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Agosto 18, 2026

Sebastián Piñera y Nicolás Sarkozy: populismo derechista mediático

Hoy, 19 de octubre, Sebastián Piñera le regalará una de las  tantas piedras que anda repartiendo por toda Europa a su antiguo ídolo Nicolás Sarkozy. No es un regalo muy atinado, pues al presidente francés le están “sacando la piedra” los sindicatos y los estudiantes en una huelga que tiene paralizada a Francia desde hace más de dos semanas.

Si se quieren establecer algunos paralelismos entre ambos mandatarios derechistas, tanto Sarkozy como Piñera lograron derrotar a combinaciones socialdemócratas que, hace tiempo, mostraban signos de agotamiento; además, intentaron atraer figuras importantes de sus antiguos rivales so pretexto de hacer un gobierno de “unidad nacional”, lo cual constituye una pomposa tontería. Al menos, Sarkozy logró atraer a algunos socialistas, cuya figura principal, Bernard  Kouchner, actual ministro de Relaciones Exteriores, mientras que Piñera tuvo que conformarse con el  “colorín” Adolfo Zaldívar  junto a dos patéticos personajes de Chile Primero.

La gente olvida fácilmente que los primeros meses del presidente galo fueron tan apoteósicos como los de Sebastián Piñera, cuyo ego ha llegado a tal grado, después de haber sacado a los mineros del infierno del socavón, que muchos chilenos pensamos que debería dar un paso más de monarca absoluto del país, a santo y por qué no, a divinidad, como los emperadores romanos. En Francia, a diferencia de Chile -donde existe un sistema monárquico presidencial – predomina el semiparlamentarismo, que exige al presidente de la república gobernar con un Primer Ministro quien, a su vez, debe tener el acuerdo de la Asamblea nacional. El partido derechista Unión por el Movimiento Popular (UMP), tiene 331 diputados sobre un total de 577 sillones, lo cual le permite al Primer Ministro, François Fillon imponer, fácilmente, cuanto proyecto de ley se le ocurre; en la “monarquía” chilena el presidente Piñera tiene tal poder que utilizar, fácilmente, a los partidos que lo respaldan -RN Y UDI- y a los “duques y marqueses” Allamand, Carlos Larraín y Pablo Longueira.

A poco andar, el narcisista y mediático Sarkozy comenzó a hacer tal cantidad de tonterías ultrareaccionarias que terminó por perder el apoyo popular, otrora conquistado en base a fuegos de artificio y promesas engañosas: no se le ocurrió nada mejor que expulsar a los gitanos, estupidez que recuerda a las persecuciones de A. Hitler y la  odiada República de Vichy – por favor, no olvidar que la mayoría de la derecha francesa apoyó al ocupante nazi -; ahora quiere imponer una ley que aumente la edad de jubilación, de sesenta a sesenta y dos años, y de sesenta y cinco a sesenta y siete para pensión completa, medida que despertó la indignación de casi la totalidad de la sociedad civil.

La actual huelga general cuenta con el apoyo del 71% de los franceses: las principales ciudades – París, Lyon, Marsella- están paralizadas por la carencia de bencina y las manifestaciones populares, en especial las estudiantiles, en especial en Nanterre. Semejante descalabro y caos nos recuerda el Mayo de 1968, con la fundamental diferencia de que en 2010 el movimiento de protesta ha logrado penetrar en todos los sectores sociales que ven, con pavor, cómo la política neoliberal del gobierno francés pretende destruir conquistas tan importantes como la jubilación a los sesenta años y, en el tema previsional, imitar el modelo de las AFP chilenas.

            Sebastián Piñera, a diferencia de Nicolás Sarkozy, visita Francia en mejor momento de su gobierno bonapartista, personalista y mediático; seguramente repetirá una de las tantas frases hechas, llenas de adjetivos calificativos, que bien merecen adornar el diccionario de lugares comunes  del escritor francés Flaubert – esperemos que no meta la pata repitiendo la tontería de aquello que Sarkozy  tendría que seguir “el camino chileno”, pues sería terriblemente ofensivo para un mandatario, que no ha hecho más que provocar el caos en su país y, muy posiblemente, la indignación de la sociedad francesa, que va en aumento a medida que pasan los días, lo envíe al infierno de la más completa impopularidad.

            El jueves – o no sabemos cuándo por la magnitud de los acontecimientos – el senado francés deberá votar la impopular ley que aumenta la edad de jubilar para los franceses. Los partidos de izquierda han logrado, hasta ahora, por medio de las enmiendas, retardar la decisión senatorial, pero considerando que la UMP partido de gobierno cuenta con el 47% de los padres conscriptos, junto con la tozudez del presidente y el primer ministro logren aprobar la ley, a pesar del rechazo popular.

            Es difícil prever cuál será el camino a adoptar por parte del movimiento estudiantil y las poderosas centrales sindicales – CGT y CFDT-, sin embargo, en estos 15 días, la sociedad civil francesa ha demostrado fuerza para oponerse a las impopulares medidas, dictadas por el poder financiero y la Unión Europea y aplicadas  por el el gobierno e la derecha francesa.

Sebastián Piñera se ha apropiado, muy hábilmente, de la llamada “hazaña de los 33 mineros” y su repercusión universal. Según un famoso columnista nacional su gobierno, que carecía de relato y leyenda, los encontró en este acontecimiento y, hasta ahora, no escatimado medios para utilizarla y difundirla; el problema radica en saber cuánto podrá durar esta construcción mediática mítica de un mundo invertido; ya comienzan a notarse algunos atisbos de la falsedad de tal construcción, por ejemplo, el hacer suyo banderas ajenas  en pos de una falsa unidad nacional, una excesiva invocación a Dios – que muchas veces colinda con la idolatría” – y un orgullo nacional rayando en el chauvinismo. El éxito del rescate no podrá esconder los otros grandes problemas nacionales, como la reconstrucción, e problema de los pueblos originarios, el hacinamiento en las cárceles, el trato vejatorio a los pobres en los hospitales, la pésima calidad de la educación, y otros.

Sería pésimo para Chile que el presidente Piñera siguiera el mismo camino que antiguo ídolo, hoy  en desgracia, Nicolás Sarkozy.

Rafael  Luis  Gumucio Rivas
martes, 19 de octubre de 2010