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El capital utiliza la crisis que él mismo ha provocado y maneja para reducir ulteriormente los derechos y las conquistas históricas de los trabajadores, aumentar el número gigantesco de desocupados para pesar sobre los ocupados y sus salarios, y reducir al máximo sus ingresos reales.
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La autogestión del territorio y de sus recursos es también la construcción del poder en las mentes y en la sociedad, y de relaciones estatales democráticas y participativas que no pueden ser remplazadas por un aparato estatal burocrático neodesarrollista, dedicado a encarar reformas económicas y sociales, por importantes y bienvenidas que puedan ser. El aparato de Estado actual, cualquiera sea el gobierno, norma la integración del país en el mercado mundial capitalista y no es expresión de un inexistente socialismo comunitario. El Estado, en general, como relación de fuerzas entre las clases, es un terreno de la lucha de éstas, no un instrumento por arriba de la misma. Por eso los movimientos sociales defensores del mundo y la vida hoy atacado y que quieren preparar el porvenir, deben ser independientes del poder estatal y de sus instrumentos (como las instituciones, comprendidas entre éstas los partidos oficiales y la burocracia) y deben construir un poder dual frente al capital y el Estado. Si las leyes dan margen para eso, tanto mejor; si no, hay que hacer leyes mejores. Pero en ningún caso las leyes o la Constitución garantizan por sí mismas el éxito de la lucha, porque no son más que un pedazo de papel en la boca de un cañón. Lo decisivo es, por tanto, construir una relación de fuerzas favorable a la toma de conciencia anticapitalista.
La crisis económica y la ecológica integran la ofensiva del capital contra los explotados y oprimidos, y contra la civilización resultante de la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad, para toda la humanidad). Por eso lo que sucede en Grecia o en España nos atañe directamente. Por eso no puede haber una solución meramente ecológica a la destrucción ambiental y la depredación de los recursos naturales, los cuales son finitos o pueden serlo, y a la desaparición de las otras especies. Por eso la defensa del ambiente debe hacerse –como destacó Evo Morales en la cumbre de Cochabamba– en el contexto de la lucha por un cambio de régimen. Pero éste no puede consistir sólo en la adopción de medidas ambientalistas o democratizadoras, sino que debe estar clara y políticamente dirigida a acabar con el poder de los hambreadores, despojadores, neoesclavistas y depredadores.
La crisis económica y la ecológica integran la ofensiva del capital contra los explotados y oprimidos, y contra la civilización resultante de la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad, para toda la humanidad). Por eso lo que sucede en Grecia o en España nos atañe directamente. Por eso no puede haber una solución meramente ecológica a la destrucción ambiental y la depredación de los recursos naturales, los cuales son finitos o pueden serlo, y a la desaparición de las otras especies. Por eso la defensa del ambiente debe hacerse –como destacó Evo Morales en la cumbre de Cochabamba– en el contexto de la lucha por un cambio de régimen. Pero éste no puede consistir sólo en la adopción de medidas ambientalistas o democratizadoras, sino que debe estar clara y políticamente dirigida a acabar con el poder de los hambreadores, despojadores, neoesclavistas y depredadores.
La crisis económica y la ecológica integran la ofensiva del capital contra los explotados y oprimidos, y contra la civilización resultante de la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad, para toda la humanidad). Por eso lo que sucede en Grecia o en España nos atañe directamente. Por eso no puede haber una solución meramente ecológica a la destrucción ambiental y la depredación de los recursos naturales, los cuales son finitos o pueden serlo, y a la desaparición de las otras especies. Por eso la defensa del ambiente debe hacerse –como destacó Evo Morales en la cumbre de Cochabamba– en el contexto de la lucha por un cambio de régimen. Pero éste no puede consistir sólo en la adopción de medidas ambientalistas o democratizadoras, sino que debe estar clara y políticamente dirigida a acabar con el poder de los hambreadores, despojadores, neoesclavistas y depredadores.
