Lamentablemente el gobierno compra un problema pequeño y sectorial con las dimensiones de una crisis nacional. Queda claro quien es el dueño del fundo. Administrar es una cosa y la propiedad es otra lo aprendí desde mi primera lección en la escuela de derecho.
No hay tal delincuencia desbordada. Las frías estadísticas nos muestran que no hay en Chile un aumento significativo en la comisión de delitos, es más la mayoría de estos se cometen dentro de las casas y tiene por autores y víctimas a personas que se conocían previamente, muchas veces familiares. Comparativamente hablando Santiago es de las ciudades más seguras de América Latina.
De fenómeno tampoco hay nada, todas las sociedades han convivido con la delincuencia. Y cada sociedad, atención, ha tenido una delincuencia que se condice con su propia performatividad. Dicho de otra manera, cada sociedad tiene la delincuencia que se merece.
La delincuencia en Chile hoy expresa de manera concentrada los rasgos neoliberales más sobresalientes de nuestra sociedad; afán de lucro insaciable, brutalidad, desprecio por el otro sin ninguna regla inhibitoria.
