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Agosto 18, 2026

Pecar como Dios Manda. Historia Sexual de los chilenos

 Hace unas semanas se publicó el libro “Pecar como Dios manda. Historia sexual de los chilenos”. El autor, Jaime Collyer relata la sexualidad en nuestro  país tanto por lo pueblos originarios como luego, en la Conquista y etapas posteriores de la historia de Chile.


Cada no de los pueblos originarios tenía sus propias reglas sobre la sexualidad. En todo caso, de la lectura  se desprende que en el Chile pre- conquista existía una relación sincera con la corporalidad, que sin embargo, no estaba libre de reglas, las cuales no debían ser transgredidas. Era una sexualidad más bien libre en personas solteras, no así cuando formaban un matrimonio.

Mauricio Contreras, psicólogo educacional de la Universidad Academia Humanismo Cristiano explica que “de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la sexualidad humana se define como: “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.”

Para Mauricio, el libro es “sin duda una definición que tensiona la forma como nuestra sociedad aborda el tema, si la sexualidad es un aspecto central del ser humano y no solo con fines reproductivos, por tanto tenemos encuentros sexuales con un otro u otra o entre otros o entre otras, mi pareja me puede procurar placer y yo puedo procurarle placer a mi pareja, en donde el vinculo afectivo y el erotismo juegan un papel fundamental”.

La cosmovisión europea y colonialista en cambio se mostró restringida en sus apetencias muy subordinadas a la reproducción pero además, estaban los elementos de recato, monogamia, abstinencia que los hacía sentirse superiores, sin saber que esas costumbres eran reprobadas por los pueblos nativos.

El encuentro de dos  mundos supuso, el enfrentamiento de dos cosmovisiones tan distintas pero,  creo que ninguna derroto a la otra porque, persiste la obligatoriedad de “estar en una relación formal” ósea como “Dios manda: con papeles” pero, aún así convive con esa formalidad una situación de  clandestinidad amorosa  en la cual se hace, no se cuenta y no existe mientras no se sepa. Es el gusto de los chilenos por la ambigüedad  pero, como Dios manda.