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Agosto 18, 2026

SEGUNDA CARTA ABIERTA A MARCELO BIELSA. Las despedidas no siempre fueron grises…

Sí, ahora ya lo trato con más cercanía. Probablemente no sepa pero fue exactamente en esta misma tribuna y en una fecha calcada del calendario cuando me di el lujo de testimoniar a nombre de unos pocos –o quizás muchos- mi respeto y agradecimiento sincero por su trabajo. Por su manera de asimilar un país de ideas bananeras. Hasta agregué un humilde pliego de peticiones a meses del mundial. ¿Se acuerda? Las cumplió a medias y pasó lo que le advertí.

Le pedí además que independiente de cómo nos fuera, usted se quedara en Chile. E incluso me di el tiempo de advertir las desavenencias, aprovechamientos políticos, comunicacionales y personales que su labor tendría al regreso de Sudáfrica. Algunos conocemos el país donde vivimos, estimado Marcelo. Manejamos al dedillo los discursos radicalizados y oportunistas al que van a acudir los zánganos de la contingencia. No nos asustan ni nos sorprenden. Usted mejor que nadie sabe de qué le hablo. Y de cómo fue advertido acá y en otros espacios que se plegaron a copiar la intención cuando ya era obvio.

Como hace un año, hoy sólo me queda asociarme al sentido común. Hay dolor por su partida. Exagerada, burda, patética acaso e interesada la mayoría de las veces. Pero habemos otros que no vamos a perder el tiempo en revolver con ahínco sus fallas técnicas o de planteamiento profesional. Ni analizar sus aciertos o indagar en sus actos como si fueran de veredicto público. Yo, como periodista de fútbol –y “del fútbol”- le quiero dar las gracias de nuevo. Porque probablemente usted no es el mejor entrenador que nos dirigió en la historia. Aunque sólo su pasada por acá hizo del tema un buen debate que jamás tuvimos. Tampoco marca  para este redactor una evolución de nada, como osaban decir algunos. Pero su trabajo dejó una huella. Que de seguro ni se ignore ni tampoco se siga calcadamente a corto plazo. Sólo quedará allí. Indeleble. Para contarla y apreciarla.

Reitero que la historia de este país es bipolarmente impredecible. Un día le ganamos a Brasil en una Copa América, nos creímos el cuento de eliminarlos dos años después y terminamos con un arquero cortándose la ceja. Suspendidos. Avergonzados por nuestra propio fanfarroneo alimentado de triunfalismo. Eso somos. Probablemente usted, inteligente hasta la médula, sabía perfectamente que el peak de rendimiento de su notable generación mundialista estaba casi alcanzado. Que la gente ilusa es la que piensa que botaríamos molinos de viento y levantaríamos una copa de la nada misma. Con dirigentes ambiciosos, clubes de realidad amateur y 200 personas en las gradas. El templado Marcelo Bielsa siempre entendió que no.

Hoy le agradezco en nombre de los que vamos al estadio aunque la selección esté última en las clasificatorias. Los demás no importan. Si su sucesor gana algo, esos mismos mañana se subirán al carro de la victoria sin complejos. Le hablo por los que vimos en su trabajo a talentos explotando cerca de los 20 años. Aplaudo su triunfo sobre Argentina porque desmoronó una barrera psicológica imposible de obviar. Felicito su discurso porque mandó de vacaciones por una vez al mes a los clichés de siempre regalándonos filosofía futbolera. No sabe, Don Marcelo, cómo hace falta leer y querer más este deporte desde la vereda de la analítica.

Mi despedida no hace más que testimoniar lo que de seguro recordaremos como su real contribución. A mi me da lo mismo los tres en ofensiva o la línea de cuatro en el fondo. Eso es arte de los limitados. Usted puso a la gente de este país a hablar de fútbol, a manifestarse y a disfrutar cuando rodaba una pelota. Y puede que nos sirva para crecer. No fue su cosecha estadística. Su éxito lo explica la manera de trabajar. Con defectos y virtudes en concordancia con una forma. Cómo nos hace falta ser consecuentes en este lado del mundo, señor Bielsa. Aplicada y estudiadamente sobretodo. Fue una lección para los cómodos mediocres que siguen sacando réditos de la actividad con su vieja escuela del acomodo, el plagio y el verso fácil.

Sin Bielsa no se cae en el barranco ni se pierde el rumbo. Sólo se altera un proceso porque es lo normal en países donde el éxito no es recurrente. Los intereses sobran y los que pueden optar a él sólo son los poderosos. Sepa usted, Don Marcelo, que Chile siempre le perteneció a unos pocos. La única vez que las decisiones se concentraron en el pueblo se las quitarían finalmente a balazos. Esta es una tierra de opulentos y farsantes. Pero también de gente agradecida.
Le escribo en nombre de ellos. Le doy las gracias en concordancia con ellos. Por venir, por entender, por aportar. Por quedarse en la memoria de todos más allá del marcador final en una cancha de pasto verde…