Esta mañana, entre el café y las burradas de los matinales, me encontré con dos fuerzas malignas pujando por la motivación de esta columna. Una, la respuesta necesaria y resuelta sobre un atentado a mi integridad emocional. Me dijeron derechista y resentido. Raro, no pegan. Casi respondo. Aún lo estoy pensando… Pero justo en la tv alentaban, con estudio gringo en mano, a dejar de lado ciertas provocaciones. Tomárselas con humor y evitar la demencia futura. Ni que hubiesen sabido que en ese minuto me topé con tamaña y oligofrénica mansalva de Gonzalo Rojas hacia los comunistas chilenos . Bueno, apliquemos criterio. Si hay que reír, démosle… Yo, eso sí, no soy comunista y siempre aplico once. Será mi incansable búsqueda de distinción. O un homenaje al “Matador”. O porque fruncía el ceño cada vez que miraba esas películas roñosas, con Moisés bajando el cerro, piedra divina al hombro y sudado como el caballo de “Billy The Kid” mientras su séquito jaraneaba desbocado al lado del becerro blasfemo. Me revelo. Declaro como único “diez” real al que hacía goles con la mano. ¿Y si le sumamos uno, entonces? Si se trata de los oficialistas de pecho inflado, siempre se puede agregar algo más…
Un facho progresista todavía cree que los comunistas se comen las guaguas. Los imagina con un libro de recetas gourmet, firmado por connotados chefs de apellidos Schäfer y Jackson que obtienen la materia prima de la naturaleza misma, tratando de pillar a la cigüeña volando bajo.
Un facho progresista siente que el futuro está en la gente pobre. Por eso, les da entretención barata en los medios. Se lucra de los rostros más decadentes para comunicación de masas y consigue convencerlos que son alma de su inspiración social. Así, obtendrá su voto y su confianza. Les entrega tiempo y falsa atención. Total, los desinfectantes de mano ahora vienen con olores amistosos.
Este facho posmoderno persigue al opresor. Pero al de estrato bajo, al desamparado que delinque. No vaya a ser que un “colega” de club de golf se mande una embarrada y sepulte al proletariado debajo de toneladas de sin razón. Quién los manda a meterse ahí.
Un facho renovado encuentra simpáticos a los cubanos. Organiza tours a su isla y hasta le abre las puertas de su casa. Así se hace parte en discusiones que no le competen pero que en las que siempre resulta entretenido meterse y molestar. Son ciudadanos de mundo. O sea, útiles en todos lados. Aunque nadie los llame…
El facho progresista deja que las instituciones funcionen pero a la pinta de ellos. Incluso la iglesia. Es mejor equivocarse haciendo algo que dejar el descalabro por no moverse del escritorio. En el fondo, es como cambiarle sábanas a la cama de la inoperancia. Esta seguirá durmiendo la siesta a distinta hora y roncando “a pata suelta”…
También se caracterizan por ampliarse a otras áreas de la vida global. La polera polo ya puede ir en verde agua, rosado o azul eléctrico. Tienen twitter, juegan baby fútbol en pasto sintético, toman bebidas energéticas y dejan los viajes extravagantes por citas al solarium. Enchulan a la señora y no a la amante, salen del closet aunque para callado. Evolucionaron…
El facho progresista hace caso al clamor popular y lo maquilla. Ya no niegan tajantemente la existencia de homosexuales. Asumen la realidad como pintoresca, chora, colorinche. Por eso, hasta les entregan variables, soluciones integrales. Eso sí, de lejos y sin meter bulla.
Odian igual que antes pero aprendieron comedia. El arte de denostar con sarcasmo ya no es potestad de los rotos. El “neofacho” desechó el golpe en la mesa por las frases de campaña. Encontraron la hebra de la verborrea. “Arriba los corazones” de los que viven en desigualdad. Esa es la nueva forma de integrar a los resentidos…
El facho progresista tiene clasificación. Se diferencia en “momio”, “renovado” o “díscolo pero con ticket en La Parva ”. Tiene su propia “Plaza Italia” en la Rotonda Pérez Zujovic y se esforzará por incluir allí a los peruanos o compatriotas que vienen de comunas periféricas. Siempre en el área doméstica o cuidando autos. Pero ya los suman. Y si es necesario, los representan en alcaldías, diputaciones o senaturías. Sirve para hacer carrera…
Y finalmente, un facho progresista todavía esconde la foto de Pinochet en el cajón del velador. Por mero recaudo, silenciada a presión. Aunque siempre ahí. Es que según ellos, en este país nunca se sabe…
