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Me ha llamado un viejo sindicalista exiliado en Roma, Italia. Me pregunta si me gusta la idea del sindicalismo como carrera universitaria. Me robó más de una carcajada.
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Negociar un contrato o un pliego de peticiones será cosa de gente regia donde el pobre trabajador no tendrá nada que acotar sino que firmar – en caso no sea analfabeta-.
Ahora el sindicalismo será carrera universitaria. Cierto, vivimos tiempos modernos, épocas de esclavismo intelectual. Economía leyes y comunicación serán los ramos que incluirá la capacitación de los negociadores de carne humana. Se sabe que son pocos los trabajadores sindicalizados y si un 14, 6% sigue en las filas del sindicato no es por la gracia de Dios sino por la necesidad de estar representados.
Sabemos que las negociaciones de un pliego pasa por todos los obreros y luego el representante del sindicato discute con la empresa y no por los cultos para luego bajar hacia la clase obrera. La Universidad del trabajador es un paso positivo para que los obreros puedan cultivar sus conocimientos o, en caso no los tenga, de aprender para hacer de los estudios un objeto de uso social para entregarlo a toda la colectividad pero nunca de uso patronal.
Cierto que hay sindicatos y sindicatos… El sindicato de los empleados particulares no es parangonable al de los de la construcción o al de los profesores.
Existen multitudes de pequeños sindicatos que representan hasta a los cuidadores de autos o cuidadores de caballos o de matarifes… El profesor morirá profesor, el matarife parará sus chalupas como matador, el cuidador se irá junto a su equino y se volverá epopeya y el cuidador de tocomochos se llevará a la tumba su licencia para morir de hambre.
La suerte de los presidentes de sindicatos es rara en las filas del sacrificio y muy esotérica para aquellos que buscan la piedad del patrón para que se ponga, al menos en navidad, con un paquetito de fideos y un pan de pascua para la prole.
En Fin, la Nación, periódico entreguista y traficante de carne obrera, no encuentra nada de mejor que hacer propaganda a los sindicatos cultos.
Ser un líder sindical no es saber leer un buen libro de los vendedores de sudores ajenos sino que vivir en el centro del problema que aqueja a la clase laboral. Hoy por hoy conseguir triunfos sociales en las negociaciones sindicales es pura utopía de charlatanes que se mueven en las ferias públicas con su serpiente embalsamada.
Cierto hay lideres sindicales muy regalones del patronato. Se vuelven lideres de frente a los espejos dobles y se entusiasman al verse rechonchos y hasta más sabelotodo.
La Nación no se da cuenta que utilizar a los presun-tos sindicalistas contribuye a sepultar la historia de los sindicaliza-dos chilenos. Una cosa es vender calzados y usar la inteligencia para encautar un cliente, la otra es frenar el hambre que viven los obreros. La llamada “inteligencia emocional” es la manupulación del día. En el exilio tuvimos grandes congresos sindicales en Suiza. Ahí o acá los viejos que representaban a sus partidos… Viejos zorros que sabían de leyes y de pliegos… pero nunca, nunca nunca, se habló de universidades o de inteligencia emocional. Me dan mareos cuando leo que el trabajo sindical es muy lindo. Bueno son los tiempos modernos que han hecho de un sacrificio una hermosura envidiable. En fin… vender ternos en las tiendas no es igual que levantar un muro para una casa. La inteligencia emocional no junta ni pega. Pero, bueno, la formación de la clase obrera no debe pagarla lea misma clase.. sino que el Estado.. y ahí pues se choca con todo el proyecto porque Chile es largo y angosto pero nunca tan jetón para entregar a sus dirigentes a los traficantes de carne humana.Juan Godoy
