google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Los primeros 100 días del gobierno de Sebastián Piñera

Los primeros cien días de gobierno de Sebastián Piñera están marcado por cuatro elementos significativos: primero, la instalación del gobierno fue torpe y se han cometido muchos errores no forzados;

segundo, ha levantado propuestas políticamente hábiles, que le han generado algunos conflictos en su coalición, pero que han neutralizado a su oposición; tercero, ha impulsado una política internacional más pragmática que ideológica, que lo ha posicionado bien en el ámbito internacional, y; por último, no ha conseguido desplegar un sello distintivo propio, que lo diferencie de los gobiernos de la Concertación.

Esto, sumado al incumplimiento de promesas claves durante su campaña, ha resentido su imagen pública frente a la ciudadanía.


La ansiada llegada de la derecha al ejecutivo, tras medio siglo sin ganar elecciones democráticas, fue muy desafortunada. Designaciones frustradas, como las de los casi gobernadores Ángelo Barbieri y José Miguel Stegmeier, son una muestra clara de esto. Barbieri fue nombrado gobernador de Los Andes y no pudo asumir por tener una deuda de más de $60.000 millones de pesos con DICOM. Mientras que Stegmeier no duró mucho más como gobernador del Bio-Bio, al descubrirse su vinculación con la ex Colonia Dignidad.


Pero este no fue el único tropiezo de su instalación. Los conflictos de interés en varios de los nombramientos de sus nuevos ministros y subsecretarios y el anuncio de la distribución de $8.000 millones de pesos entre tres grandes cadenas de construcción sin licitación, se suman a la lista de errores no forzados de un gobierno que da muestras claras de su inexperiencia.


Si a esto le agregamos el conflicto innecesario entre el Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter y un parlamentario de la Concertación, y las declaraciones anacrónicas del ex embajador en Argentina, Miguel Otero, se confirma que la inexperiencia política de su equipo asesor, ha contribuido al aproblemado inicio del gobierno de Piñera.


A pesar de estos inconvenientes y su mal manejo, Sebastián Piñera ha sabido neutralizar a su oposición. Integrar la reforma impositiva transitoria en su Plan de Reconstrucción, sumar a ex personeros concertacionistas en su gobierno, promover las reformas políticas que la Concertación nunca pudo – la inscripción automática, el voto voluntario y el derecho a voto de los chilenos que viven en el exterior son claros ejemplos- Piñera dejó sin capacidad de reacción a una Concertación que todavía no termina de explicarse su derrota electoral. No es menor que su primer discurso de 21 de mayo haya finalizado con la venia final de todos los asistentes, donde la Concertación asombró por su  entusiasmo.


Piñera ha entendido la sutileza de la política internacional y su primera gira fuera de Chile lo confirmó. Fue una elección acertada visitar primeramente a Brasil y a Argentina, dos potencias regionales. Sus encuentros con Obama y Sarkozy refrendan este punto. No verse seducido por la trinchera internacional ha sido un factor que nadie esperaba de él, y muchos pensaban que asumiría una postura más personalista en este ámbito. Hoy, enfrenta un gran desafío ante las presiones que la DC y sectores de la Coalición por el Cambio impulsan para que adopte una postura más crítica hacia Chávez. ¿Privilegiará la operación interna para cooptar a sectores de la DC o se inclinará por continuar con su línea pragmática en materia internacional?


Pero no es posible efectuar un balance de lo que ha hecho Piñera, si no analizamos las dificultades incomprensibles que ha tenido para cumplir con las promesas más controversiales de su campaña. La ambigua fórmula que utilizó para desprenderse de Lan y la aún pendiente venta de Chilevisión, le han hecho un flaco favor a su imagen pública.


Además, las malas pasadas que le ha jugado su personalidad, como en su visita a la selección chilena, y sus inolvidables chascarros (como matar a Nicanor Parra, hablar de Checoslovaquia como un país aún existente, decir “MAREPOTO” y “TUSUNAMI”) hacen que lo único distintivo de su gobierno y los de la Concertación, sea su presidente.


En definitiva, el balance de los primeros cien días del gobierno de Piñera no puede ser bueno, pues el mismo Sebastián Piñera se encargo de generar muchas expectativas para este período. Su sello del “cambio” no se ha reflejado en su gobierno y la opinión pública así lo ha percibido. En esto, las encuestas son elocuentes y evalúan mejor que cualquier analista este primer período del gobierno de Piñera.   


Cientista Político del Programa de Políticas Públicas de la Academia de Humanismo Cristiano.