google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Pasando & pasando

No me parece del todo descabellado darle la chance al presidente Piñera de someterse al veredicto popular que lo ratifique por 4 años más, siempre y cuando, se haga una reforma a la Constitución algo más profunda. Bastaría con la modificación del sistema electoral binominal por uno proporcionalmente representativo.

Consensuar una reforma de esa índole ha sido calificada de antiética puesto que “sería un traje a la medida” para Piñera, dando por sentado que el clamor popular está por la reelección del multifacético presidente, hombre de negocios, y por estos días co-animador de la Teletón.
 
Es decir, todo el mundo considera que 4 años es poco, que hay que necesariamente prolongar el período del ejercicio del cargo, pero se mezquina la posibilidad para el presidente que está de turno, dado que el procedimiento para llevar ese proyecto a ley implica de la iniciativa presidencial, es decir, como es así, entonces hay que dejar afuera al que se le ocurrió la idea.
 
¿Me pregunto, si hay consenso, dónde está la falta a la ética?
 
La codicia de los actores no está contra la ética, más bien es parte de ella, de la ética dominante. La sociedad actual considera ese otrora vicio, en una potente virtud, la economía capitalista tiene al lucro como su motor, su esencia; y el lucro no es más que una aplicación de la codicia.
 
Sabemos bien que Pinochet consensuó con la cúpula concertacionista triunfante la única reforma plebiscitada de su propia Constitución, concretamente la reforma nº 49 del art. 116 que aumentó el quórum para modificarla ( de 3/5 a 2/3 )
 
¿Se podría decir que fue antiético ese relevante arreglín? Más bien, el paso del tiempo se ha encargado de mostrarlo como antiestético, jamás antiético. Se ha dicho mucho que esa decisión fue virtuosa, que le dio estabilidad al país, dejando a las minorías revoltosas al margen del juego político.
 
Pinochet jugó con la codicia de la clase política, les puso el hueso en el  plato, les hizo sentir en sus narices el adorado aroma del poder, pero los condicionó a arreglar ese detallito que se le había pasado.
 
Nada de malo tiene entonces rectificar  la Constitución que controla las elecciones de diputados y senadores adulterando la representatividad que obtuvieron en las urnas, que no es el reflejo proporcional de la voluntad de los electores.
 
Nada de malo tiene modificar para bien el mecanismo electoral, en que hay consenso que es anormal. Anormal a la democracia se entiende.
 
Nada de malo en restarnos de esa práctica caníbal de la nominación “a dedo” de los diputados y senadores producto de una “negociación” de las cúpulas partidistas, me refiero a la “anormal” confección de plantillas electorales, transformando el acto electoral, en un mero trámite.
 
Y nada de malo tiene el librarnos de una vez del sistema electoral que no sólo adultera los resultados, si no que reproduce algo más grave, adultera la elección misma, adultera el acto de preferir, puesto que a los electores se los encajona entre 2 opciones por lista, lo que se traduce en una humillación. El acto electoral es humillante, ya que es obligatorio concurrir a votar sabiendo que su preferencia ya fue “preferida” por las cúpulas de los partidos.
 
Pocas veces se nos presenta la chance cambiar las cosas, no volvamos a desperdiciarla.
 
erredintrans@yahoo.es
http://blogdintrans.blogspot.com/