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Contra las previsiones que vieron con optimismo la nueva colaboración con Estados Unidos, los escenarios de la frontera se complican a uno y otro lado, pues a la violencia en lugares como Ciudad Juárez (citado sólo como ejemplo paradigmático) se suma ahora la campaña racista emprendida por el gobierno de Arizona.
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Está de moda hablar de corresponsabilidad, mas eso significa poco o nada si no se concreta en propuestas que beneficien la cohesión social, la paulatina disminución de las inequidades que separan a la realidad de los dos países, sin renunciar a la soberanía nacional, como al parecer plantean algunos críticos a los que les gustaría, sencillamente, que Estados Unidos se tragara a México, como ya ocurrió con buena parte del territorio en el siglo XIX.
En sentido opuesto se despliega la pretensión de criminalizar a los indocumentados o de someter a sus comunidades a una ciudadanía de segunda categoría, sin reconocer, por otra parte, que las expresiones extremas de esta actitud excluyente se cristalizan como resultado de la traducción mecánica de todos los problemas sociales en una variante del tema de la seguridad que domina desde el ataque a las Torres Gemelas las estrategias fronterizas estadunidenses, aunque el presidente Obama no se sienta solidario con algunas. Es por ello que, al denunciar los ataques xenófobos y racistas, México tendría que poner en el primer plano una hipótesis sobre el futuro de las relaciones entre ambas naciones, es decir, una reflexión acerca de lo que se propone como nación en el contexto peculiar de la globalización (o lo que vaya quedando de ella tras los ajustes propiciados por la crisis).
En sentido opuesto se despliega la pretensión de criminalizar a los indocumentados o de someter a sus comunidades a una ciudadanía de segunda categoría, sin reconocer, por otra parte, que las expresiones extremas de esta actitud excluyente se cristalizan como resultado de la traducción mecánica de todos los problemas sociales en una variante del tema de la seguridad que domina desde el ataque a las Torres Gemelas las estrategias fronterizas estadunidenses, aunque el presidente Obama no se sienta solidario con algunas. Es por ello que, al denunciar los ataques xenófobos y racistas, México tendría que poner en el primer plano una hipótesis sobre el futuro de las relaciones entre ambas naciones, es decir, una reflexión acerca de lo que se propone como nación en el contexto peculiar de la globalización (o lo que vaya quedando de ella tras los ajustes propiciados por la crisis).
En sentido opuesto se despliega la pretensión de criminalizar a los indocumentados o de someter a sus comunidades a una ciudadanía de segunda categoría, sin reconocer, por otra parte, que las expresiones extremas de esta actitud excluyente se cristalizan como resultado de la traducción mecánica de todos los problemas sociales en una variante del tema de la seguridad que domina desde el ataque a las Torres Gemelas las estrategias fronterizas estadunidenses, aunque el presidente Obama no se sienta solidario con algunas. Es por ello que, al denunciar los ataques xenófobos y racistas, México tendría que poner en el primer plano una hipótesis sobre el futuro de las relaciones entre ambas naciones, es decir, una reflexión acerca de lo que se propone como nación en el contexto peculiar de la globalización (o lo que vaya quedando de ella tras los ajustes propiciados por la crisis).
