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Agosto 19, 2026

Una oposición sin medios

Después del triunfo de la derecha, resulta claro que hay tres ámbitos privilegiados en los cuales se va a desarrollar la oposición política al actual gobierno, a saber: Parlamento. Medios y Movilización Social. Cada uno de ellos posee características que le son propias, sin  embargo, los tres están íntimamente ligados entre sí. Por lo tanto,  cualquiera sea la estrategia opositora al gobierno del señor Piñera,   debiera considerar todas las aristas involucradas en su quehacer  inmediato.

Durante los años concertacionistas, la cuestión parlamentaria se         convirtió en uno de los intereses centrales de los diversos partidos             políticos. Debido, en gran medida, a la legislación vigente, los equilibrios             en ambas Cámaras se han mantenido, y aún hoy persisten,  con muy      pocas variaciones significativas. Por ello, es previsible que gobierno y  oposición se vean forzados a “negociar” las distintas iniciativas             presentadas por el Ejecutivo.

 
Si en el ámbito legislativo se advierte un equilibrio, no se puede decir lo  mismo en el terreno de lo mediático. El diagnóstico es claro: la propiedad  y orientación de los medios de comunicación en Chile hace patente un marcado desequilibrio. Durante dos décadas de gobiernos  concertacionistas esta situación no sólo no se atenuó sino que tendió a    acentuarse. Todo el interés mostrado por los partidos políticos en posicionarse a nivel parlamentario, se transformó en desinterés a la hora de plantearse con una mínima seriedad el desarrollo de medios alternativos a los grandes monopolios.
 
En los estudios de comunicaciones, se sabe que los medios no actúan de manera aislada sino que conforman un “sistema” o un “régimen”, de suerte que, cualquier política debe ser pensada de manera integral. En   la actualidad, los medios electrónicos han desplazado a los medios  impresos. La televisión y los medios digitales han adquirido una  inusitada importancia estos últimos años. Asimismo, bajo ciertas condiciones, la radio FM mantiene cierto protagonismo. No obstante, la voz opositora debe encontrar múltiples cauces que incluyan lo impreso,   lo audiovisual y, ciertamente, lo digital.
 
Ninguno de los gobiernos concertacionistas se preocupó de proteger los precarios medios de comunicación desarrollados durante los años de la dictadura militar, más bien se los dejó al arbitrio del mercado, frente a poderosas y voraces empresas periodísticas nacionales y extranjeras. En pocas palabras, la Concertación renunció a una política  comunicacional digna de tal nombre, y hoy, convertida en oposición, su  negligencia se convierte en un costo político. No obstante, de poco sirve llorar sobre la leche derramada, la cuestión de fondo es cómo articular una política consistente para el desarrollo de medios opositores.
 
Una oposición sin medios de comunicación no es, tan sólo, una debilidad del conglomerado opositor. Una democracia en que los opositores             carecen de medios para hacer oír su voz, muestra, precisamente, el             feble tinglado democrático en que se sostiene la institucionalidad             chilena. La comunicación social en una democracia de baja intensidad,             como la nuestra, ha dejado de ser un problema de mercado para devenir             en un problema político de primera importancia para todos los             ciudadanos.
 
Por Álvaro Cuadra
            Investigador y docente de Escuela Latinoamericana de Postgrados, ELAP. Universidad ARCIS