Hasta el 28 de Noviembre se encontrará en el Centro Cultural Palacio la Moneda la exposición llamada “Oro y Plata.El Resplandor de América.” La muestra invita al público a dar un paseo por la historia de nuestro continente a partir de la creación de artefactos hechos de oro y plata principalmente. Abarca la época precolombina, la colonia y los inicios de las republicas independientes.
El uso de los metales preciosos data de tiempos antiguos y se asocia a diferentes ámbitos, principalmente a lo vinculado con lo ritual y/o religioso. Asimismo, la utilización de ornamentos de oro y plata está directamente relacionada con el nivel social del propietario. Sin embargo, es preciso destacar que los valores atribuidos a estos metales preciosos varían según las culturas. Por ejemplo, en la cultura Inca los grupos más prestigiosos y elevados en la escala social adornaban con ellos sus cuerpos y vestimentas para dar cuenta de su poderío. Por el contrario, en Ecuador el uso de los metales preciosos no se halla supeditado al estatus y prestigio de los habitantes.
Pero la diferencia más impactante la encontramos entre nativos y conquistadores. Los exploradores para mantener el apoyo de la Corona y también de otros actores, prometían en sus cartas enormes riquezas. El mito de Cipango y El Dorado, ambas ciudades míticas repletas de oro, se hallaron presentes en el imaginario colonizador. Las cartas de Cristóbal Colón lo ilustran claramente:
“Esta noche (…) levanté las anclas (…) adonde yo estaba posado para ir a la Isla de Cuba, a donde oí de esta gente que era muy grande y de gran trato y había en ella oro y especierías (…) y me mostró que al Ouessudueste iría a ella; y yo así lo tengo, porque creo que sí es así como por señas que me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos que llevo yo en los navíos, por que por lengua no los entiendo, es la Isla de Cipango, de que se cuentan cosas maravillosas”
El valor asignado al oro se presenta como dualidad. Existe un aprecio de carácter presencial y otro asociado al poder adquisitivo. Retrocedamos hacia los orígenes de la civilización, cuando el hombre descubre el oro, e imaginemos una sociedad entera que mira el cielo, que cree que sus dioses de allí provienen y allí yacen. El sol, similar al oror en su color y resplandor,ha sido venerado por varias culturas. Los egipcios usaron el círculo, la forma más perfecta, para representarlo. Apolo, dios supremo de los griegos, representa la luz solar. La Alquimia, antigua práctica, busca transformar los metales de menor valor en oro. El oro ha sido ligado a lo divino por su aspecto.
En lo que concierne al valor comercial del oro, Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina se refiere al problema de la colonización. El europeo llega a explotar la tierra, a su succionar sus riquezas para enriquecer no precisamente a los habitantes de esas tierras: “Como unos puercos hambrientos ansían el oro” (Galeano, Las venas abiertas de América Latina 35). El significado místico de los metales preciosos para los nativos poco importa a los conquistadores. Así lo demuestran la gran cantidad de objetos fundidos y convertidos en lingotes. Sin embargo, el oro y la plata también poseen un valor asociado a lo religioso en Europa (esto lo podrán observar en la exposición a partir de la muestra de artefactos propios de la iglesia católica). Se advierte la contradicción en la empresa colonizadora sustentada en el sentimiento de superioridad: se funden los objetos rituales aborígenes para convertirlos en piezas pertenecientes al ritual católico.
Del 3 de septiembre al 28 de noviembre de 2010
Lunes a Domingo 9:00 a 19:30 horas
Entrada general $1000
Estudiantes, convenios, 3ª edad: $500
ENTRADA LIBERADA LUNES A VIERNES HASTA LAS 12:00 HORAS
