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Mi paso por el mundillo de las multinacionales en Europa y en los EEUU me dejó sensibilizado con los temas del mercadeo, de la argumentación de venta, de la confrontación de la competencia, en fin tú ya sabes, esa vaina del “libre mercado”.
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Con los yanquis aprendí que ellos compran “cost for value”, una boludez genial, hay que ser sobrino del Tío Sam para imaginar que uno pudiese comprar “cost for peanuts”, a mí los amerloks no dejan de sorprenderme.
Y aun cuando no fui a Harvard, cuidé bien de grabarme en el cucumelo una exigencia que me hizo un gringo cuando le hablaba de las tecnologías en las que soy especialista. Pensando que se las quería vender me pidió que le dijese cuales eran las “compelling reasons to buy”. Contrariamente a nuestros boludos nacionales que creen que la tecnología puede suplir su falta de competencia y su ignorancia, al gringo en cuestión la tecnología se la sudaba. Lo que él quería conocer eran las razones “que debiesen obligarlo a comprar”, algo así como “si no tengo esta novedad del año mi boliche se va cortado”. Pragmatismo puro.
En eso pensé cuando me enteré de la campaña de promoción de las “Mediaguas Piñera, esas que hay que reparar antes de usarlas siquiera”. O si prefieres, “Mediaguas Piñera, la vivienda chapucera”, cuestión lema o consigna el tema da para mucho.
Si decenas de miles de familias damnificadas, la mayor parte de modesta condición, estuviesen en situación de preguntarle al especulador Piñera (tengo para mí que Sebastián nunca ha sido emprendedor, sino más bien especulador financiero), si esas familias pudiesen preguntarle digo, cuales son las “compelling reasons to buy” esas pijoteras mediaguas… ¿Cuál sería la respuesta?
Si quienes ya estaban en “situación de calle” antes del terremoto, y las familias que se quedaron en la calle como consecuencia del seísmo, en fin los vagabundos que así se llaman en el castellano castizo quienes no tienen residencia fija, exigieran “cost for value”, ¿qué podría darles Piñera?
Si te vas a un país normalillo, no digo del primer mundo sino un país normal, y les cuentas que Mediaguas Piñera quiere suministrarte una pinche vivienda precaria que hay que reparar ANTES de terminar de montarla, simplemente no te creen. Si vas y le agregas que el propio presidente de la república hace oficio de ferretero cantándole loas a los productos de sellado, de impermeabilización y de estanqueidad poniéndose dentro de una mediagua que un secuaz moja con una manguerita que arroja un chorrito de meo prostático, te toman por un serio candidato al Open Door también conocido como Sanatorio El Peral. Ahora si vas hasta precisar que te indemnizan por una inevitable inundación que se producirá en caso de lluvia… puede que te hagan la pregunta del millón: “Y si las Mediaguas Piñera son tan chantas como queda en evidencia, ¿Por qué no construyen una vivienda digna? ¿Ah?”
Yo no tengo respuesta para eso. Resuena en mis oídos ese proverbio que escuché en algún sitio: “El mal ajeno es muy llevadero”. Los patriotas que nos desgobiernan desde hace ya treinta y siete años tienen una paciencia de santo para con la desgracia ajena, para con la miseria de los otros. El pueblo de Chile no existe, es invisible, es un cero a la izquierda, no cuenta. Atrévete a sugerir un aumento de impuestos al puñado de privilegiados que posee este país y verás la diferencia.
Por eso, porque al pueblo de Chile se lo pasan por la epidermis escrotal, Mediaguas Piñera osa proponer rucas dotadas de una especie de preservativo, acompañadas del tradicional alambrito con el que el ingenio nacional repara todo. Solo que ahora hemos progresado gracias a la proverbial modernidad del líder de los empresarios: el alambrito viene incluido en la ruca. Sin sobrecosto.
Y aun cuando no fui a Harvard, cuidé bien de grabarme en el cucumelo una exigencia que me hizo un gringo cuando le hablaba de las tecnologías en las que soy especialista. Pensando que se las quería vender me pidió que le dijese cuales eran las “compelling reasons to buy”. Contrariamente a nuestros boludos nacionales que creen que la tecnología puede suplir su falta de competencia y su ignorancia, al gringo en cuestión la tecnología se la sudaba. Lo que él quería conocer eran las razones “que debiesen obligarlo a comprar”, algo así como “si no tengo esta novedad del año mi boliche se va cortado”. Pragmatismo puro.
En eso pensé cuando me enteré de la campaña de promoción de las “Mediaguas Piñera, esas que hay que reparar antes de usarlas siquiera”. O si prefieres, “Mediaguas Piñera, la vivienda chapucera”, cuestión lema o consigna el tema da para mucho.
Si decenas de miles de familias damnificadas, la mayor parte de modesta condición, estuviesen en situación de preguntarle al especulador Piñera (tengo para mí que Sebastián nunca ha sido emprendedor, sino más bien especulador financiero), si esas familias pudiesen preguntarle digo, cuales son las “compelling reasons to buy” esas pijoteras mediaguas… ¿Cuál sería la respuesta?
Si quienes ya estaban en “situación de calle” antes del terremoto, y las familias que se quedaron en la calle como consecuencia del seísmo, en fin los vagabundos que así se llaman en el castellano castizo quienes no tienen residencia fija, exigieran “cost for value”, ¿qué podría darles Piñera?
Si te vas a un país normalillo, no digo del primer mundo sino un país normal, y les cuentas que Mediaguas Piñera quiere suministrarte una pinche vivienda precaria que hay que reparar ANTES de terminar de montarla, simplemente no te creen. Si vas y le agregas que el propio presidente de la república hace oficio de ferretero cantándole loas a los productos de sellado, de impermeabilización y de estanqueidad poniéndose dentro de una mediagua que un secuaz moja con una manguerita que arroja un chorrito de meo prostático, te toman por un serio candidato al Open Door también conocido como Sanatorio El Peral. Ahora si vas hasta precisar que te indemnizan por una inevitable inundación que se producirá en caso de lluvia… puede que te hagan la pregunta del millón: “Y si las Mediaguas Piñera son tan chantas como queda en evidencia, ¿Por qué no construyen una vivienda digna? ¿Ah?”
Yo no tengo respuesta para eso. Resuena en mis oídos ese proverbio que escuché en algún sitio: “El mal ajeno es muy llevadero”. Los patriotas que nos desgobiernan desde hace ya treinta y siete años tienen una paciencia de santo para con la desgracia ajena, para con la miseria de los otros. El pueblo de Chile no existe, es invisible, es un cero a la izquierda, no cuenta. Atrévete a sugerir un aumento de impuestos al puñado de privilegiados que posee este país y verás la diferencia.
Por eso, porque al pueblo de Chile se lo pasan por la epidermis escrotal, Mediaguas Piñera osa proponer rucas dotadas de una especie de preservativo, acompañadas del tradicional alambrito con el que el ingenio nacional repara todo. Solo que ahora hemos progresado gracias a la proverbial modernidad del líder de los empresarios: el alambrito viene incluido en la ruca. Sin sobrecosto.
“Mediaguas Piñera. ¡Te las puedes meter donde quieras!”
