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La crisis mundial más grave en la historia del sistema capitalista ha sido provocada por el capital financiero internacional, con sus latrocinios, irresponsabilidades y especulaciones, y con sus políticas de despojo de los recursos naturales de todos los pueblos.
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La prosperidad y las altas ganancias de los bancos contrastan en toda Europa con el aumento de la desocupación y la pobreza. La evasión fiscal, por otra parte, es normal en el caso de las grandes empresas y del capital financiero. Por ahí habría que comenzar el ajuste: expropiando los bancos, creando una banca nacional de desarrollo, haciendo pagar a los evasores.
Éste no sólo les mete la mano en el bolsillo a asalariados, pequeños comerciantes, artesanos, campesinos y jubilados, sino que también roba la soberanía de los pueblos junto con los recursos de todo tipo. La banca de negocios sucios Goldman Sachs, por ejemplo, indujo al gobierno conservador de Karamanlis, en Grecia, a endeudarse en condiciones leoninas. Inmediatamente el pueblo griego votó en forma aplastante en favor de los socialistas y contra las políticas de ajuste brutal que querían imponer los conservadores. Pero ese voto no valió nada, porque el FMI y los bancos decidieron por su parte e impusieron al gobierno de Atenas una política económica y una orientación fiscal opuestas a las exigencias de los electores, anulando así la soberanía de éstos e imponiendo a Grecia un gobierno financiero supranacional, con la complicidad del gobierno socialdemócrata, que prefirió suicidarse políticamente porque la alternativa era desconocer la deuda fraudulenta contraída por los conservadores a sugerencia de Goldman Sachs, hacer una auditoría de toda la deuda, meter presos a los responsables de ese atentado contra el pueblo y contra el país, hacer un plan de emergencia basado en aplicar impuestos a los beneficiarios de la crisis y a los que más tienen, para dar trabajo y promover la industralización local, y convocar a un referendo para decidir respecto del no pago de la deuda injusta y fraudulenta y de la política económica.
Éste no sólo les mete la mano en el bolsillo a asalariados, pequeños comerciantes, artesanos, campesinos y jubilados, sino que también roba la soberanía de los pueblos junto con los recursos de todo tipo. La banca de negocios sucios Goldman Sachs, por ejemplo, indujo al gobierno conservador de Karamanlis, en Grecia, a endeudarse en condiciones leoninas. Inmediatamente el pueblo griego votó en forma aplastante en favor de los socialistas y contra las políticas de ajuste brutal que querían imponer los conservadores. Pero ese voto no valió nada, porque el FMI y los bancos decidieron por su parte e impusieron al gobierno de Atenas una política económica y una orientación fiscal opuestas a las exigencias de los electores, anulando así la soberanía de éstos e imponiendo a Grecia un gobierno financiero supranacional, con la complicidad del gobierno socialdemócrata, que prefirió suicidarse políticamente porque la alternativa era desconocer la deuda fraudulenta contraída por los conservadores a sugerencia de Goldman Sachs, hacer una auditoría de toda la deuda, meter presos a los responsables de ese atentado contra el pueblo y contra el país, hacer un plan de emergencia basado en aplicar impuestos a los beneficiarios de la crisis y a los que más tienen, para dar trabajo y promover la industralización local, y convocar a un referendo para decidir respecto del no pago de la deuda injusta y fraudulenta y de la política económica.
Éste no sólo les mete la mano en el bolsillo a asalariados, pequeños comerciantes, artesanos, campesinos y jubilados, sino que también roba la soberanía de los pueblos junto con los recursos de todo tipo. La banca de negocios sucios Goldman Sachs, por ejemplo, indujo al gobierno conservador de Karamanlis, en Grecia, a endeudarse en condiciones leoninas. Inmediatamente el pueblo griego votó en forma aplastante en favor de los socialistas y contra las políticas de ajuste brutal que querían imponer los conservadores. Pero ese voto no valió nada, porque el FMI y los bancos decidieron por su parte e impusieron al gobierno de Atenas una política económica y una orientación fiscal opuestas a las exigencias de los electores, anulando así la soberanía de éstos e imponiendo a Grecia un gobierno financiero supranacional, con la complicidad del gobierno socialdemócrata, que prefirió suicidarse políticamente porque la alternativa era desconocer la deuda fraudulenta contraída por los conservadores a sugerencia de Goldman Sachs, hacer una auditoría de toda la deuda, meter presos a los responsables de ese atentado contra el pueblo y contra el país, hacer un plan de emergencia basado en aplicar impuestos a los beneficiarios de la crisis y a los que más tienen, para dar trabajo y promover la industralización local, y convocar a un referendo para decidir respecto del no pago de la deuda injusta y fraudulenta y de la política económica.
