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Algún poeta o filósofo escribió que solo lo que está bien olvidado, puede decirse que está bien muerto. Hacemos este ejercicio de la memoria año tras año, todos los años, no solo para no olvidar, para honrar a las victimas, sino para demandar, reclamar, y exigir JUSTICIA.
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La muerte y la demolición no ocurrieron en la lejana Europa, ni fue hace muchísimo tiempo. Fue en Buenos Aires, un 18 de julio de 1994.
Aun no sabemos nada.
No basta con frases gratas y sentimientos sinceros. No alcanza con expresar voluntad.
¡¡Hay que poner voluntad y tomar decisiones políticas!!
Quienes perpetraron el atentado –cualquiera sea su nivel de responsabilidad- deben ser juzgados.
Quienes planearon el atentado –cualquiera sea su nivel de responsabilidad- deben ser juzgados.
Quienes ocultaron pruebas, borraron pistas, encubrieron, falsearon –cualquiera sea su nivel de responsabilidad- deben ser juzgados.
Quienes protegieron a los ocultadores, falsarios, asesinos y delincuentes de toda calaña –cualquiera sea su nivel de responsabilidad- deben ser juzgados.
Elegimos la vida. Eso implica registrar en la memoria todo mensaje, por espeluznante e inquietante que resulte.
A 16 años de aquel horror, NO HAY OLVIDO NI PERDON.
Nuestra esperanza de justicia no se disipa; trabajamos por ella, luchamos por ella.
La Nación Argentina fue regada en sangre; el pueblo argentino fue regado en sangre. Pero ningún horror por espantoso que sea, ningún policía corrupto, ningún juez incompetente, ningún funcionario inmoral podrá detener nuestra voz, voz que se une a otras voces, a la de Julio
López, a la de Luciano Arruga, a la de nuestros 30.000 hermanos detenidos desaparecidos que no están.
El precepto bíblico requiere ¡¡ JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRAS!!
Junto a todos, con todos, vamos hacia allí.
Manifiesto de la Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina
Fuente: Enrique Dobry
Prof.Daniel Silber, Presidente
Marcelo Horestein, Secretario General
