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Cuando el pragmatismo se impone sobre la ética, las decisiones políticas pasan a ser justificadas por intereses coyunturales. Es el caso que nos ocupa. Se trata de la reunión entre los países latinoamericanos y de la Unión Europea celebrada en Madrid durante los días 17, 18 y 19 de mayo.
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Sin embargo, la reunión pasaría desapercibida si no fuera por la inclusión del presidente ilegítimo de Honduras, Porfirio Lobo. Los primeros en levantar la voz y cuestionar su presencia fueron los países miembros de la Unión de Naciones Sudamericanas y de la Alba. No están dispuestos a compartir mesa con uno de los responsables del golpe militar, la represión y la posterior farsa electoral que lo encumbró a la presidencia. Estar a su lado es tanto como avalar el exilio del ex presidente constitucional Manuel Zelaya, la muerte de campesinos y militantes del Frente Nacional de Resistencia Popular, la censura de prensa, el asesinato político y la violación continua y permanente de los derechos humanos que siguen bajo el mandato de Lobo. Pero el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha tirado de historia y logrado un acuerdo de mínimos. Restablecidas las vías diplomáticas entre ambos países, España consideró indispensable la presencia institucional de Honduras en la cumbre, más aún cuando la presidencia de la Unión Europea recae en España. ¿Cuál es la solución propuesta?
Mientras tanto, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, era recibido con honores y agasajos por sus correligionarios populares y el propio gobierno. A él, nadie lo tocó. La secretaria del Partido Popular no le preguntó sobre las acciones de los paramilitares, los falsos positivos, las desapariciones, las fosas comunes, los hornos crematorios, cuasi rayando en el nazismo, o los más de 150 mil desaparecidos, como denunció, en La cumbre alternativa, la senadora colombiana Piedad Córdova. Por cierto, imposibilitada de hablar en la cumbre oficial a petición del gobierno de Colombia.
Mientras tanto, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, era recibido con honores y agasajos por sus correligionarios populares y el propio gobierno. A él, nadie lo tocó. La secretaria del Partido Popular no le preguntó sobre las acciones de los paramilitares, los falsos positivos, las desapariciones, las fosas comunes, los hornos crematorios, cuasi rayando en el nazismo, o los más de 150 mil desaparecidos, como denunció, en La cumbre alternativa, la senadora colombiana Piedad Córdova. Por cierto, imposibilitada de hablar en la cumbre oficial a petición del gobierno de Colombia.
Mientras tanto, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, era recibido con honores y agasajos por sus correligionarios populares y el propio gobierno. A él, nadie lo tocó. La secretaria del Partido Popular no le preguntó sobre las acciones de los paramilitares, los falsos positivos, las desapariciones, las fosas comunes, los hornos crematorios, cuasi rayando en el nazismo, o los más de 150 mil desaparecidos, como denunció, en La cumbre alternativa, la senadora colombiana Piedad Córdova. Por cierto, imposibilitada de hablar en la cumbre oficial a petición del gobierno de Colombia.
