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Agosto 20, 2026

Parece ser que los “actores secundarios” exigen un papel protagónico

Quizás el 26 de Abril pasado, sea el punto de partida, al menos para el grueso de la opinión pública, del ingreso a escena de los “actores secundarios”.  Aquella mañana convocados por sus dirigentes, se reunieron alrededor de cinco mil estudiantes de colegios municipales, subvencionados y particulares en dos puntos: Plaza Italia y Plaza Santa Ana. El objetivo marchar hasta el Ministerio de Educación, donde sus representantes entregarían un petitorio a las autoridades.

Aquella jornada concluyó con incidentes entre los estudiantes congregados en el bandejón central de la Alameda, frente al Ministerio y la fuerza pública, que de acuerdo a sus informes, debió intervenir porque algunos de los manifestantes comenzaron a arrojar piedras a los vehículos que a esa hora circulaban por esa arteria. El balance 47 escolares detenidos por provocar desórdenes. Desde aquel día, los “actores secundarios”, parece que desean mayor protagonismo en la escena nacional.

De acuerdo con declaraciones a medios de prensa, realizadas por algunos dirigentes estudiantiles, las “exigencias” hechas a las autoridades educacionales: gratuidad de la PSU y derogación de la Jornada Escolar Completa, porque al decir de un alumno que participó en esta reunión: “hay una sobrecarga horaria sobre los estudiantes ya que el sistema nuevo no da resultados”.

Reacciones honorables

La primera reacción que provocó la masiva protesta de los “actores secundarios”, se concentró en los honorables de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, que ni cortos ni perezosos, exigieron a la Universidad de Chile –entidad encargada de administrar la PSU- que “transparentara” – vocablo muy en boga entre nuestros servidores públicos – los costos que ésta tiene y, a renglón seguido, uno de sus honorables integrantes, manifestó la brillante idea de “licitarla”. Para concluir que “este es un tema que amerita un debate”. Mientras otro parlamentario aprovechaba la oportunidad de solicitar cambios en este instrumento de medición. Declaraciones más o menos “iluminadas”, pero nada respecto de lo que “exigen” los “actores secundarios”, que están planteando, lisa y llanamente, gratuidad para la PSU. Recordemos, además, que otra “exigencia” de los secundarios es la gratuidad en el transporte público. En tanto que las empresas operadoras del “postergado” Transantiago, pretenden limitar los desplazamientos de los escolares a dos viajes diarios. No sabemos que “genio” experto en gestión, eficiencia y “otras artes ocultas”, pudo haber fraguado tan descabellada ocurrencia. O quizás pudo haber sido un “comité”. Por supuesto, los honorables de la Comisión de Educación de la Cámara, están dispuestos a “defender la petición de los estudiantes de poder realizar más de dos viajes en Transantiago y que el pasaje sea gratis para los alumnos más pobres”.

La fuerza del “actor secundario”

Según la prensa capitalina, el Jueves 25 de Mayo, es decir, casi un mes después que alrededor de cinco mil estudiantes secundarios, se manifestaran entregando su petitorio ante las autoridades educativas; los establecimientos educacionales “tomados” totalizan la veintena, mezclándose aquello con tradición como el Manuel de Salas o el Liceo de Aplicación, con otros “menos conocidos” como el Liceo Chilean English College o el Liceo San Francisco. Mientras otros 11 establecimientos permanecían con sus jornadas paralizadas, entre los que destacan el Instituto Nacional, Lastarria, Javiera Carrera, Carmela Carvajal, Victorino Lastarria, etc. Asimismo, el movimiento se ha extendido a regiones: en Valparaíso, el emblemático Liceo Eduardo de la Barra, permanecía ocupado por alrededor de 150 estudiantes. Idéntica acción, desarrollaron los alumnos del Liceo Técnico Femenino y el Liceo Politécnico, ambos en las localidades de Villa Alemana. En tanto adhirieron al movimiento establecimientos de Iquique, Rancagua y Concepción. 

A prestarles atención 

Hace más o menos un mes que irrumpió en escena el “actor secundario”, y su protagonismo, lejos de agotarse, adquiere mayor fortaleza cada día, a juzgar por el aumento creciente de “tomas” y “paros” en establecimientos de la Región Metropolitana y en Regiones.

No recuerdo con certeza. Pero, debe haber sido unos días atrás, que leía las declaraciones de una dirigente estudiantil secundaria, cuyo tenor era más o menos el siguiente: “Si fuera Ministra de Educación, lloraría de alegría, cada vez que cinco mil estudiantes se movilizarán pidiendo una mejor educación”. Esta declaración leída al pasar, provocó en este profesor de Historia y Geografía – que por opción ha decidido tener escasa carga horaria y dedicación preferente por la educación de Adultos-, una positiva y fuerte impresión. Por cuanto, declaro ser un decidido partidario del “revisionismo”. Si, tal como suena, pues se torna impostergable que como sociedad, participemos en un amplio debate que apunte a “revisar” el modelo de educación vigente, que hemos avalado. Especial responsabilidad tienen aquellos que como estudiantes de pedagogía, en tiempo de dictadura-, nos planteábamos “reformar” la educación y, que posteriormente, poco y nada hemos hecho para “desbaratar” el entramado ideado por ideólogos del pinochetismo.

Los docentes y los nuevos desafíos que implica la formación de “actores secundarios”

Quizás, la movilización de los “actores secundarios”, permita a la sociedad en su conjunto, realizar una descarnada “autocrítica” acerca de la calidad de la educación que están recibiendo las nuevas generaciones. Quizás, los educadores tengamos una primerísima responsabilidad que no podemos eludir. Por ello, se hace necesario una “autocrítica” responsable de quienes participamos en el proceso educativo, puesto que sin ella, no será posible conseguir un mejoramiento cabal de la calidad de la enseñanza. Debemos dejar de lado los cuestionamientos que nos merece el proceso de “evaluación” docente. Tenemos que aceptarlo, porque sólo de este modo, “reconquistaremos” el prestigio y respeto que nos merecemos como formadores de las futuras generaciones. Expulsión de la profesión docente de quienes no poseen la vocación, capacidad y entrega que requiere el ser profesor. Este es el camino para recobrar nuestro prestigio y hacernos valer.  Sólo contando con quienes sienten nuestra “profesión”, será posible realizar una  verdadera reforma educacional. Por tanto, mejorar calidad de la enseñanza y el conseguir “aprendizajes significativos”, imprescindibles, para enfrentar los desafíos del mundo global, es posible sólo con genuinos “educadores”. Especialmente, cuando la mayoría de  nuestros estudiantes de enseñanza media, muestran evidentes deficiencias en las áreas de lenguaje y matemáticas. Por lo tanto, debemos dejar de lado las pequeñeces, permitiendo que se nos evalué y que se nos apoye cuando presentemos deficiencias.

Y la Jornada Escolar Completa

Cuando miles de estudiantes de enseñanza media, cuestionan la Jornada Escolar Completa, se hace necesario que nos preguntemos que grado de razón tiene su demanda. Vale decir, estamos alargando la jornada y no conseguimos el objetivo de “mejorar los aprendizajes”, especialmente, cuando algunos docentes cometen el desatino de enviar a los estudiantes con “tareas para la casa”, no obstante, que tenemos los alumnos en el aula para guiarlos en todo el proceso educativo y, de este modo, lograr los aprendizajes relevantes que exigimos.

Y la Municipalización y otras hierbas qué

Obviamente que el movimiento estudiantil secundario al cuestionar el proceso de municipalización, ha causado escozor en algunas entidades que consideran este proceso como inamovible y sacrosanto. Nosotros estimamos que este es uno de los mayores errores que han cometido los gobiernos democráticos al no revisarlos. La municipalización es una nefasta herencia de la dictadura. Los Municipios, especialmente, aquellos con menos recursos, portan sobre sus hombros una pesada carga que de buena gana desearían desprenderse, porque los recursos son escasos y la educación sólo les ha acarreado grandes deudas provisionales con sus docentes, sus corporaciones educacionales son ineficientes, los recursos aportados por el Estado son insuficientes, en suma mantener establecimientos educaciones es un “cacho”, de buen modo desearían desprenderse de tal responsabilidad.

Dejaré para un próximo artículo un análisis descarnado de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), pues esta normativa parece ser la panacea, respecto de lo que pretendemos como sociedad, en cuanto a lo educacional. Obviamente, esta siendo gravemente cuestionada por el movimiento de estudiantes secundarios que amenaza convertirse en un grave desafío para las ya ineficientes autoridades educacionales del Gobierno de Michelle Bachelet.