google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Reconocimiento al trabajo del Consejo Mundial de Iglesias durante la dictadura

El pastor Charles Harper,  ex director de la Oficina de DDHH para  América Latina del Consejo Mundial de Iglesias (1973-1992), fue  galardonado el 4 de marzo,  con la orden  Bernando O’Higgins, en el  grado de Gran Oficial por el Embajador Carlos Portales, en su calidad de  representante permanente de Chile ante los organismos internacionales en  Ginebra. 

Harper, presbiteriano e hijo de un matrimonio misionero estadounidense  destacado en Brasil, ya en los años sesenta, formó parte del Comité  Inter Movimientos de Ayuda a los Evacuados(CIMADE), trabajando con  jóvenes e inmigrantes argelinos en Marsella. Desde entonces data su  compromiso en la liberación de las ex colonias portuguesas en Africa,  primero en el marco del CIMADE y luego como director del Centro  Internacional John Knox, apoyando a líderes perseguidos en Mozambique,  Angola y Cabo Verde entre muchos que llegarían a ser figuras claves en  la independencia de esos países.

Desde 1973,  Harper ocupó el cargo de director de la Oficina de Derechos  Humanos para América Latina del Consejo Mundial de Iglesias. Desde su  cargo desarrolló  una sistemática y enérgica denuncia en los foros internacionales de las violaciones de los derechos humanos y una eficaz  protección  de muchas personas perseguidas, encarceladas y torturadas en  países del continente.

Al recibir la condecoración Harper dijo: “El 11 de septiembre de 1973  hubo un terremoto en Chile, un terremoto político y militar originado en  la maldad humana, en el profundo pecado, que trajo la desesperación, la  muerte y el sufrimiento. Un terremoto que despertó la sensibilidad y la  conciencia de pueblos y naciones de todo el mundo”.  Recalcó que  “si  fue posible una respuesta,  se debió a la voluntad del Consejo Mundial  de Iglesias, a la comunidad de iglesias en muchos países comprometida en  un servicio a la humanidad fundamentado en la justicia”.

Harper recordó  la potente obra de lucha y  esperanza donada  a Ginebra  por el pintor  chileno José Venturelli, autor de siete vitrales alusivos  a los Derechos Humanos en el  templo de la Madeleine en el centro de  Ginebra. Años despues de su muerte, su hija obsequió al Consejo Mundial  de Iglesias un cuadro de su padre titulado “La Piedra”, que muestra a un  hombre de pie, protegido por el poncho andino, una mano cerrada y lista  para resistir mientras que la otra está abierta, llamando al diálogo. 

“Esa mano cerrada es un símbolo de la resistencia al poder ilegítimo y a  sus políticas de represión, la mano abierta representa el sueño de la  libertad y de la democracia reencontrada, una mano extendida a todos en  la nación y a todas las naciones, sin fronteras ideológicas ni políticas  y, dirigido a todos los pueblos del mundo.Una mano de esperanza. Es lo  que hemos visto y aprendido de Chile”, concluyó.

A la ceremonia en la residencia del Embajador Portales asistió  tambien  el pastor metodista uruguayo Emilio Castro, quien también recibió el 14  de octubre de 2009 la Orden de Bernardo O’Higgins, en el grado de
Comendador, por el reconocimiento en la defensa de los derechos humanos  en Chile.

Ahora y entonces, el Embajador Portales subrayó que “a través de esta  condecoración, mi país desea agradecer su trabajo en favor de la  protección de los derechos humanos y, fundamentalmente, todo lo que Ud.  y el Consejo Mundial de Iglesias hicieron por tanta gente que sufrió  durante la dictadura militar”. La Orden de Bernardo O’Higgins fue instituída en 1956 para recompensar a  personalidades extranjeras con una participación sobresaliente en las  artes, las ciencias, la educación, la industria y el comercio y la  cooperación humanitaria y social.

Durante su gestión como secretario general del Consejo Mundial de  Iglesias (1984-1992) el pastor Castro promovió y apoyó programas y  acciones de solidaridad de ese organismo con el pueblo chileno,  incluyendo a los exiliados y familiares de desaparecidos.A nombre de  éstos, Fernando Ruiz había solicitado a la Misión chilena otorgar estos  debidos reconocimientos. Los chilenos que llegaron a Suiza, recuerdan que en ese entonces, los  representantes ecuménicos de Chile y otros países de América Latina  alertaban la opinión pública sobre la amenaza militar y sobre la  creciente cantidad de personas perseguidas, detenidas o refugiadas  debido a sus ideas políticas y se pidió al Consejo Mundial de Iglesias,  con sede en Ginebra, que creara nuevos instrumentos ecuménicos, para  asegurar la protección de los derechos humanos en la región.

Las iglesias comprendieron rapidamente lo que estaba pasando y buscaron   una solución para ayudar a los perseguidos tanto chilenos como  extranjeros. Una delegación del Consejo viajó para coordinar esfuerzos con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en  Mendoza y otra delegación viajó para recoger información en las iglesias  de Santiago, Buenos Aires y Lima. Así se creó el Comité Pro Paz, junto  con la Iglesia Católica, bajo la autoridad del cardenal Raúl Silva  Henríquez y con el apoyo decidido de representantes de las Iglesias  Evangélicas Luterana, Metodista, Pentecostal y Ortodoxa.

Tanto Emilio Castro como Charles Harper hicieron posible la relación que  permitió responder a los pedidos de ayuda de las Iglesias miembros y  demás amigos ecuménicos en Chile. Al Comité Pro Paz, le sucedió la Vicaría de la Solidaridad asentada en las tradiciones progresistas del  Padre Hurtado, el Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación y  el Movimiento de Cristianos por el Socialismo, que están representados en el nudo dramático del trance social al interior de la Iglesia misma  que nos recuerdan a los curas Llido (desaparecido), Alsina (fusilado en  Santiago en 1973), Miguel Woodward (asesinado en el buque escuela Esmeralda apenas en septiembre 1973)…tres crucificados ue como escribe  Boero, “no es acaso la parrilla, el equivalente contemporáneo de la cruz?”

El apoyo del CMI a la resistencia moral ciudadana, a la lucha contra la  dictadura y contra el olvido de presos y desaparecidos fue enorme,  reconoce Fernando Ruiz, señalando que es gracias a estos esfuerzos  ecuménicos unidos al gran caudal pro-democracia que hemos logrado tener   una memoria histórica y una veintena de resoluciones de la Asamblea  General de NU que condenaron a los generales traidores de Chile y su gente. Por su destacada acción es que estabamos en deuda con  Emilio Castro, de  padre chileno, pastor metodista uruguayo y Secretario General del  Consejo Munial de Iglesias (1985-1992) y con Charles R Harper en su  papel de director ejecutivo de la Oficina de Derechos Humanos del CMI para AL (1973-1992). Ambos  se opusieron a las injusticias y lograron que muchas otras  congregaciones, autoridades y organismos tambien se unieran a la  protesta, tales como El Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados  (CONAR), el Comité de Cooperación para la Paz en Chile (COPACHI), la  Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), la Vicaría  de la Solidaridad del Arzobispado (ICR) de Santiago, el Servicio  Evangélico para el Desarrollo (SEPADE), el Centro Ecuménico Misión  Urbana Rural (CEMUR) entre otras. Porque ambos pastores lucharon incansablemente por la restitución de la  democracia en Chile,  el representante de Memoria y Justicia, subraya  que el gobierno democrático chileno tenía que oir esta demanda de  contribuir al reconocimiento  de  los que han hecho posible volver a  abrir las grandes alamedas…

Desde Ginebra,
María Inés Bussi