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Agosto 18, 2026

El rey y el bufón

Nada más ridículo y siútico que aquella frase sobre la majestad del cargo. Es cierto que, en Chile, el presidente es un rey, pero el tipo de gobierno no constituye una monarquía absoluta y, en  nuestro caso es electiva: no es Dios quien le confiere el poder, sino los súbditos.

Sin embargo, no han faltado los presidentes un tanto amantes de sí mismos que, desde la infancia han estudiado para ser el supremo hacedor; baste recordar a don Jorge Alessandri y a Ricardo Lagos.

La sátira ha crecido junto con el poder: en las monarquías absolutas el bufón jugaba un papel muy importante como salida a las tensiones que el monarca creaba en su corte. Molière pagó un alto precio por introducir, en Versalles, la ironía, en su famoso Tartufo. A los dueños del poder no les agrada la crítica, sobretodo si esta se presenta bajo la forma de  sátira.

En la historia de Chile ningún presidente o alto dignatario ha podido escapar de la sátira, que tiene sentido de equilibrio e igualdad al recordar, permanentemente, a quien tiene el poder, que sólo es un hombre. En la época de la Independencia O´Higgins y San Martín fueron víctimas de caricaturas, que los presentaban en un mal pié. ¿En qué grado aquellos textos habrán influido en la persecución autoritaria de ambos, que llevaron a la muerte a los tres hermanos Carrera y a Manuel Rodríguez?

El presidente José Joaquín Pérez fue objeto de burla de sus contemporáneos a causa de su blandura y su carácter populachero, que lo llevaba, por ejemplo, a acariciar la cabeza de los niños pordioseros y otras manifestaciones como hacer sus propias compras en La Vega. José Manuel Balmaceda fue ridiculizado como el “champudo”, el “bailarín”, y su ministro Bañados, como un siútico metido a caballero.

En la época parlamentaria, la sátira política no tuvo ninguna compasión con el presidente Federico Errázuriz Echaurren, un gran “putero”, de elefantiásicas orejas que, a punto de morir, se hicieron las peores caricaturas a su costa. Con Pedro Montt los humoristas fueron aún más crueles: presentaban el trío – el presidente, su esposa, Sarita del Campo con su amante, el senador Guillermo Rivera-  en la comedia humana  el  dueño el italiano Lacquannitti recibió una paliza propinada por la policía.Ramòn Barros Luco era presentado salvándose del hundimiento del Blanco por la cola de una vaca, firmando los decretos con los dedos de los pies

Don Arturo Alessandri fue una de las víctimas predilectas de la revista Topaze, donde escribían los Sanhueza, Carlos y Gabriel. Un dibujo que representaba al “León” dominado por Ibáñez le costó a “Coke” el decomiso de esta revista; a raíz de este acto de autoritarismo, Bernardo Leigthon renunció a su cargo de ministro de Educación.

Topaze también captó el carácter fatuo de Gabriel González Videla, a quien lo presentaba como un bailarín de zamba, más dicharachero que un compuesto presidente. Ni siquiera, el narcisista don Jorge Alessandri pudo escapar de las garras de los escritores y caricaturistas de esta revista.

La sátira política ha inspirado una obra histórica, de alta calidad, como la de Ricardo Donoso la satira política en Chile (remito al lector que quiera profundizar sobre este tema). Ningún presidente, después de don Arturo Alessandri se ha atrevido a censurar a la Prensa, mucho menos a hacer decomiso de una revista u otra publicación.

Es cierto que Sebastián Piñera no ha dejado tontería por hacer, como aquella de los chistes malos en Pinto Durán cuando se refirió al lacónico Marcelo Bielsa como “loco”. No creo que se le pueda achacar al presidente la estupidez de censurar al humorista y genial imitador Stefan Kramer, me atrevo a asegurar que esta persecución corresponde a sus asesores, que pertenecen a una derecha autoritaria, que tiene poca idea de cómo se hace política en una república. El incidente con el rector de la Universidad de Chile es imputable a un conjunto de gobiernos que han destruido la universidad pública, comenzando por le tirano Augusto Pinochet y, a continuación, los gobiernos de la Concertación y, ahora, la derecha.

Sebastián Piñera ostenta el récord  de que, en apenas cuatreo meses de gobierno, ya tenga un poderoso senador de sus filas que se declara díscolo – Andrés Allamand -, otrora jefe de la “patrulla juvenil”. Su gabinete de gerentes no ha logrado atraer a la jefatura de los partidos, y tiene un verdadero desorden en el equipo parlamentario, y sus ministros son incapaces de dar conducción política – es lógico, pues su formación sólo sirve convencer a los accionistas de las rentabilidades anuales de la empresa- la última metida de pata del ministro de Minería no es más que el corolario de este sino de incapacidad de los gobiernos de derecha para gobernar en democracia.

Personalmente, creo que Sebastián Piñera actúa tal cual es su personalidad; a ninguna persona mayor de sesenta años se le puede pedir que cambie radicalmente, lo único que hay que hacer es estar atento a los espolonazos contra la libertad de prensa, muy propio de una derecha soberbia y con visos de autoritarismo.

Rafael Luís Gumucio Rivas

12/07/2010