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Contrariamente a lo que se ha hecho en la generalidad de los deportes, la FIFA se ha negado tozudamente a incorporar los adelantos tecnológicos para evitar errores de apreciación arbitrales que susciten injusticias en los resultados del fútbol. ¡Si ni siquiera ha incorporado todavía relojes electrónicos para medir correctamente el tiempo efectivo de juego, de tal modo que ya perdería toda eficacia el “hacer tiempo”!
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Es increíble que en el deporte más popular del mundo -y que moviliza, lejos, más pasiones locales o nacionales y más dinero- no se hayan incorporado los dispositivos tecnológicos que podrían evitar todos los errores arbitrales graves. De este modo, vemos incluso en los mundiales de fútbol como abundan los goles sancionados indebidamente producto de penales o fueras de juego sin cobrar o pitados equivocadamente. Bastaría agregar un tercer asistente que estuviera frente a un televisor fuera de la cancha –e intercomunicado con el árbitro, al igual que los guardalíneas- y que le avisara a aquél de cualquier error trascendente, para poder evitar toda injusticia que altere el resultado debido.
Pero lo que más llama la atención son los sofismas empleados por los más altos dirigentes de la FIFA para tratar de justificar esa omisión. El primero es que aquel perfeccionamiento arbitral le quitaría al fútbol una de sus mayores gracias: la polémica suscitada en torno a las eventuales equivocaciones arbitrales. ¡Cómo va a ser una “gracia” del fútbol el que existan determinaciones erróneas que vayan en perjuicio de una de las partes y que puedan evitarse! Esto constituye una completa injusticia que va en desmedro de los reales méritos deportivos de los contendientes. La gracia del fútbol está en la belleza de su espectáculo y que gane quien lo merece por lo que ha hecho en la cancha; y no que triunfe una de las partes por haber sido indebidamente beneficiado por algún cobro incorrecto o, peor aún, por trampas intencionales no percibidas por la tripleta arbitral. Llega a ser perverso concebir las injusticias como “gracias”, tanto en el fútbol como en cualquier otra actividad o relación humana.
Otra de los sofismas utilizados es aducir que las normas del juego deben ser iguales para todas las competencias futbolísticas, desde una copa del mundo hasta un torneo de segunda división de un país pobre. Pero agregar apoyo tecnológico al arbitraje no constituye un cambio en las reglas del juego, sino un perfeccionamiento del control de la aplicación de dichas reglas. Y así como no deja de tener sentido el aplicar el apoyo tecnológico para corregir errores arbitrales en los torneos de tenis de más envergadura, siendo que en muchos torneos nacionales de ese deporte aquello no puede hacerse; lo mismo vale para el fútbol. Sería absurdo negarse a utilizar los dispositivos que permiten enmendar las equivocaciones arbitrales de las competencias más importantes –particularmente las internacionales- porque aquellos no se pueden usar todavía en todos los casos.
Otro de los sofismas usados por los mandamases de la FIFA es que el apoyo tecnológico disminuiría la autoridad del árbitro. ¡La verdad es todo lo contrario! La autoridad del árbitro se fortalecería enormemente porque ya no cometería errores importantes en la constatación de hechos, esto es, en la verificación de los goles, penales, corners, faltas cercanas al área y fueras de juego.
Por último, dichos dirigentes utilizan el argumento efectista de que aquel apoyo suscitaría permanentes reclamos de los jugadores con la finalidad de enmendar cobros que estimen injustos; lo que haría extremadamente lento el desarrollo del partido. Este peligro se eliminaría completamente con dos medidas, que además harían más rápido el partido de lo que es ahora. Una sería que los guardalíneas se remitieran a indicar los fueras de juego claros, dejando seguir el juego en los dudosos; y solo si estos terminaran en gol el árbitro verificaría con los videos de apoyo –y eventualmente con el respaldo de una pantalla gigante en cancha- si hubo falta, para validar o no el tanto. La otra sería sancionar con tarjeta amarilla a todo jugador que efectúe reclamos injustificados solicitando revisión del video.
Por otro lado, las autoridades de la FIFA no perciben en absoluto otro de los gigantescos efectos positivos que conllevaría la introducción de los apoyos tecnológicos al arbitraje: El tremendo efecto disuasivo que tendría en la disminución de numerosas faltas graves que muchas veces quedan impunes, como los frecuentes penales producto de empujones y agarrones de los defensores en los tiros de esquina.
Quizá la demostración más patética del absurdo de los dirigentes de la FIFA la proporcionó el gol indebidamente validado de Argentina contra México -el primero de Tévez-, dado que ni el árbitro ni el guardalíneas repararon en el evidente fuera de juego del delantero argentino. Pero lo peor vino después. El árbitro se negó a enmendar su error pese a que éste fue exhibido ante todo el estadio por la pantalla gigante. Y posteriormente la FIFA expulsó de su cargo al encargado técnico que inadvertidamente -¡porque hay prohibición de mostrar las jugadas polémicas!- determinó su exhibición…
Pero lo que más llama la atención son los sofismas empleados por los más altos dirigentes de la FIFA para tratar de justificar esa omisión. El primero es que aquel perfeccionamiento arbitral le quitaría al fútbol una de sus mayores gracias: la polémica suscitada en torno a las eventuales equivocaciones arbitrales. ¡Cómo va a ser una “gracia” del fútbol el que existan determinaciones erróneas que vayan en perjuicio de una de las partes y que puedan evitarse! Esto constituye una completa injusticia que va en desmedro de los reales méritos deportivos de los contendientes. La gracia del fútbol está en la belleza de su espectáculo y que gane quien lo merece por lo que ha hecho en la cancha; y no que triunfe una de las partes por haber sido indebidamente beneficiado por algún cobro incorrecto o, peor aún, por trampas intencionales no percibidas por la tripleta arbitral. Llega a ser perverso concebir las injusticias como “gracias”, tanto en el fútbol como en cualquier otra actividad o relación humana.
Otra de los sofismas utilizados es aducir que las normas del juego deben ser iguales para todas las competencias futbolísticas, desde una copa del mundo hasta un torneo de segunda división de un país pobre. Pero agregar apoyo tecnológico al arbitraje no constituye un cambio en las reglas del juego, sino un perfeccionamiento del control de la aplicación de dichas reglas. Y así como no deja de tener sentido el aplicar el apoyo tecnológico para corregir errores arbitrales en los torneos de tenis de más envergadura, siendo que en muchos torneos nacionales de ese deporte aquello no puede hacerse; lo mismo vale para el fútbol. Sería absurdo negarse a utilizar los dispositivos que permiten enmendar las equivocaciones arbitrales de las competencias más importantes –particularmente las internacionales- porque aquellos no se pueden usar todavía en todos los casos.
Otro de los sofismas usados por los mandamases de la FIFA es que el apoyo tecnológico disminuiría la autoridad del árbitro. ¡La verdad es todo lo contrario! La autoridad del árbitro se fortalecería enormemente porque ya no cometería errores importantes en la constatación de hechos, esto es, en la verificación de los goles, penales, corners, faltas cercanas al área y fueras de juego.
Por último, dichos dirigentes utilizan el argumento efectista de que aquel apoyo suscitaría permanentes reclamos de los jugadores con la finalidad de enmendar cobros que estimen injustos; lo que haría extremadamente lento el desarrollo del partido. Este peligro se eliminaría completamente con dos medidas, que además harían más rápido el partido de lo que es ahora. Una sería que los guardalíneas se remitieran a indicar los fueras de juego claros, dejando seguir el juego en los dudosos; y solo si estos terminaran en gol el árbitro verificaría con los videos de apoyo –y eventualmente con el respaldo de una pantalla gigante en cancha- si hubo falta, para validar o no el tanto. La otra sería sancionar con tarjeta amarilla a todo jugador que efectúe reclamos injustificados solicitando revisión del video.
Por otro lado, las autoridades de la FIFA no perciben en absoluto otro de los gigantescos efectos positivos que conllevaría la introducción de los apoyos tecnológicos al arbitraje: El tremendo efecto disuasivo que tendría en la disminución de numerosas faltas graves que muchas veces quedan impunes, como los frecuentes penales producto de empujones y agarrones de los defensores en los tiros de esquina.
Quizá la demostración más patética del absurdo de los dirigentes de la FIFA la proporcionó el gol indebidamente validado de Argentina contra México -el primero de Tévez-, dado que ni el árbitro ni el guardalíneas repararon en el evidente fuera de juego del delantero argentino. Pero lo peor vino después. El árbitro se negó a enmendar su error pese a que éste fue exhibido ante todo el estadio por la pantalla gigante. Y posteriormente la FIFA expulsó de su cargo al encargado técnico que inadvertidamente -¡porque hay prohibición de mostrar las jugadas polémicas!- determinó su exhibición…
