Desde ese día quedó plasmada una marcadísima preferencia ideológica del estratego. Una que a la luz de episodios futuros como el terremoto, el traspaso de gobierno y el mismísimo mundial termina por remarcar sul vínculo por ideas progresistas. Por la política más recargada a la izquierda, al pueblo, al populismo real y nunca nominal.
No deberían extrañar los constantes desprecios del rosarino a tanto amague piñerista por acercarse a quien encarna un nuevo modelo de compostura. El que acarrea luces, votos y aprobación. Si algo no tiene Bielsa es un pelo de tonto. Sabe leer señales y entiende que el Subsecretario Gabriel Ruiz Tagle (Ex Director de Blanco y Negro, cuyas acciones pertenecen en gran parte al mandatario) como en el mismo presidente de la nación emergen en el polo opuesto. Son “el enemigo”, los que hacen de su pasión prístina e irrenunciable un vil negocio lucrativo y permanente. Los que se sirven del fútbol para horizontes propios.
Así es Bielsa. Su desidia es diáfana y frontal. Sin subrayados ni alharacas. Para entenderlo, hay que remontarse a los inicios del deté, allá en los potreros de Newell’s. Donde se formó a la sombra del respaldo popular, en un club de menor potestad deportiva pero con evidente convocatoria, donde el sueño se enconaba a la pretensión de los grandes. Con directivos mecenas, con la incertidumbre del fin de mes, sin el ordenamiento ni la prolijidad de las sociedades anónimas. Una verdadera contradicción al jefe técnico esquematizado, planificador en exceso y riguroso que conocemos hoy. Una objeción que se permite en cualquiera de nosotros. El origen sólo marca los ideales. Aunque los actos manden transitar por otros caminos.
Los tipos como Marcelo Alberto Bielsa son tan incorruptibles en su manera de pensar que prefieren evidenciar sus errores a tener que poner la otra mejilla. Poco importa el juicio de esa mitad más uno que definió a los nuevos gobernantes, la que hoy ve con distancia en su personaje predilecto a un declarado opositor. Los cinismos no valen. La consecuencia es la carta de presentación y engendra mensajes no verbales potentes. El no referirse públicamente a nada extrafutbolístico evade presiones, explicaciones o acosos. La postura es fácil de captar. Y nunca escapa al ámbito de lo impropio.
A veces, proyectar a estos individuos de discurso cohibido resulta fácil. Sólo hay que aplicar las leyes del equilibrio, las del sentido común. Su mirada frente al mundo se contraría con la arrogancia, con el brillo y la excentricidad. Lo suyo es lo acotado. Aunque no por ello se es inconsistente o frágil. Nuestro entrenador en el mundial tiene una particular manera de tomar partido. Y está bien. Denota decencia. Transparenta al ser por sobre el profesional. Lo humaniza y lo refrenda.
¿O no han visto como juegan los equipos del “Loco”? Se destacan o se equivocan, pueden ser eficaces o torpes. A veces ganan con honores, a veces pierden con reconocimiento. El denominador común es uno sólo. Siempre ir para adelante. Se afirman y amarran a una convicción. Por equivocada o absurda que esta sea. Son formatos ideológicos, de una sola línea. No hay bemoles, ni grises. No hay escalas ni matices…
De qué se espantan entonces

