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Agosto 18, 2026

Con Cuba siempre

¿Se recordarán los socialistas enemigos de Cuba y sus socios en la cruzada anti cubana de la derecha y la Democracia Cristiana los nombres de Bobby Sands, Francis Hughes, Raymond McCreesh, Patsy O’Hara, Joe McDonnell, Martin Hurson, Kevin Lynch, Kieran Doherty, Thomas McElwee y Mickey Devine?

Eran presos políticos de Margaret Tatcher, amiga íntima y defensora de Augusto Pinochet y de quienes hoy gobiernan Chile.

La huelga de hambre de Sands y sus compañeros duró siete meses tras la cuales diez de ellos morían.  Esa huelga tuvo un eco mundial. En todos los países se alzaron voces para que se les permitiera acceder a sus demandas: usar sus ropas y no el uniforme de presidiario.

La Dama de Hierro, heroína de muchos actuales Ministros y parlamentarios, les negó el derecho a hacer ejercicio y a leer, a lo que los presos respondieron con la negativa a afeitarse, lavarse y vaciar sus orinales.

La lucha de los presos del IRA tuvo su respuesta en el exterior de las cárceles. A las grandes movilizaciones se sumó el inédito hecho del respaldo social expresado en las urnas. Las elecciones convirtieron a varios huelguistas de hambre en miembros del Parlamento: Bobby Sands, Kieran Doherty y Paddy Agnew. ¿Sus programas?: respaldar las reivindicaciones de los presos.

Bobby Sands morirá el 5 mayo. Cien mil personas le acompañaron en su funeral.

Se discute  la actitud de la revolución cubana ante la muerte desgraciada de un hombre después de una huelga de hambre. Se pone en el tapete la situación de los Derechos Humanos en Cuba a partir de este suceso. Desde los rincones más abyectos aparecen humanitarios de última hora, que en sus países secarían en la cárcel a quien trabaje para una potencia enemiga por dinero, pidiendo la pena del infierno para Cuba por la muerte de Zapata.

Orlando zapata exigía para su celda una cocina y un teléfono celular. Como cualquiera sabe, estas exigencias son inaceptables para cualquier sistema carcelario. Zapata fue un preso que tuvo la mala suerte de cruzarse en las evoluciones de quienes necesitan mártires con urgencia para estimular las reacciones de gentes como la que han hablado en nuestro país, lapidando a Cuba.

Abunda la información acerca de la real situación del pobre Zapata, muerto por la inducción criminal de quienes han sido desde hace más de cincuenta años enemigos jurados de la revolución cubana. Insensibles que permitieron que un hombre muriera para adjudicar dicha muerte a la revolución. El que quiera saber, sabe que se hicieron todos los esfuerzos médicos para salvar su vida. Pero la idea de quienes estimularon su protesta, era que muriera. Y así pasó.

Carcomidos por las dudas y por la potencia de la desinformación, muchos amigos de Cuba abren los ojos y callan la boca. No es primera vez que, haciendo pie en aquella minoría que disiente recibiendo financiamiento del imperio, voces de poca hombría intentan lapidar a Cuba. Basta que Milanés, tendrá sus razones de cantante exitoso, desliza una crítica, para que muchos se lancen en picada. Incluidos muchas buenas personas.

Durante los cincuenta años de la Revolución, infinitas veces se ha atacado a Cuba y su revolución con los mismos argumentos. Cada vez la historia se ha encargado de poner en su lugar la verdad.

Y cada vez Cuba, a pesar del escrutinio increíble a la que es sometida, sigue su curso en el silencio de la verdad honesta, más haciendo que diciendo, y compartiendo lo que tiene, no las sobras, sino lo que tiene para todos, sin pedir nada a cambio.

La dignidad es una sola y el decoro uno. No es posible que la Revolución sea capaz de las más grandes muestras de solidaridad y generosidad y, a la vez, tan criminal como para asesinar a un hombre. Nos recordamos al extremo que llegó la revolución para recuperar a uno sólo de sus niños cuando Elián fue secuestrado por el imperio. Por uno sólo de los nuestros, nos morimos todos, dijeron a coro.

La muerte del desgraciado Zapata es tan muerte con la de Sands y sus amigos. Pero se distancian en la gloria que dejan como estela. Como la que dejaron miles de internacionalistas cubanos que han muerto en otras tierras, bajo otras banderas como si fueran nacidos en esas patrias donde derramaron su sangre. Y no sólo soldados: profesores, ingenieros, socorristas, obreros y de otros oficios. Sin pedir nada a cambio.

La lamentable muerte de Zapata sólo dejó un reguero de desinformación, ataques a mansalva, dudas en muchos, declaraciones infundadas, palabras de artistas tembleques y pero también mucha solidaridad.

Y la decisión de muchos que estamos con Cuba y su revolución para lo que haya que hacer en su defensa, siempre.