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Una rápida lectura de la prensa internacional te conecta despiadadamente con temas que molestan la conciencia universal. En Texas, Estado muy aficionado a usar y abusar de la pena de muerte, Hank Skinner supo que la Corte Suprema estatal suspendía su ejecución solo una hora antes de que le inyectaran un veneno letal.
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Hace 15 años que Skinner clama su inocencia y pide que se hagan pruebas de ADN para probarlo. No hace mucho el Estado de Texas ejecutó a un condenado del cual se probó, a posteriori, su inocencia. Texas, Estado de George W. Bush, ese que hizo legalizar la tortura para hacer confesar cientos de musulmanes detenidos ilegalmente en diferentes países, y que en su inmensa mayoría eran inocentes. El mismo que inventó la prisión de Guantánamo que industrializó la tortura y fue sustraída a la jurisdicción de los tribunales estadounidenses. Guantánamo, un Abu Ghraib en territorio cubano. Los parlamentarios socialistas tienen razón cuando hacen declaraciones a propósito de los derechos humanos en Cuba. ¡Bravo! En este mismo momento Sergio e Isabel deben estar redactando una declaración de condena a la tortura y la pena de muerte en los EEUU.
El New York Times cuenta que un cura yanqui sospechoso de haber violado unos 200 niños discapacitados, escapó al rigor de ley gracias a un cierto Cardenal Ratzinger en los años noventa. Ratzinger, Ratzinger, el nombre te dice algo, pero no se trata del Ratzinger que dirigía el coro de niños de Ratisbona en Alemania, niños que fueron abusados por curas pedófilos. No. Se trata de su hermano, que cuando era Arzobispo de Munich protegió a un cura pedófilo para que siguiese una “terapia”, y que luego reincidió sin que el Arzobispo le denunciase a la justicia. Se trata del Ratzinger que en el Vaticano, como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, -dicasterio romano cuyo fin es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico-, protegió al cura yanqui que ahora denuncia el New York Times.
El año 1996 Lawrence Murphy, el cura acusado de abusos sexuales sobre los menores a su cargo, era objeto de un proceso secreto en un tribunal eclesiástico, razón por la cual le escribió al Cardenal Ratzinger una carta en la que dice “Quiero simplemente vivir el tiempo que me queda en la dignidad de mi sacerdocio. Por eso le pido su ayuda en este asunto”. Ninguna respuesta del Cardenal Ratzinger figura en los documentos revelados, pero el proceso secreto se detuvo. Lawrence Murphy murió dos años más tarde, en 1998, en plena “dignidad” sacerdotal. El vocero del Vaticano declara que se trata de “un asunto trágico”. Si no logras recordar quién es el Ratzinger de todas estas tristes historias, tal vez se deba a que cambió de nombre y ahora es más conocido como Benedicto XVI (o Bendito XVI, que es lo mismo) y oficia de Papa en Roma. La semana pasada, este Ratzinger, o sea el Papa de Roma, le escribió una carta a los fieles irlandeses pidiendo perdón por las “respuestas inadecuadas” de los obispos “que no afrontaron de manera justa y responsable las acusaciones de abusos” sexuales a menores en Irlanda. Abusos que fueron masivos a lo largo de varias décadas. Otros escándalos de pedofilia han sido revelados en Suiza, en Austria, en Italia, en Francia, y hace algún tiempo en la copia feliz del edén que no por nada está en la OCDE. ¡Saludos al Obispo Francisco José Cox!
Pero no hay de qué preocuparse visto que la Bancada Socialista se apresta, adarga al brazo y lanza en ristre, a embestir contra quienes atentan contra los derechos humanos. Sergio e Isabel deben estar escribiéndole al Papa de Roma, a Bendito XVI, al Ratzinger involucrado en estos lamentables hechos, para enrostrarle su hipocresía. No por nada se dijo: “Con la vara que mides serás medido”.
Porque esta gente de la Bancada Socialista es corajuda, valerosa. No se trata de diputaditos al peo que cuando se trata de Cuba, país pequeño y débil, aúllan con los lobos, porque eso sale gratis y viste mucho. No. Estos tíos son tan cojonudos que ahora se enfrentarán al imperio y al Vaticano.
El New York Times cuenta que un cura yanqui sospechoso de haber violado unos 200 niños discapacitados, escapó al rigor de ley gracias a un cierto Cardenal Ratzinger en los años noventa. Ratzinger, Ratzinger, el nombre te dice algo, pero no se trata del Ratzinger que dirigía el coro de niños de Ratisbona en Alemania, niños que fueron abusados por curas pedófilos. No. Se trata de su hermano, que cuando era Arzobispo de Munich protegió a un cura pedófilo para que siguiese una “terapia”, y que luego reincidió sin que el Arzobispo le denunciase a la justicia. Se trata del Ratzinger que en el Vaticano, como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, -dicasterio romano cuyo fin es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico-, protegió al cura yanqui que ahora denuncia el New York Times.
El año 1996 Lawrence Murphy, el cura acusado de abusos sexuales sobre los menores a su cargo, era objeto de un proceso secreto en un tribunal eclesiástico, razón por la cual le escribió al Cardenal Ratzinger una carta en la que dice “Quiero simplemente vivir el tiempo que me queda en la dignidad de mi sacerdocio. Por eso le pido su ayuda en este asunto”. Ninguna respuesta del Cardenal Ratzinger figura en los documentos revelados, pero el proceso secreto se detuvo. Lawrence Murphy murió dos años más tarde, en 1998, en plena “dignidad” sacerdotal. El vocero del Vaticano declara que se trata de “un asunto trágico”. Si no logras recordar quién es el Ratzinger de todas estas tristes historias, tal vez se deba a que cambió de nombre y ahora es más conocido como Benedicto XVI (o Bendito XVI, que es lo mismo) y oficia de Papa en Roma. La semana pasada, este Ratzinger, o sea el Papa de Roma, le escribió una carta a los fieles irlandeses pidiendo perdón por las “respuestas inadecuadas” de los obispos “que no afrontaron de manera justa y responsable las acusaciones de abusos” sexuales a menores en Irlanda. Abusos que fueron masivos a lo largo de varias décadas. Otros escándalos de pedofilia han sido revelados en Suiza, en Austria, en Italia, en Francia, y hace algún tiempo en la copia feliz del edén que no por nada está en la OCDE. ¡Saludos al Obispo Francisco José Cox!
Pero no hay de qué preocuparse visto que la Bancada Socialista se apresta, adarga al brazo y lanza en ristre, a embestir contra quienes atentan contra los derechos humanos. Sergio e Isabel deben estar escribiéndole al Papa de Roma, a Bendito XVI, al Ratzinger involucrado en estos lamentables hechos, para enrostrarle su hipocresía. No por nada se dijo: “Con la vara que mides serás medido”.
Porque esta gente de la Bancada Socialista es corajuda, valerosa. No se trata de diputaditos al peo que cuando se trata de Cuba, país pequeño y débil, aúllan con los lobos, porque eso sale gratis y viste mucho. No. Estos tíos son tan cojonudos que ahora se enfrentarán al imperio y al Vaticano.
