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Agosto 19, 2026

Vida artificial. Un hito de la ingeniería genética

El 20 de mayo del 2010, el científico estadounidense, Craig Venter, citó a los medios de comunicación mundiales a una conferencia en Maryland, donde se encuentra su centro de investigación. En ella dio una sensacional noticia: había dado el primer paso para crear vida artificial, creando en el laboratorio la primera célula controlada por un genoma sintético.

En sus propias palabras “esta es la primera especie autorreplicante que hemos tenido en nuestro planeta, cuyo padre es un computador”… “Son las primeras células sintéticas que se han hecho” Manifestó que esperaba que, con este avance, se pudiesen crear bacterias útiles que sirvan para generar energía, luchar contra el cambio climático o producir vacunas. Agregó “Pensamos que es un paso importante, tanto científica como filosóficamente. Ciertamente ha cambiado mi visión de la definición de lo que es la vida y de cómo ésta funciona”. “Es el inicio de una nueva era”
 
La espectacularidad del anuncio se vio algo disminuida, no solo por algunos reparos formulados por otros investigadores. También influyó la noticia concomitante de la seria crisis financiera de los países europeos con anuncios de despidos de empleados públicos, recorte de beneficios sociales, rebaja de salarios, depreciación del euro y caída de las acciones bursátiles. Se sumó además la amenaza de guerra entre las dos Coreas, por el hundimiento de un barco de guerra de Corea del Sur. Este copamiento de la agenda noticiosa conspiró contra el afán de protagonismo del científico.

La nueva bacteria, aludida por Venter, es fruto de 15 años de trabajo de un grupo de investigadores estadounidenses, encabezado por el mismo. Sus exitosas investigaciones precedentes sobre el genoma humano les abrió el camino al disponer de técnicas sofisticadas ya probadas. El primer paso fue la creación un virus artificial el 2003. El 2007. lograron transferir el genoma natural del Mycoplasma mycoides al Mycoplasma capricolum, asumiendo el primero el funcionamiento celular. El 2008, el equipo informó que había logrado crear un cromosoma sintético del Mycoplasma mycoides, utilizando bloques de material genético.

 La consecución actual fue fruto de una combinación de los dos últimos avances.. El equipo ocupó el ADN de la bacteria Mycoplasma mycoides. Basándose en este ADN como modelo, se sintetizaron, mediante computación, 1.08 millones de pares genéticos que componían este genoma (*). Lo reconstruyeron a partir de cuatro matraces con substancias químicas, uno para cada uno de los cuatro nucleóticos que componen el ADN – adenina, citosina, guanina y timina-  Luego vaciaron el ADN de otra bacteria (muy próxima evolutivamente), el mycoplasma capricolum y, en su lugar, introdujeron el genoma sintetizado en el laboratorio. Esta nueva célula , que denominaron “mycoplasma mycoides JC-syn 1.0”, comenzó a comportarse como un organismo inédito. El nuevo genoma pasó a controlar la célula vaciada de su información genética propia e inició la producción de proteínas que el ADN trasplantado le pedía. Cuando secuenciaron el ADN de las colonias de esta nueva bacteria, confirmaron que tenía el genoma sintético y que estaba produciendo proteínas del Mycoplasma Mycoides y no del Mycoplasma Capricolum. Observadas bajo un microscopio electrónico,.estas nuevas células se apreciaron de características normales, con membranas bien formadas y que se multiplicaban sin dificultad aparente. Fue la primera vez que un genoma, de elaboración en el laboratorio, colocado en otra célula, logra reproducirse., lo que constituye, sin lugar a dudas, un hito científico. En teoría, según los autores, una bacteria artificial podría transformarse en una “fabrica” de productos útiles como combustibles, fármacos y otras substancias, al agregarle determinados genes. El descubrimiento fue publicado en la prestigiosa revista Science. Se calcula que esta investigación costó unos US$ 40 millones.

(*)Para tener un índice de comparación, hay que considerar que la bacteria Escherichia coli posee 4.2 millones de pares genéticos, la mosca, Drosophila melanogaster, 140 millones y el ser humano 3.3000 millones

Algunos científicos arguyen que quizás sea vida, pero no es nueva ni tampoco totalmente artificial. Aceptan que se ha producido una forma sintética de célula, pero que, si no se hubiese contado con un modelo real en que basarse, esto no habría sido posible Sin embargo, reconocen que es un salto técnico muy importante, porque no es lo mismo hacer experimentos con 10.000 pares de bases que con un millón.  Otros cuestionan el empleo como huésped de un mycoplasma de estrecha similitud con el dador. Dicen que equivaldría a extraer el genoma de una bacteria y, en su lugar, colocar uno idéntico, pero elaborado en el laboratorio.
El biólogo molecular de la Universidad de Vanderbilt, Anthony Forster, dice: “es un logro ciertamente asombroso, pero esta investigación realmente no creó una forma de vida verdaderamente sintética, porque el genoma sintético fue colocado en una célula que ya existía”.
El ingeniero biomédico, James Collins de la Universidad de Boston, en la revista Nature, escribe: “Francamente los científicos no saben lo suficiente acerca de la biología como para crear vida. El trabajo publicado por Venter y su equipo es un importante avance en nuestra capacidad para hacer diseño o ingeniería de organismos, pero esto no significa que fabriquen vida desde cero”.

El biólogo molecular, Jesús de Mazo, del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España, opina: “Craig Venter ha ayudado a mejorar las técnicas y ampliar los métodos con que los científicos trabajamos hoy en día. Pero esta última investigación está bastante lejos de la concesión periodística de decir “creación de vida”. Venter es un buen científico pero tiene el peligro –como ocurre en otros campos- de los protagonismos. Porque estos grandes proyectos, con figuras de gran espectacularidad, a veces más inflada de lo que es, puede generar errores bastante graves”. Su colega del mismo centro, Pere Puigdom, considera a Venter como “un visionario, que no tiene ayuda pública, y que logra lo que se plantea”.

El Vaticano ha reaccionado con cautela. pero no ha puesto mayores reparos, pese a que podría extrapolarse que la vida fue producida automáticamente por la naturaleza, sin necesidad de un ser creador. El 21 de mayo, en el Osservatore Romano apareció un artículo del profesor, Carlo Bellieni, declarando “se trata de un trabajo de ingeniería genética de alto nivel, un paso más en la sustitución de parte de ADN. Pero en realidad no se ha creado vida. Se ha logrado un resultado interesante, que puede encontrar aplicaciones y que debe estar regulado, como todas las cosas que tocan el corazón de la vida. El peso del ADN es grande y grandes son las esperanzas puestas en las ciencias genéticas… No obstante, el ADN a pesar de ser un óptimo motor, no es la vida”, en realidad la vida no ha sido creada, solo se ha sustituido uno de sus motores”

El presidente Barack Obama quien, el 7 de octubre de 2009, le había otorgado a Venter la medalla Nacional de Ciencia y Tecnología, reaccionó con cautela. Exigió la creación de una Comisión Federal de Bioética que analizara las implicaciones de este hito y el resto de los avances que pudiesen surgir en el campo de la genética artificial. En esta forma satisfacía la verdadera paranoia norteamericana sobre la creación de nuevos agentes patógenos potencialmente a ser utilizados por terroristas.
 
Perfil de Craig Venter.

La personalidad de Venter les parecerá a los chilenos bastante familiar. Unido a un gran afán de protagonismo, ve cada actividad de su vida como una posibilidad de ganar dinero. En el mundo científico se le critica por considerar a la ciencia como un gran negocio. Siempre sus investigaciones han sido impulsadas por grandes intereses económicos. Su actual logro de crear vida parcialmente artificial es vista por él como un negocio de alta rentabilidad. Queda esto en evidencia en su compromiso con Exxon Mobil para diseñar algas capaces de capturar CO2 de la atmósfera y producir combustible, por una remuneración de US$ 600 millones. Varias veces ha debido defenderse ante los medios de comunicación que le incriminan de estar más interesado en las ganancias financieras que en extender los límites del conocimiento científico.

 Su ambición de figuración es inmoderada. Así, se le escucha con frecuencia interrogarse a sí mismo ¿“Tiene mi ciencia un nivel similar al de otras personas que han ganado el Nóbel?  Y se responde, indudablemente que sí”. Su estilo de vida es bastante atípico para un científico, movilizándose en jet y yate privado, disfrutando de su fortuna. Su pasatiempo es viajar en su yate por los océanos del mundo coleccionando formas de vida marina.

Tiene entusiastas seguidores que afirman que es uno de los más importantes científicos del siglo por sus numerosas e invaluables contribuciones a la investigación genética. Por otra parte, sus contradictores –que son numerosos- lo ven muchas con reservas

En 1984 ingresó al National Institute of Health , incorporándose al proyecto gubernamental para secuenciar la totalidad del el genoma humano. A los pocos años se sintió frustrado por la lentitud del avance del proyecto y comenzó a desarrollar su propia técnica para acelerarlo. Un vez logrado este objetivo, renunció al NIH. En 1998 creó la empresa Celera Genomics para secuenciar el genoma humano en solo tres años, convirtiendo el proyecto en una carrera de esfuerzos que daría resultados. El proyecto del gobierno a esa fecha estaba en el tercer año dentro de una planificación de 10 años. Venter logró diseñar un método mucho menos preciso, pero mucho más rápido para secuenciar el ADN. Así consiguió ser el primero en publicar el resultado, por lo que algunos lo llaman el “padre del genoma humano”  Venter, a la cabeza de  Celera Genomics intentó registrar la exclusividad de la secuencia del genoma humano mediante patente de propiedad intelectual. Se enfrentó a John Sulston de la Universidad de Manchester, parte de un proyecto público con significativos avances, quien obtuvo que la información fuera accesible a todos los científicos, frustrando los propósitos mercantiles de Venter.

Una vez que logró secuenciar el genoma humano, sin conseguir patentar el procedimiento y sus resultados, fundó el Instituto J. Craig Venter en San Diego, California. Contó para ello con importantes aportes de empresas, especialmente petroleras. Ahora Venter ha solicitado varias patentes sobre los organismos creados artificialmente, a los que ha denominado Synthia. Nuevamente se enfrenta con Sulston, quien afirma que la concesión de esas patentes sería extremadamente peligrosa. Dice este científico británico: “Tengo la esperanza que esta solicitud de patentes sea rechazada, porque le entregaría al Instituto J. Craig Venter el control de la ingeniería genética. Tendría el monopolio sobre una gran cantidad de técnicas”. Venter defiende la obtención de dichas patentes bajo el argumento que es importante reforzar la propiedad intelectual para promover la innovación.
 
Epílogo.

Hay que reconocer que el resultado la investigación de Craig Venter es un importante hito en el desarrollo de la bioingeniería genética. Quizás aún no es posible otorgarle todas las proyecciones que él ambiciona. Sin embargo, cabe esperar mayores progresos hechos por su equipo, dado que ningún otro laboratorio en el mundo dispone de elementos y técnicas tan sofisticadas como la de ellos para llevar adelante estudios tan complejos. En el crítico momento económico actual, los centros de investigación financiados con fondos estatales experimentan serias restricciones presupuestarias que limitan su accionar para competir en un terreno de alto costo. El mundo científico debe evitar minimizar los logros de Venter, provocado por el natural rechazo que ocasiona su desmedido afán egoísta de lucrar con sus investigaciones.