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Se mistifica la desgracia y también la irresponsabilidad de los culpables de un drama que dura una eternidad. Todos se han vuelto “Chapulin del rescate”, todos son el marisma de la risa. El trastorno es sabroso, chilenos, porque el rescate es tan delictuoso que esconde la explotación o el asesinato de los obreros al mandarlos a morir bajo tierra y teniendo como compañera una silicosis tan puta como los salvadores. La tierra ríe, obvio, porque la pisan más los infelices que los responsables del inmenso manantial de obreros empapados de pobreza.
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Pero, bueno, la tierra es de estómago humilde porque tiene la maldita costumbre de tragarse los infelices.
Pero el mundo habla de los mineros y toma puesto en las butacas del norte en cuyo asiento se sentó hasta la luna a gustar de un teatro triste que se fue llenando de pobre gente.
Entre banderitas se construyó el rigor de creer en la salvación de los mineros, pues, se impuso el llanto iluminado arquitectónicamente por velas como muros o como espejos de inspiración casi clasicista.
Todos alteran la historia, obvio, también alteran los dolores, los llantos, “el viva Chile” las fotos de las víctimas bajo tierra, la regla de adobe que mide barros y no la falta de techos o de etapas.
Se vive en lo fijado y no en lo impuesto. Se podrá decir que no dejamos pasar una contra los gobiernos chilenos. Un rescate casi igual a una conquista del barroco… Se esconde el desempleo de los mineros sin minas, y se habla de grandes cambios para el futuro. 18 minas cerraron sus túneles y galerías. Cierto para ellos el rescate no existe.
La tumba del minero y del roto chileno no requiere de inversiones, al contrario si no bajan hacia la muerte se les quita lo poco y nada que tienen…
Pero, bueno, el frío y el hambre no nace con el derrumbe de las minas… el rugido del tigre se lo pueden ir metiendo en el poto, señores, porque la injusticia no es nueva sino que se ha vuelto sacramentada con quiñes de copas para regios y de tarros de leche nestle para los shilenos sin choros apellidos o llenos de hijos a punto de ser descarriados.
Los pobres trabajadores han sufrido tanto.
Pero, ya, los hombres han nacido para sufrir… por eso somos de pelo en pecho, compadre… porque somos shilenos y al que no le guste que pida traslado.
Una historia que nació por sinvergüencería y no por “cosas de la vida”. Los 33 sufridos mineros, repito, no serán los apóstoles de una revolución del mañana… sino que se les ha utilizado de una forma tan bárbara que no hay evangelio que los supere.
En fin de cuenta el espectáculo se vendió a las mil maravillas…
Juan Godoy
