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Agosto 18, 2026

El falso encanto de la burguesía o múltiples orígenes de la chantería criolla

Hemos hablado en estas semanas – porque así ha sido mostrado y demostrado­ ­– de la chantería de nuestra derecha, ahora en el poder político. No todas las derechas (expresiones políticas de la burguesía) son chantas ni siempre ha sido chanta la derecha chilena. 

La burguesía chilena, que vino a reemplazar en el dominio al Rey de España, tuvo en el siglo XIX distinguidos representantes y grandes dirigentes,  que ayudaron a expandir y consolidar su fuerza y hegemonía.

Portales, el  Presidente Joaquín Prieto, Manuel Montt, Benjamín Vicuña Mackenna, Alberto Blest Gana, Vicente Pérez Rosales, destacaron en Chile y América Latina, pero no se repitieron en el siglo XX. No hay grandes hombres de derecha en ese largo período. Barros Luco, Barros Jarpa (conocidos por los sánguches), Barros Borgoño, Gustavo Ross o Jorge Alessandri fueron políticos mediocres. El “gran derechista” del siglo fue, sin duda, Pinochet.

Desde 1920 hasta hoy, casi un siglo, la derecha ganó electoralmente sólo tres gobiernos: el de Arturo Alessandri de 1932, que terminó con la masacre del Seguro Obrero; el de Jorge Alessandri, que se distinguió por la masacre de la José María Caro, y el de Sebastián Piñera.

No hay intelectuales de derecha ni grandes poetas ni escritores reaccionarios chilenos, como los hubo en Perú (Vargas Llosa), Argentina (Jorge Luis Borges) o México (Octavio Paz). No hay filósofos, sociólogos, científicos, de la derecha chilena. Jorge Millas, Astolfo Tapia, Alejandro Lipchutz, Humberto Maturana y Francisco Varela no fueron intelectuales de derecha. No hay dirigentes universitarios en casi un siglo, salvo Jaime Guzmán, que fue  el teórico de la minoría neonazi.

Los “grandes” dirigentes sociales de la derecha chilena han sido Villarín, Moya y Cumsille.

Los “grandes” parlamentarios, Coloma, Arancibia y Moreira.

Los “grandes “escritores, Enrique Campos Menéndez, José Luis Rosasco y Roberto Ampuero  después de salir de Cuba y después de la caída de la RDA.

Los “grandes” pensadores políticos, Hernán Buchi, Alessandri Bessa, Arturo Frei, Francisco Javier Errázuriz, Joaquín Lavín, Carlos Larraín, Piñera y Longueira.  Y ahora Von Baen y el subsecretario del interior de cuyo apellido no quiero acordarme.

El actual desarrollo burgués chileno se restableció a partir de 1973 por la fuerza bruta y la fuerza bruta es precisamente bruta.

Los “grandes emprendedores” actuales no crearon nada: se hicieron de las empresas estatales, explotaron la minería, el agua, la luz, la madera, los puertos o se dedicaron al comercio monopólico  u otros servicios aquí y en tierras tan lejanas como Lima, Buenos Aires o Guayaquil.

Y, además, les tocó relacionarse con trabajadores que sufrían de estados de excepción permanente, descabezamiento de dirigentes sindicales, desarticulación y toque de queda.

El promedio intelectual de las universidades chilenas de hoy es muy inferior al de los años    previos a 1973. Se acabó el prestigio internacional alcanzado por la Universidad de Chile o la Universidad Católica o la Federico Santa María hasta los años sesenta del siglo pasado.

Pero hay más.

La extracción social de las bases de derecha están en La Dehesa, San Damián y el lumpen de Cerro Navia o Huechuraba. También en la siutiquería de La Cisterna o San Bernardo que “se distingue” de San Ramón o El Bosque. No hay una capa media de profesionales o intelectuales orgánicos de derecha.

Los partidos de derecha, que son solamente dos (el Chile Primero y el PRI no existen) son excepcionales organismos políticos. Renovación Nacional no tiene dirigentes sino dueños, y la UDI empleados que, como tales, no influyen para nada en la dirección de la organización ni en la elección de dirigentes.

A ello hay que agregar que en la derecha no existen los expertos en  políticas públicas,  política internacional, de educación, de salud, de vivienda. Es gente, como dijo Hinzpeter, que se atreve a opinar mirando todo desde sus encapsulados escritorios. No es lo mismo “saber” hacer casas o caminos o puentes que saber planificar nacionalmente para enfrentar problemas de vivienda. No es lo mismo administrar una clínica para ricos que dirigir la salud de un país.

Las grandes cantidades de dinero y los grandes medios de comunicación sirven para ganar elecciones pero no son suficientes para gobernar.

Los problemas frondosos mostrados en menos de un mes por la derecha  en el gobierno no provienen de la inexperiencia. Provienen de las limitaciones de una clase en decadencia.

La derecha chilena es la primera escoba nueva que barre peor  y lo hace así por razones muy estructurales.