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El futuro inmediato de la Legión de Cristo se antoja incierto. Según el comunicado del Vaticano publicado el 1º de mayo, el papa Benedicto XVI va tomar el control de la orden y a través de un delegado operará una profunda revisión, redefinirá el carisma, modificará los estatutos y constituciones internas de la orden; transformará el ejercicio de autoridad y, por si fuera poco, le espera un proceso de purificación.
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Aquí hay una bomba de tiempo que los incisivos medios italianos perseguirán. Sin embargo, en el ámbito local no debemos olvidar que Marcial Maciel fue el actor religioso que supo sacar el mayor provecho al sistema político mexicano. Los ochenta y noventa, fueron décadas de poderío y soberbia. Las visitas del Papa eran plenamente dominadas por Maciel al determinar quién asistía a sus actos privados, quiénes se sentaban cerca o lejos del pontífice en los púbicos, a quién veía y a quién ignoraba. En estos años de cenit, no debemos olvidar que Maciel fue priísta: conformó junto con el nuncio Girolamo Prigione el llamado Club de Roma que era el brazo político religioso en la CEM, que velaba por la preservación del viejo sistema priísta. Maciel fue mentor de la trayectoria de Norberto Rivera y de su posicionamiento mediático. Maciel, junto con obispos como Onésimo Cepeda, Emilio Berlié, Juan Jesús Posadas Ocampo, entre otros, apoyados por Sodano en Roma, conformaron un grupo de poder que interactúo particularmente con Carlos Salinas de Gortari –otro adicto al poder– para delinear el papel social y político de la Iglesia en México. En el gobierno foxista, vía la legionaria Marta Sahagún, hay también capítulos de opacidad y discrecionalidad en transferencias de recursos mediante Sedeso, Lotería Nacional, Indesol, junto con otras dependencias gubernamentales a obras legionarias. En la refundación de los legionarios, es un momento de verdad para Benedicto XVI, y está en juego mucho más que la depuración de la congregación, porque pone en evidencia el lado oscuro de la propia sociedad mexicana.
Mientras, aun se hace leña del árbol caído de la imagen de Maciel, a manos de aquellos políticos y famosos comunicadores que hasta hace poco lo defendían con posturas timoratas y sobre todo con silencios cómplices. El caso de los legionarios va más allá de la violencia sexual y de la reprobable conducta de este mesías degenerado. Su muy al estilo de la corrupción mexicana, salpica a las más altas esferas del Vaticano. Está en ciernes un nuevo escándalo en Roma. Con testimonios de los propios legionarios, recogidos por Jackson Barry, conocemos ahora cómo Maciel corrompía, compraba las lealtades y favores de personajes encumbrados, como Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, o su secretario particular, Stanislao Dziwisz, hoy cardenal arzobispo de Cracovia; el finado Alfonso López Trujillo presidente del pontificio consejo para la familia; Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la Iglesia Católica, por mencionar algunos. Sobres millonarios a la curia, nombramientos de obispos afines, operaciones contra los jesuitas, cruzadas contra la teología de la liberación y campañas por la canonización de Juan Diego, son algunas acciones emprendidas.
Mientras, aun se hace leña del árbol caído de la imagen de Maciel, a manos de aquellos políticos y famosos comunicadores que hasta hace poco lo defendían con posturas timoratas y sobre todo con silencios cómplices. El caso de los legionarios va más allá de la violencia sexual y de la reprobable conducta de este mesías degenerado. Su muy al estilo de la corrupción mexicana, salpica a las más altas esferas del Vaticano. Está en ciernes un nuevo escándalo en Roma. Con testimonios de los propios legionarios, recogidos por Jackson Barry, conocemos ahora cómo Maciel corrompía, compraba las lealtades y favores de personajes encumbrados, como Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, o su secretario particular, Stanislao Dziwisz, hoy cardenal arzobispo de Cracovia; el finado Alfonso López Trujillo presidente del pontificio consejo para la familia; Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la Iglesia Católica, por mencionar algunos. Sobres millonarios a la curia, nombramientos de obispos afines, operaciones contra los jesuitas, cruzadas contra la teología de la liberación y campañas por la canonización de Juan Diego, son algunas acciones emprendidas.
Mientras, aun se hace leña del árbol caído de la imagen de Maciel, a manos de aquellos políticos y famosos comunicadores que hasta hace poco lo defendían con posturas timoratas y sobre todo con silencios cómplices. El caso de los legionarios va más allá de la violencia sexual y de la reprobable conducta de este mesías degenerado. Su muy al estilo de la corrupción mexicana, salpica a las más altas esferas del Vaticano. Está en ciernes un nuevo escándalo en Roma. Con testimonios de los propios legionarios, recogidos por Jackson Barry, conocemos ahora cómo Maciel corrompía, compraba las lealtades y favores de personajes encumbrados, como Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, o su secretario particular, Stanislao Dziwisz, hoy cardenal arzobispo de Cracovia; el finado Alfonso López Trujillo presidente del pontificio consejo para la familia; Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la Iglesia Católica, por mencionar algunos. Sobres millonarios a la curia, nombramientos de obispos afines, operaciones contra los jesuitas, cruzadas contra la teología de la liberación y campañas por la canonización de Juan Diego, son algunas acciones emprendidas.
