Primero buscar el zapallo entre el alza de los productos de la huerta y cortarle la cáscara. Un rato al agua hirviendo mientras el sopaipillero toma una página y la pone en el rodillo. La harina aguarda la libertad de los presos mapuches en el humo noble y ancestral de la ruka y el fin a la ley antiterrorista dice el eco de algún abuelo desde el fondo de una greda negra.
Un poco de sal busca leyes autónomas para lo que eran sus territorios.
Los sureños podrán hablar mapudungung y leer a Hölderlin en alemán.
Y al amasar se le puede garugar con merkén.
Mientras la familia escucha el cultrún de la abuela viva y la respiración de la trutruka se deja escuchar en los aires del joven vuelto de la ciudad del huinca con aires de velocidad y vanidad.
Corre entre las manos curtidas de tierra y lluvia, un mate humeante.
Pero están cabizbajos y enrabiados, uno de sus jóvenes está preso.
Las sopaipillas se hacen pocas, pero nos alegra un poco el frío de estos días bicentenarios y hay té y mermelada de mordida mermelada casera.
Jordi Lloret
