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El insólito cohecho que significó la promesa de campaña electoral del actual presidente Piñera, es decir, vote por mí, y si gano, pase a cobrar sus $40.000 en marzo, representa, al final de cuentas, un subsidio a la demanda, lo que no es usual en la doctrina impulsada por los ultraderechistas de Jaime Guzmán que patrocinaban el principio de subsidiariedad, es decir, el Estado subsidiando a las sociedades intermedias, en buenas cuentas, subsidio a la oferta.
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Sin embargo se trataba de ganar la elección, de engatusar a poco menos de 220.000 electores, había que privilegiar el “bien común”, el fin superior.
Los derrotados por esta artimaña, y otras cosas más que no es el caso recordar aquí, les han seguido el juego, han pedido que se dé más plata, y esto es comprensible dentro de la confusión que ha generado la derrota. Nadie quiere romper el encanto de recibir una lluvia de dinero desde la Moneda.
Todo el mundo se ha vuelto caritativo desde que don Francisco, la farándula y grandes empresarios que estuvieron en ese mega espectáculo llamado “Chile ayuda a Chile” (vistiendo una camiseta roja que los igualaba momentáneamente con sus casuales colegas telefonistas, empleados bancarios, recaudadoras y futbolistas), aunaron sus propósitos, en un acto que parecía ser el comienzo de la tan esperada “unidad nacional” que brindaba la casual explosión de la naturaleza.
A poco andar, comienza a despejarse la bruma formada por las lágrimas de los vencidos y otros fluidos segregados por la frenética alegría de los vencedores mezclada con el polvo en suspensión y la sal del terremoto-maremoto que golpeó como un mazazo en la cabeza a los habitantes del territorio denominado Chile.
Aparece tímidamente el subsidio a la oferta, el argumento que se escucha, es que mejor es un incentivo directo a las empresas (constructoras de casas de emergencia, madereras, y otras), para premiar la pronta entrega de esos bienes escasos y urgentes.
Todo parece normal y tranquilo hasta que se publica la circular 27 del ministerio del Interior y dirigida a los señores alcaldes suscritos al programa “manos a la obra”. Se trata de autorizarlos a girar con cuenta al Estado, de fondos para los programas de reconstrucción, estableciéndose en el punto 2, “Que los proveedores de materiales, son por el momento, las empresas Homcenter-Sodimac, Easy, y Construmart,…”
Derechamente subsidio a la oferta, representada en este caso por sociedades anónimas que controlan ese mercado con precios de hasta un 40% superior de los distribuidores medianos y pequeños que fueron desplazados en anterior guerra de precios. La obligación es abastecerse con empresas pagando un precio superior, es decir, subsidiando a una oferta cautiva.
Lo interesante de todo esto, es que viajan desde el más allá dirigentes antiguos del comercio detallista como Rafael Cumsille para defender a su sector que fue aliado de la burguesía que financió el derrocamiento de Allende, y que ahora sorprendidos, estaban siendo discriminados por la misma clase, más poderosa que antaño por cierto, y a la que se sentían naturalmente unidas con el gobierno que eligieron.
Tarea para la casa del gobierno será la de arreglar este entuerto, se encontrarán soluciones parciales. Tarea de la oposición, tomar nota.
Está claro que Piñera encabeza un gobierno de clase, la voracidad del sector que es parte y que representa, le ha hecho tener un traspié significativo. Esta vez no es la nominación de sus amigotes en puestos claves como gobernadores e intendentes, ahora se ha perfilado una falla, la llamada clase media representada por el amplio sector de comerciantes medianos y detallistas, por las PYMES, ha sido enmarcadas en un nuevo plano.
Existe una evidente lucha de intereses entre la gran empresa y la mediana, esta lucha que lideraba la clase alta, que ocurría en el mercado favorecida por las políticas económicas y de impuestos impulsada por el estado burgués que administró 20 años la Concertación , ahora, cuando se ha instalado personalmente en el gobierno la gran empresa, terminará inexorablemente por ganarla.
Cuando se rompa el hechizo de la clase media “aspiracional” que sueña con que la dejen entrar al paraíso del consumo, cuando se termine por convencer la pequeña burguesía que sus aliados son los trabajadores puesto que tienen un verdadero enemigo común, cuando los alicaídos sindicatos se sacudan de sus dirigentes corruptos y obsecuentes, cuando la vanguardia política de la izquierda se sacuda también y tome en sus manos las banderas originales, cuando los habitantes del territorio llamado Chile se percaten también de la depredación silenciosa del medio ambiente que ejercen las grandes empresas energéticas, madereras y mineras.
Cuando Chile empiece a ser otro porque los chilenos lo hayamos querido así, entonces podremos sentirnos seguros, el tiempo para el pueblo está malo, de nosotros depende el futuro, no se trata de voluntad, se trata de claridad.
La unidad nacional sólo puede nacer de un nuevo pacto social consensuado, en un verdadero régimen democrático, con representantes generados por un sistema electoral proporcional, no con el binominal.
Atte. René Dintrans
erredintrans@yahoo.es
http://blogdintrans.blogspot.com/
Los derrotados por esta artimaña, y otras cosas más que no es el caso recordar aquí, les han seguido el juego, han pedido que se dé más plata, y esto es comprensible dentro de la confusión que ha generado la derrota. Nadie quiere romper el encanto de recibir una lluvia de dinero desde la Moneda.
Todo el mundo se ha vuelto caritativo desde que don Francisco, la farándula y grandes empresarios que estuvieron en ese mega espectáculo llamado “Chile ayuda a Chile” (vistiendo una camiseta roja que los igualaba momentáneamente con sus casuales colegas telefonistas, empleados bancarios, recaudadoras y futbolistas), aunaron sus propósitos, en un acto que parecía ser el comienzo de la tan esperada “unidad nacional” que brindaba la casual explosión de la naturaleza.
A poco andar, comienza a despejarse la bruma formada por las lágrimas de los vencidos y otros fluidos segregados por la frenética alegría de los vencedores mezclada con el polvo en suspensión y la sal del terremoto-maremoto que golpeó como un mazazo en la cabeza a los habitantes del territorio denominado Chile.
Aparece tímidamente el subsidio a la oferta, el argumento que se escucha, es que mejor es un incentivo directo a las empresas (constructoras de casas de emergencia, madereras, y otras), para premiar la pronta entrega de esos bienes escasos y urgentes.
Todo parece normal y tranquilo hasta que se publica la circular 27 del ministerio del Interior y dirigida a los señores alcaldes suscritos al programa “manos a la obra”. Se trata de autorizarlos a girar con cuenta al Estado, de fondos para los programas de reconstrucción, estableciéndose en el punto 2, “Que los proveedores de materiales, son por el momento, las empresas Homcenter-Sodimac, Easy, y Construmart,…”
Derechamente subsidio a la oferta, representada en este caso por sociedades anónimas que controlan ese mercado con precios de hasta un 40% superior de los distribuidores medianos y pequeños que fueron desplazados en anterior guerra de precios. La obligación es abastecerse con empresas pagando un precio superior, es decir, subsidiando a una oferta cautiva.
Lo interesante de todo esto, es que viajan desde el más allá dirigentes antiguos del comercio detallista como Rafael Cumsille para defender a su sector que fue aliado de la burguesía que financió el derrocamiento de Allende, y que ahora sorprendidos, estaban siendo discriminados por la misma clase, más poderosa que antaño por cierto, y a la que se sentían naturalmente unidas con el gobierno que eligieron.
Tarea para la casa del gobierno será la de arreglar este entuerto, se encontrarán soluciones parciales. Tarea de la oposición, tomar nota.
Está claro que Piñera encabeza un gobierno de clase, la voracidad del sector que es parte y que representa, le ha hecho tener un traspié significativo. Esta vez no es la nominación de sus amigotes en puestos claves como gobernadores e intendentes, ahora se ha perfilado una falla, la llamada clase media representada por el amplio sector de comerciantes medianos y detallistas, por las PYMES, ha sido enmarcadas en un nuevo plano.
Existe una evidente lucha de intereses entre la gran empresa y la mediana, esta lucha que lideraba la clase alta, que ocurría en el mercado favorecida por las políticas económicas y de impuestos impulsada por el estado burgués que administró 20 años la Concertación , ahora, cuando se ha instalado personalmente en el gobierno la gran empresa, terminará inexorablemente por ganarla.
Cuando se rompa el hechizo de la clase media “aspiracional” que sueña con que la dejen entrar al paraíso del consumo, cuando se termine por convencer la pequeña burguesía que sus aliados son los trabajadores puesto que tienen un verdadero enemigo común, cuando los alicaídos sindicatos se sacudan de sus dirigentes corruptos y obsecuentes, cuando la vanguardia política de la izquierda se sacuda también y tome en sus manos las banderas originales, cuando los habitantes del territorio llamado Chile se percaten también de la depredación silenciosa del medio ambiente que ejercen las grandes empresas energéticas, madereras y mineras.
Cuando Chile empiece a ser otro porque los chilenos lo hayamos querido así, entonces podremos sentirnos seguros, el tiempo para el pueblo está malo, de nosotros depende el futuro, no se trata de voluntad, se trata de claridad.
La unidad nacional sólo puede nacer de un nuevo pacto social consensuado, en un verdadero régimen democrático, con representantes generados por un sistema electoral proporcional, no con el binominal.
Atte. René Dintrans
erredintrans@yahoo.es
http://blogdintrans.blogspot.com/
