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Después de Augusto fuiste el más grande. Cómo olvidarte. Comprobaste que era posible salvar de la contaminación ideológica de los años sesenta a un grupo de elegidos, en el rincón mismo del planeta, porque ya no se podía en la patria destruida.
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Comprobaste que se podía, en medio del caos de la vorágine izquierdista que azotaba el mundo y amenazaba a este país, edificar una sociedad nueva, ordenada, con jerarquía preestablecida, con trabajadores de horarios estrictos y tareas precisas, que no recurrían a la organización sindical, a las huelgas, a los paros, y que no inventaban reivindicaciones; con mujeres que no pedían reconocimientos de igualdades inexistentes y que se educaban para olvidarse del sexo; con niños que no aspirarían a ser “pingüinos” y que todos los días a beber la sabiduría en tu mano generosa.
Nada de China del 49.
Nada de Cuba del 59.
Nada de París del 68.
Nada del Chile del 20, del 38 y del 70.
Nada de igualitarismos inhumanos. Comprobaste que era justo separar a hombres y mujeres para que no cayeran en el pecado de la carne y se prepararan, incluso más allá de su débil voluntad, para, a su muerte, vivir eternamente en la gloria. Comprobaste que era bueno andar uniformados, vivir uniformados. Comprobaste que era útil educar a todos bajo una sola doctrina. Los indígenas de la región sabían de tu enclave étnico judeo-cristiano y soñaban con, en algún día remoto, caminar hacia ese paraíso. El mundo controlado por el socialismo y el izquierdismo –que hoy se cubre de “progresismo”- te levantó, ante tanto éxito, patrañas y calumnias. Aquí y en Europa, aún en Troisdorf. Te persiguieron.
Que eras totalitario.
Que eras nazi.
Que eras criminal.
Que eras déspota.
Que eras torturador.
Que ocultabas cadáveres.
Que ocultabas armas ilegales.
Y más.
Que escogías niños y abusabas de ellos.
Que eras un pedófilo.
Que abusabas de jóvenes.
Que esclavizabas.
Que asesinaste a Juan Maino y otros rojiverdes.
Estimado Paul: Descansa en la paz que juntos vivimos en “El Lavadero”.
Muy pronto tu nombre y tu obra volverán a brillar y vivirás eternamente junto a Jaime, que quiso para Chile una Dignidad como la tuya.
Tus amigos de siempre,
LARRAIN- FONTAINE- GUZMÁN ROMERO
HARDESSEN XX
VIAL XX
MÉNDEZ XX
XXXXXXXXXPINOCHETXXXXXXXXXXX
XX FERNÁNDEZ
XX DIEZ
XX FELIÚ
CHADWICK JARPA – MATTHEI – BOMBAL
Nada de Cuba del 59.
Nada de París del 68.
Nada del Chile del 20, del 38 y del 70.
Nada de igualitarismos inhumanos. Comprobaste que era justo separar a hombres y mujeres para que no cayeran en el pecado de la carne y se prepararan, incluso más allá de su débil voluntad, para, a su muerte, vivir eternamente en la gloria. Comprobaste que era bueno andar uniformados, vivir uniformados. Comprobaste que era útil educar a todos bajo una sola doctrina. Los indígenas de la región sabían de tu enclave étnico judeo-cristiano y soñaban con, en algún día remoto, caminar hacia ese paraíso. El mundo controlado por el socialismo y el izquierdismo –que hoy se cubre de “progresismo”- te levantó, ante tanto éxito, patrañas y calumnias. Aquí y en Europa, aún en Troisdorf. Te persiguieron.
Que eras totalitario.
Que eras nazi.
Que eras criminal.
Que eras déspota.
Que eras torturador.
Que ocultabas cadáveres.
Que ocultabas armas ilegales.
Y más.
Que escogías niños y abusabas de ellos.
Que eras un pedófilo.
Que abusabas de jóvenes.
Que esclavizabas.
Que asesinaste a Juan Maino y otros rojiverdes.
Estimado Paul: Descansa en la paz que juntos vivimos en “El Lavadero”.
Muy pronto tu nombre y tu obra volverán a brillar y vivirás eternamente junto a Jaime, que quiso para Chile una Dignidad como la tuya.
Tus amigos de siempre,
LARRAIN- FONTAINE- GUZMÁN ROMERO
HARDESSEN XX
VIAL XX
MÉNDEZ XX
XXXXXXXXXPINOCHETXXXXXXXXXXX
XX FERNÁNDEZ
XX DIEZ
XX FELIÚ
CHADWICK JARPA – MATTHEI – BOMBAL
