mujeres no se mueren en el tiempo que se había previsto. La asistencia médica más eficiente, y los avances de la medicina actual, han hecho paradójicamente, una mala jugada a las administradoras de fondos de pensiones.

Sabemos que los inventores de este negocio, se han paseado por el mundo dando charlas y asesorías a gobiernos de países que no salen de su asombro con los resultados obtenidos aquí en Chile. No podemos abandonar a estos pro-hombres que han llenado de prestigio a nuestro país.

 Veo con claridad que el estado está frente a un nuevo dilema histórico: o suspende la atención médica a las mujeres jubiladas y cancela la internación de remedios de última generación, o simplemente modifica la edad de jubilación de las chilenas, haciéndolas trabajar 5 años más y aquí no ha pasado nada.

Sin embargo, existe una objeción: que las mujeres sean jubiladas 5 años antes que los hombres, es un derecho adquirido que tiene su fundamento, en que la mujer trabajadora, además ha tenido que trabajar en su casa, atendiendo a sus hijos y su marido, de manera que su desgaste ha sido mayor que el de los hombres. Ese fue el detalle que los empresarios de las jubilaciones no ponderaron debidamente cuando se plantearon el negocio, aceptaron alegremente esas condiciones, que eran casi un detalle frente las jugosas expectativas que tenían al hacerse cargo de la plata que cotizaban casi todos los chilenos y chilenas. Por lo demás las estadísticas confirmaban que las jubiladas se morirían en un tiempo prudente.

Hace unas semanas atrás, un empresario de los fondos de pensiones, argumentaba con desesperación -apelando a los nuevos tiempos- diciendo, que si las mujeres querían paridad, entonces que de una vez, se igualaran en las condiciones con los hombres y que empezáramos con la edad para jubilar. Tenía cierta lógica este señor, sentí cierta compasión hacia él y pensando en el tema, me di cuenta que su argumento, aunque certero, admitía una perfección: veamos, al irrumpir las mujeres ocupando los puestos de trabajo, han desplazado a muchos hombres, produciéndose una virtual paridad, de manera que este hecho ha repercutido en las relaciones familiares, cambiando necesariamente las obligaciones en el hogar, que ha significado que los hombres tienen ahora, un mayor desgaste que antaño. Justo sería entonces, que a las mujeres se les obligara a trabajar más años en la misma proporción que a los hombres se les disminuyera. Por ejemplo, se aumenta a 62.5 años a las mujeres y se le disminuye a los 62.5 años a los hombres, una solución salomónica y paritaria, que bien nosotros, podríamos conversarlo con ellas. No veo porqué se podrían oponer.
 
 

                                René Dintrans Alarcón