google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Correcciones Elementales; la sobrecogedora novela de César Valdebenito

 Acaba de llegar a mis manos unas de las novelas más notables que he leído en los últimos años: Correcciones Elementales, publicado por ediciones C&M, y que es la primera novela del escritor César Valdebenito (Concepción, Chile, 1975).

En sus 249 páginas, Claudio Villanueva (el protagonista) nos narra sus años de vehemencia y desmadre en la ciudad de Concepción y sus recuerdos de infancia, en los que se alterna la comicidad, la ternura y la duda.
 
A medida  avanzamos en la historia nos encontramos con un  cuadro despiadado de personajes espléndidamente definidos, los cuales hacen trizas la imagen de la moral puritana de un Chile hipócrita, salen a relucir los dobleces y dobles caras de la ciudad de Concepción con sus ansiedades liberales y es entonces cuando nos damos cuenta que la novela ha penetrado en el desorden compulsivo de la conducta, el vicio (sea cual sea), o la muerte. Es un universo literario elegíaco, paranoico, discordante, en el cual el narrador nos presenta imperturbablemente la vida quebrada de personajes imperfectos, de las que alardea, como aquel que no quiere la cosa, al grado de descreer de la propia historia. Desde el comienzo, el lector se siente atraído con Claudio Villanueva  y cada uno de sus amigos de correrías. Lo más memorable es ver a estos seres cuando salen a la calle y se mezclan con la gente para compartir sus sentimientos. Los vemos suspirar y reconcomerse en aeropuertos, pasear por galerías céntricas, hacer actos de presencia, de mala gana, en cenas, pelearse con familias, contemplar escenas callejeras o inmiscuirse en ellas, dormir en los parques, inspeccionar boliches o habitaciones de hotel siempre en busca de un destino que no encuentran. Están aislados, solo con sus preocupaciones, que son, fundamentalmente, sexuales, escatológicas, nihilistas, abyectas, demoníacas.
 
En muchos de los episodios abundan los diálogos rápidos y certeros, casi a la manera de guión cinematográfico, la prosa extraordinariamente inteligente con su morbosa perspicacia, y como no destacar la fuerza del paisaje y el tono despersonalizado del narrador, que acrecienta el destino trágico de aquellos seres.
 
A Claudio Villanueva, por así decirlo, no le gusta lo que le atrae, y esta resentido con Dios por tal estado de cosas, su impotencia esporádica lo abruma, pero al mismo tiempo se burla de ella, junto a él encontramos al descabellado Preiss, un transexual que vive una promiscuidad absoluta. Encontramos a Carlota, una divertida judía neurótica y de temer, a su amante Romina; tan pretensiosa y tan inocente que da lástima, y también esta el obeso inocuo de Leonardo, junto a la delicada y deliciosa Caty y tantos otros. Todos ellos van hilando una trama dolorosa, divertida y humana, en la cual el autor utiliza un agudo ingenio, página tras página.
 
Esta novela pertenece a la escuela de no dejarse ningún recuerdo en el tintero y lo hace con un estilo personalísimo en el cual encontramos algo de Tobias Wolff, de Kafka, de Pynchon y de Carver, Bukowski, Bolaño y de todos y, no obstante, parece tan lejana a la particular mirada de cada uno de aquellos escritores. Así César Valdebenito se convierte en un intérprete subversivo de las convenciones de la ficción favorecido por las más amplias y laxas influencias. La imaginación del autor, al igual que Ballard, es apabullante, única, implacable e imposible, es como si la historia se dirigiera a una zona del cerebro que no es la habitual. Escapando de las modas, doctrinas y escuelas literarias, para más bien, introducirnos en una novela excéntrica.
 
A primera vista, parece dudoso relacionar la capacidad amatoria de Claudio Villanueva con su talento para el ingenio verbal; sin embargo, ambas cosas están poderosamente enlazadas, la habilidad verbal de Claudio se potencia después de cada encuentro carnal y viceversa. Su insaciabilidad, en este aspecto, es un intento de inmiscuirse en un mundo más vital. Sus mujeres son para él sus diccionarios de cabecera. Sin embargo, su única aventura sentimental feliz es enteramente platónica, y la fuerza social se encarga de que acabe pronto.
 
Como diría Harold Bloom, esta novela es un placer difícil. En ella hay una vivaz y agudísima reflexión acerca de la inercia, el inútil frenesí, el vacuo espiritualismos, la degradación del sexo, en fin, es como un río sin orillas, inagotable, capaz de entregar maravillas a quienes se sumergen en el.