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Agosto 18, 2026

Las mentiras y fracasos de Colo Colo

 No hay peor tropiezo en la vida que contradecirse sólo. Ayer, apenas terminó la desastrosa odisea del Cacique 2010 por lides internacionales escuché a varios en Macul haciéndose auto zancadillas. Se perdió el resguardo, la consecuencia y el discurso claro. Colo Colo se transformó en pocos años en un supermercado del fútbol que se publicita con el eslogan “el equipo que ha sabido ser campeón”. Y algunos hinchas recién comienzan a abrir los ojos…

No es pertinente que el timonel Guillermo Mackenna asuma esta derrota frente a Universitario de Sucre como parte de un proceso. Es una vuelta de carnero. Peor me suena si jura a los cuatro vientos que están conformando un plantel competitivo para afrontar una Libertadores. Discurso repetido y poco cierto. Acá se le falta el respeto al “50 + 1” , como en justicia conocen a los fanáticos albos repartidos por el país. Hace rato que los miran despectivamente…

Cuento viejo e injusto. Demasiado caro le costó la obtención del título continental al “Popular” en 1991. Dirigentes que despilfarraron finanzas desbordantes hasta llegar a la quiebra. Allí fue cuando el hincha colocolino comenzó a perder su potestad. Eran ellos los que juntaron el dinero de la “Colotón”. Uno innombrable puso fondos desde arcas fiscales para construír la ruca propia. Después se taparía la verdad hasta en los libros. Mentira poco creíble es que el Monumental se levantó con el millón y tanto de dólares por el pase de Hugo Rubio al Bologna italiano. El estadio y parte de esa cúspide internacional salió del bolsillo del pueblo. Hoy les pertenece a unos pocos que compran, venden y hacen caja. Es su negocio. Su inversión permanente.

¿Cómo explican que Sebastián Piñera haya puesto sus ojos ahí sabiendo que hay acciones más jugosas a largo plazo? El campeón de Chile fue usado como plataforma socio-política y resultó. Además, no es tan mal negocio. El hoy mandatario, no conforme con dichos réditos antes de la campaña, ni siquiera quiere soltar su  parte. Se entiende. Los más grandes y polémicos personajes del jet set europeo ponen sus dólares en clubes de fútbol con formato de sociedad anónima. Les sirve para mantener una imagen pública permanentemente expuesta.

El asunto es simple. Hoy, Colo Colo tiene un grupo de ejecutivos que hacen funcionar el club como una verdadera empresa. Se nutren de futbolistas manejados por dos o tres representantes y los compran a bajo precio para venderlos un poco más caros. La camiseta, el prestigio y la fama que ayudaron a conseguir los románticos de ayer sirven como piso para encarecer un producto antes de renegociarlo. Siempre se gana.

Sumen. Suazo, Barrios, Jara, Mancilla, Sánchez, más los “canteranos” del proceso Borghi –Fernández, Valdivia, Bravo, Fierro, Ormeño- bastan para justificar la enorme cantidad de refuerzos que Blanco y Negro contrata cada temporada. Arrojará divisas a favor, números positivos. Criterios como estos son los que alejaron al mismo Borghi, que no soportó los manejos modernos.

¿A quién quieren engañar? Capaz que mañana se alcen voces elevando como máximo objetivo del año conseguir la estrella número 30 y aunarlo con el famoso Bicentenario. Como si arriesgaran la supremacía histórica en el ámbito local. ¿Y si mejor aceptan que el éxito de este Colo Colo pasará por traspasar a Millar, Toro, Paredes, Miralles o revender a Cámpora? Es más honesto.

Anoche habló Diego Cagna. Pidió perdón a la fanaticada alba y no asumió la derrota en primera fase de Copa Sudamericana -contra un equipo de tercera categoría- como fracaso. El mismo Cagna que llegó a la banca de Pedreros vociferando que en ese club hay que ganarlo todo, fustigando al archirival y avalando líderes que pudren el camarín desde 2007. No fue capaz ni de superar al humilde Curicó en la ronda inaugural de Copa Chile. ¿Proceso? ¿Como el de Astengo, Barticciotto y Tocalli?

Si es un hombre de fútbol, que asuma su repentino naufragio y se vaya. No tape su gestión con pelear una copa pobre a fin de temporada. Y si no, que apropie públicamente su papel. Diga que no vino a  esta institución a sacar promesas jóvenes. Menos que está en Chile para regalar grandes epopeyas deportivas a un pueblo que las anhela, que casi siempre las deposita en esa insignia. Si le basta con ser campeón nacional y proyectar ventas de jugadores, aclare que sólo es un manager más, uno que entiende el negocio y lo respalda. Si me preguntan a mi, reparando en su trayectoria le aconsejo lo primero.

En las gradas ya se ven las consecuencias de este rumbo mercantil en Pedreros. La masiva hinchada de Colo Colo ya ni quiere ir los domingos al estadio. Hace rato que pasan vergüenza. Y los que quedan no se merecen este engaño.