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Agosto 19, 2026

La ceguera

 Yo no creo en Dios. Tengo mis motivos. Pero cada vez que encuentro casos como el de los mineros de Atacama me terminan superando. Con las coincidencias y significados siento que la lógica obedece a un guionista superlativo de la vida. Uno perfecto. Y no con el por qué y su inseparable “todo pasa por algo”. Es el para qué. La lección que importa. Siempre se desprende una.

No es casual que en el año del bicentenario nos lleguen tantas señales seguidas. Un terremoto nos recordó el sufrimiento eterno, permanente y heredado. El tsunami nos pilló desprevenidos por irresponsables y confianzudos. Tuvo que venir un cambio de gobierno para saber que no necesitábamos a la Concertación para poder vivir. Un mundial de fútbol nos demostró que somos pura boca, ni tan malos ni tan buenos. Y ahora, una tragedia evitable. Dolorosa, cruda y emocionante. Otra más que clava un puñal en el corazón del pueblo. De este bendito y sufrido pueblo que encarna lo que somos.

Es como si alguien tuviese la potestad divina de pedir a grito limpio que nos avispemos. Que terminemos con las divisiones pasadas de moda. Que la cortemos con la inmortalidad del cangrejo ideológico. Madurar socialmente. Usar la pasión cuando amerite y dejar la razón para los temas importantes. Entender las prioridades…

Cuando escucho compatriotas criticando la actitud de Piñera el domingo en la Mina San José pienso que si los tontorrones volaran habría eclipse más seguido. Son los mismos que pedían la salida de Golborne hace una semana. Los que reviven para sí la etiqueta del resentido. Del fundamentalista con mal fundamento. ¿Tanto cuesta mirar más allá? ¿Sabrán que nadie en política hace bien la pega sin sacar sus réditos? La verdad es una sola. El circo es el mismo. Aunque cambiaron los payasos de ayer por números de trapecio hoy. También hacen show pero trabajan mejor. Al menos, no escatiman esfuerzos…

Quedarse en nimiedades nos hizo evolucionar en 200 años al ritmo de una carreta de bueyes. Si nuestros padres de la patria se agarraban entre ellos, qué más queda para los hijos descarriados. Conviene politizar. Mejor polarizar. Vende más que Jimmy Sánchez sea hincha de la “U” y no “del Colo”. Nadie se ha preguntado qué estamos haciendo mal para que un cabro de 18 años entre a arriesgar su futuro 700 metros bajo tierra.

 Las condiciones laborales de los que escarban galerías oscuras en busca de sustento son deplorables. La esclavitud moderna es justificada por la explotación voluntaria. Es un pago ante la constante búsqueda de subsistencia. Con un tanque extinguidor para disfrazar la mala o nula fiscalización.

Esto de Copiapó es sólo otro caso. Como los soldados de las guerras a fines del siglo 19, comos los que pensaban distinto y murieron en tanto conflicto civil desde la independencia misma. Como los campesinos pisoteados por reformas patronales, como los niños militares de Antuco, como los mapuches desplazados o la explotación indiscriminada del medio ambiente en democracia.

Chile es un país injusto, desequilibrado. Pese a las señales que recibimos de vez en cuando, jamás mejoramos. Nos rige la desigualdad, el progreso se reparte en grandes tajadas o contadas migajas. Nos seguirá sucediendo. Se los aseguro. Y el que vea un mejor futuro, que se congele, se meta en la cápsula bicatenario y regrese en el 2110. Si se marea con tanto dèja vu, no diga que no se lo advertimos…