Colo Colo acaba de confirmar un secreto a voces. Roberto Cereceda, “El Eléctrico”, dio doping positivo por cocaína. Su historia es de un zurdo que explotó en Audax y llegó al Monumental para consagrarse como otro de los tantos “carasucia” que le gana a la vida. Que arremete desde el humilde barrio sin más armas que un talento innato para gambetear piernas y correr hasta dejar el alma en una grama de pasto. Y que se pegó un porrazo de aquellos. Como muchos… |
La noticia caló hondo en la familia del fútbol. Tanto como la súbita rabieta de Marcelo Bielsa que otra vez descarga en los jugadores su displicente desinterés por acudir a las fórmulas del trabajo consensuado y comunicativo. Con los clubes y con los medios. No puedo parar de pensar en cuántas veces tuvimos situaciones símiles. Nuestra historia se plaga de ellas. Un acto reflejo que acude a la desprolijidad. A la mala costumbre.
¿De dónde viene? ¿Cuál es la circunstancia que nos hace como país ser tan abrazados al desorden? El fútbol –sépanlo- es el reflejo de las sociedades donde se juega. El celo y el pragmatismo italiano. El recato y esquema inglés, el adaptarse rápido en los norteamericanos. Los africanos y su ímpetu, la disciplina rígida en los asiáticos o la pasión desenfrenada en argentinos y brasileños. Está comprobado.
El lateral albo tuvo un bajón cuando estaba en la cúspide. Y siempre costará levantarse de un tropiezo tan vehemente. Más con los antecedentes, los entornos y las aflicciones rondando de mala manera. A una semana de emprender el viaje al mundial pasado le comunicaron –sin aprehensiones detallistas como suele reflejar la doctrina Bielsa- que se quedaba abajo del avión. Un futbolista en la cúspide puede soportar decepciones. Se supone. Pero en Chile, casos como el de Juan Carreño y Cereceda –por nombrar sólo a los dos que desbarrancaron por pulsarles el mismo botón de fracaso- entregan luces de una realidad que antes pasaba desapercibida. El consumo de estupefacientes en la liga local durante los años de dictadura fue un estatus alimentado por representantes y asesores de mala clase que pululaban como buitres alrededor de los futbolistas.
¿Hay seguimiento y diagnóstico psicológico en nuestro deporte? No. Como tampoco hay pautas de reivindicación inteligentes. Ni en los que dirigen ni en los que tienen ingerencia directa en el desarrollo individual de un atleta. Un ejemplo. Se señala abiertamente que el proceso del rosarino a cargo de La Roja es el más prístino de la historia y se comete vejación con la realidad. No es transparente quien esconde. Quien se aísla. No trasmite seguridad. No acerca la calma ni la confianza. Lo funcional sirve. Pero no es el todo.
Y si bien no hay relación directa entre el bunker de Pinto Durán y que un jugador de alto rendimiento se meta droga por la nariz, los elementos de prueba están allí. La bendita evolución que algunos nos venden como humo en colores no existe. Todavía están los malos hábitos dando vueltas por nuestras canchas. Por nuestras calles y colegios. Esperando para desmembrar lo construido. Aprovechándose que el resto está tan ensimismado en sus infiernos personales que no es capaz de aportar en el de otros.
La mala noticia es que nadie tiene la culpa. Esto pasó hace cincuenta años, hace 15 y seguirá pasando en el futuro. Es nuestra impronta familiarizada con el desbarajuste. Nos acomoda, nos sorprende y nos envuelve. Así fuimos siempre. En el deporte, en la sociedad y en la vida. Así nos acostumbramos a ser…

Colo Colo acaba de confirmar un secreto a voces. Roberto Cereceda, “El Eléctrico”, dio doping positivo por cocaína. Su historia es de un zurdo que explotó en Audax y llegó al Monumental para consagrarse como otro de los tantos “carasucia” que le gana a la vida. Que arremete desde el humilde barrio sin más armas que un talento innato para gambetear piernas y correr hasta dejar el alma en una grama de pasto. Y que se pegó un porrazo de aquellos. Como muchos…