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Agosto 18, 2026

“La DC prepara el giro a la derecha; a su función histórica”

En declaraciones recogidas este martes por el diario electrónico El Mostrador el senador democratacristiano y candidato a la presidencia de su partido don Ignacio Walker señala. “No estoy dispuesto a abrir la Concertación a la izquierda de Arrate ni de Enríquez”

Estas declaraciones no son un exabrupto ni una exigencia de la campaña interna de la DC para elegir sus nuevas autoridades.

Esta línea política se corresponde claramente con el origen de la DC, con lo que ha sido la relación de la DC con la izquierda concertacionista en estos 20 años y claramente preludia el giro hacia Piñera de la DC.

La Democracia Cristiana surge en el mundo a fines de los años cincuenta como un esfuerzo mancomunado entre El Vaticano y el gobierno norteamericano por detener “el avance del comunismo”.

La Democracia Cristiana tuvo especial éxito en Italia y Chile. Se instrumentalizaron las demandas sociales de la clase trabajadora, que venía representando la izquierda, y se hablo, en el caso chileno de”revolución en libertad” o “revolución sin sangre”. De verdad, y como dijo muy bien Fidel Castro, en su oportunidad, lo que se dió fue “sangre sin revolución”.

Con el apoyo cultural de la Iglesia Católica, abierta y desembozadamente desde todas sus parroquias y con la acción política y financiera de la CIA, fué creciendo la Democracia Cristina chilena.

El informe Hinchey del senado norteamericano recopila detalladamente la intervención norteamericana en Chile que tuvo como eje central detener el avance de la izquierda fortaleciendo a la Democracia Cristiana.

El año 1964 la DC fué la barricada con que los norteamericanos, utilizando la campaña del terror, evitaron el triunfo de Salvador Allende. La DC actuó claramente como un partido que en lo esencial era conservador del sistema de dominación capitalista subordinado a los norteamericanos.

La reforma agraria era una modernización capitalista, no era en si misma una transformación socialista, aunque al transformar al campesino en sujeto histórico creaba esa potencialidad.

Surgieron contradicciones al interior de la DC como consecuencias de su discurso cínico, que propiciaba transformaciones, pero que se plasmaba en una práctica conservadora. Pero los progresistas fueron siempre minoría.

Durante el gobierno de la Unidad Popular la DC dio cobertura política y especialmente de masas a la ofensiva contrarevolucionaria de la derecha. Sin ella no habría sido tan fácil derrotar la revolución chilena.

Luego del golpe Eduardo Frei escribió una larga y embustera carta al presidente mundial de la DC justificando el golpe militar ante el repudio que este recibía de sus pares en el mundo. Sólo abandono su apoyo a Pinochet cuando quedó claro que no sería llamado al gobierno, para ello debieron correr varios años.

Los generales más ligados a la DC como Sergio Arellano ( Caravana de la Muerte) y Oscar Bonilla fueron quienes tuvieron el comportamiento más brutal en materia de represión, hasta que fueron aventados del ejército o de la vida misma

La DC hizo a partir de los ochenta cuanto pudo por terminar con la dictadura, pero también por evitar su derrocamiento. Se atuvo a la orientación de los norteamericanos, democracia representativa y mercado neoliberal, fuera de ella la sociedad civil y la izquierda, como actores relevantes. El Consenso de Washington.

Ayer lo díjo claramente Pablo Longueira en La Moneda ” desde un punto de vista ideológico los gobiernos de la concertación fueron de derecha”.

El modelo neoliberal profundizado por la concertación tuvo como sustento político la subordinación política e ideológica del Partido Socialista a la Democracia Cristiana. Esa es la única relación que la DC puede sostener con la izquierda si quiere seguir cumpliendo su función histórica, para seguir siendo lo que es.

Para la DC es difícil sino imposible ser oposición real al gobierno de Piñera, una oposición real debiera proponer nacionalizar el cobre, la educación pública, detener las privatizaciones, reformas laborales, una politica internacional de integración con América Latina etc.., nada de eso puede hacer la DC sin negarse a si misma.

No hay contradicciones esenciales entre la DC y el gobierno de Piñera, eso ya ha quedado demostrado en las complacientes declaraciones de los parlamentarios DC al discurso del 21 de Mayo, en su común empeño en agredir a Cuba.

Piñera no es exactamente la derecha de la Alianza, eso se percibe día por día, cada día más. Hay una derecha ahí en construcción. Con esa derecha, que dice defender los DDHH, que no es cavernícola en materias laborales, es decir al única derecha que puede sobrevivir en el siglo XXI la DC no tiene ninguna contradicción fundamental.

Es evidente que la DC partido hábil y experimentado, con dirigentes más prontos a las responsabilidades del poder que a las testimonialidades congruas de las oposición, no puede dejar de comprender que sin el Frente Amplio de Arrate y las fuerzas de MEO, la concertación no tiene posibilidad alguna de superar a la Alianza.

Todas las izquierdas en Chile, incluso aquellas que sólo conservan el nombre, se aprestan a “izquierdizarse”, incluso Osvaldo Andrade – ministro del gobierno neoliberal de Michelle Bachelet- habla de “un partido de los obreros y los trabajadores”, independiente de la sinceridad o convicción de estas declaraciones, lo importante es que marcan un curso objetivo de la situación política. Esto influirá en la concertación, por cierto.

La DC al rechazar a Arrate y MEO no se está condenando a la derrota, está preparando su partida. La DC retorna ahora de manera desembozada y no cínica como durante los gobiernos concertacionistas a su papel histórico, sostener y justificar el sistema de dominación. Los acuerdos de gobierno a que llegará con Piñera son sólo cosa de tiempo.

ROBERTO AVILA TOLEDO