|
Mientras los diagnósticos procedentes de los organismos internacionales mantienen la tesis del repunte en los países centrales, la realidad cotidiana se muestra esquiva. Los llamados brotes verdes, eufemismo para identificar la voluntad de los bancos a prestar dinero y de los inversores a tomar riesgos, abriría nuevas expectativas de empleo y consumo.
|
Los aspirantes a pequeños empresarios asumieron los riesgos como un aliciente. En algunos países incluso se teorizó sobre esta nueva forma de ganarse la vida. Sea usted su propio empleado. El mensaje caló y muchos ingenuos creyeron en él. De esta manera no les importaba endeudarse, pagar créditos abusivos o simplemente apoyarse en los ahorros de toda una vida para emprender un negocio. Hubo quienes decidieron asociarse, formar pequeñas compañías de trabajadores con experiencia en pintura, fontanería, electricidad. Era el complemento perfecto al neoliberalismo. Sus representantes hablaban de dinero semilla, yacimientos de empleo o nichos de trabajo. Así, mientras despedía a los trabajadores de las empresas públicas y desregulaba el mercado, vendían los decálogos para convertirse en empresarios. No pocos introdujeron el tópico de hay que enseñarles a pescar y no darles el pescado. Los más se tragaron el anzuelo. Hubo osados que alquilaron e invirtieron en pequeños locales comerciales. Los nuevos centros de ocio captaron algunos. Otros lo hicieron en zonas de gran tránsito peatonal: cines o bulevares. Tiendas de animales, boutiques, panaderías para gourmet, locales acondicionados para albergar artículos de caza y pesca, restaurantes, librerías, ultramarinos, deportes, ropa de niños, concesionarios de marcas de alimentación, etcétera. Nadie les informó de los posibles fracasos. Pensaban en la bonanza de un capitalismo triunfante política, cultural y económicamente. Dormían plácidamente y no pensaron en un capitalismo en crisis, capaz de engullir todo lo que está en su camino para salvarse de su muerte.
En este momento quisiera abordar uno de los aspectos menos tratados cuando se analiza la actual crisis del capitalismo. Me refiero a la bancarrota de los miles de pequeños empresarios que han contratado una segunda o tercera hipoteca sobre sus bienes inmuebles y renunciado a la vida dulce de los años de bonanza. Ellos nunca imaginaron, así rezaba el catecismo de la economía de mercado, que verían desmoronarse las expectativas de gozar un futuro lleno de parabienes. La idea de lograr ganancias fáciles fue su equívoco.
En este momento quisiera abordar uno de los aspectos menos tratados cuando se analiza la actual crisis del capitalismo. Me refiero a la bancarrota de los miles de pequeños empresarios que han contratado una segunda o tercera hipoteca sobre sus bienes inmuebles y renunciado a la vida dulce de los años de bonanza. Ellos nunca imaginaron, así rezaba el catecismo de la economía de mercado, que verían desmoronarse las expectativas de gozar un futuro lleno de parabienes. La idea de lograr ganancias fáciles fue su equívoco.
En este momento quisiera abordar uno de los aspectos menos tratados cuando se analiza la actual crisis del capitalismo. Me refiero a la bancarrota de los miles de pequeños empresarios que han contratado una segunda o tercera hipoteca sobre sus bienes inmuebles y renunciado a la vida dulce de los años de bonanza. Ellos nunca imaginaron, así rezaba el catecismo de la economía de mercado, que verían desmoronarse las expectativas de gozar un futuro lleno de parabienes. La idea de lograr ganancias fáciles fue su equívoco.
