![]() Tanto ruido por el llamado de Pinilla a la selección. Ni que fuera una final lo que jugamos. Como si dictara pautas reales, definitorias. La reinserción como norma, el primer caso de Ave Fénix en el fútbol chileno… Por mi, ojalá así sea. Cruzo los dedos porque el tipo se aburra haciendo goles, venda diarios y le tape la boca a unos cuantos en esta pasada por Pinto Durán. |
¿Y si no? Allí está lo relevante. La lección, lo que debe perdurar más allá de los rendimientos. Chile es un país que carece de grandes figuras a granel. La experiencia sudafricana lo dejó en claro. Peor aún. Vivimos en una sociedad donde la exigua autovaloración recae directamente sobre nuestras estrellas en cualquier disciplina. Un par de destellos y son elevados al cielo cuál astro descubierto. Un porrazo y se agarran a coscachos por lanzar la primera piedra del castigo. Recomendable y absurdo en el petitorio de humildad es andar por la calle como un pastor de pueblo. Cabeza gacha, voz baja. No te vayan a pillar en un renuncio…
Mauricio Pinilla debe ser uno de los más grandes talentos que brindó la cantera criolla en los últimos diez años. Rápido, contundente, oportunista, preciso. Leía el juego como pocos. Era raro encontrarlo fuera de juego. Ni hablar de pasar inadvertido. Omnipresencia dentro y fuera de la cancha cimentada en su enorme personalidad. Su gran capital, su mayor pecado. Creerse el cuento en la sociedad del flagelo es una bomba de tiempo que irremediablemente te revienta en la cara.
Le pasó a Caszely, Zamorano, Salas, Ríos, Massú, Martín Vargas. A tantos otros. El éxito acelerado es energía acumulada en el subterráneo de los chaqueteros. Esperarán pacientes tu peregrinaje por las tierras del aplauso con más de algún palmoteo en la espalda. Siempre atentos a tu caída. Para enrostrarte la soberbia. Tu atrevimiento por sentirte superior, rodearte de las minas más ricas y escalar más rápido en la vida se pagará en incómodas cuotas. Y el prejuicio es el interés más alto…
Era mejor acordarse del Pinilla que invita modelos inalcanzables a ver “El Rey León” en cama. Conviene revisar la lista de escándalos enarbolados por un periodismo patoso y metiche. Poner en duda el discernimiento europeo de clubes que daban tantas oportunidades a un goleador en farra permanente. Como si ellos compraran verso extranjero imitando a sus pares chilenos en inicios de temporada. Todos peleando y esperando la nota exclusiva con este nuevo Pinigol, ya más maduro y reconociendo años perdidos en el área chica de los pubs. Con promesas de nunca más y música de teleserie cebollenta sonando al fondo.
¿Qué les importa a ustedes? ¿Tan ciegos son que no perciben la propia responsabilidad en descarrilar a un cabro con potencial para convertirse en excluyente? Es tan absurda esta olla a presión eterna que capaz que esos mismos rastreros que hoy callan o se esconden, mañana saquen a relucir su cizaña contra el otrora “portada y tema de turno”. O probablemente con otro que fracase en su propio intento por encontrar el camino a la cima. ¿De qué les sirve?
Sería mejor desearle suerte. Entender que goles suyos son alegría y bonos para nuestro derrotero tan venido a menos. Decir en honor a la verdad que se lesionó por exigirse en el Grosseto esperando que Bielsa le diera una oportunidad pre mundialista. Acordarse de las veces que matriculó a los peruanos. O su celebración sin pantalones cuando nos regala un triunfo notable y agónico en Venezuela. De su patudez para encarar argentinos en el Monumental de Buenos Aires cuando nos creían vencidos. Lo mucho que motiva con La Roja puesta, más allá de sus números estadísticos de rendimiento.
Incluso, en absoluta justicia sería mejor reconocerle potenciales aportes en cancha y camarín. Verso, osadía e indolencia para un equipo que en ciertas circunstancias suele venirse abajo. Efectividad es una escuadra que juega de memoria, que prioriza el sistema para un “ 9” clásico y nunca lo tuvo. Liderazgo, experiencia y variantes.
Pero no. Mejor es el entredicho. Vamos nivelando para abajo…

