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Agosto 18, 2026

Michelle

Fui a despedir a Michelle el 11 de marzo. Estuve en la esquina de Moneda con Teatinos y vi a viejas y viejos amigos de la DC, el PS y el PPD.que la despedían emocionados proclamándola para el 2014. Me pareció que había que cerrar así el círculo que abrimos con el triunfo del No en 1988. 

Me distancié de la Concertación bajo su gobierno y voté en primera vuelta por Arrate pero mi ligazón con Michelle no es pequeña y mi alejamiento, que he explicado muchas veces, no tiene que ver directamente con el ejercicio de Michelle.

Creo que conocí a Michelle hace unos 55 años en la piscina de los Gajardo, en el paradero 28 de la Gran Avenida. La familia de los Gajardo poseía en la calle Riquelme, a poco más de una cuadra de la Gran Avenida, una piscina en su casa, que hicieron pública en un sector en el que no había otra. Y la familia de Michelle vivía muy cerca de la casa de los Gajardo. Michelle era una linda rubiecita de dos o tres años, que ya nadaba con su mamá y su papá.

Muchos años después nos vimos en el PS. En el gobierno de Frei Ruiz Tagle fuimos parte de uno de los equipos asesores de Camilo, junto a Erazo, Barrios, Arteagabeitía y el Pelao Néspolo. Creo que en ese tiempo Michelle se destacaba en la Anepe.

En el gobierno de Lagos, cuando asumió como Ministra de Salud, trabajé con ella y la asesoré en comunicaciones. Lo hice, junto a Carvajal y la Jupi, hasta que Lagos me mandó a Haití. Fueron días muy intensos.

En 2004, cuando era Ministra de Defensa, le pedí que aceptara ser candidata a Presidenta de la República, que ella era la única que podría derrotar a la derecha. No todos pensaban así en el PS. Menos en la DC.

Ya en su gobierno la vi varias veces visitando a Pancho Mouat, mi primo, en su lecho de enfermo en la Clínica de la Universidad Católica. Estuve a su lado en el momento en que, con María Elsa, lanzó las cenizas de Pancho al mar entre Reñaca y Concón.

Creo que Michelle ha sido la única Jefe de Estado social cristiana verdadera que ha tenido Chile, incluyendo a todos los jefes de estado que ha tenido este país. La única, en 200 años, que aplicó una política caritativa y solidaria con el prójimo, al estilo de lo que debía ser según las encíclicas sociales.

Los cristianos que gobernaron Chile entre 1891 y 1938 no fueron social cristianos. Por el contrario. La jerarquía de la iglesia no lo fue hasta Silva Henríquez. Y no lo ha vuelto a ser.

Eduardo Cruz Coke no lo pudo hacer. Fue derrotado por González Videla. Tomic tampoco. Fue derrotado por Allende. El reformismo de Frei Montalva tuvo que ver más con la modernización del capitalismo en Chile y la Alianza para el Progreso en América que con las encíclicas.  Y el gobierno de Allende, apoyado por algunos social cristianos, fue un gobierno marxista y revolucionario.

El social cristianismo nunca quiso “liquidar” el capitalismo. Soñó con reformarlo optando por “los pobres”.

Los socialistas de hoy, en occidente, aspiran  no a  “liquidar” el capitalismo sino a reformarlo y, en el mejor de los casos, a construir “estados de bienestar” en los que los pobres y todos los subalternos mejoren su estatus.

Michelle, en el gobierno, asumió que la economía es una sola, y que Chile está inserto en el capitalismo mundial, y pensó que, en las actuales condiciones políticas, lo más que se podía hacer era preocuparse preferentemente por los pobres, cooperar con ellos y protegerlos.

Nadie en la historia de Chile asumió desde La Moneda la opción por los pobres como Michelle. Se jugó por destinar más recursos estatales a la previsión social, a los jardines infantiles, a la educación pública, a la vivienda. Instauró los bonos que van en ayuda de los más necesitados y obligó a la derecha a imitarla para parecer popular. El bono piñerista de este marzo no habría sido sin Michelle.

Las mujeres pobres de Chile recibieron de ella beneficios como nunca antes, pero muchas de ellas votaron por el candidato de la derecha.

No dirigió, como antes lo hicieron Arturo Alessandri, Aguirre Cerda, Frei Montalva, Allende, Aylwin y Lagos. Fue más bien un referente, un ícono, un símbolo del feminismo sensato y de lo justo, de lo bueno.

Incluso, negoció con el Ejército el trato que se le dio, a su muerte, al dictador, lo que evidentemente no correspondía. Las FFAA. siguieron siendo, en su gobierno, un compartimento estanco.

No pareció que a Michelle le doliera mucho que la Concertación perdiera, al fin de su mandato, la Presidencia de la República.

No tengo claro por qué.

Creo que pesó más en ella el salir de La Moneda como una reina, aclamada por la mitad del país y bien calificada por el 85 por ciento, a pesar de los esfuerzos comunicacionales dictatoriales de la derecha.

Michelle mostró su corazón socialista chileno cuando corrió a visitar a Fidel en La Habana y cuando titubeó, con razón, en mandar inmediatamente a los militares a las calles después del gran terremoto. Todavía hoy la escuela prusiana y la práctica pinochetista, aunque en retirada, influyen en la conducta de las FFAA.

Sin duda Michelle es una carta progresista para 2014 y una adversaria a la que Lavín, Allamand y Longueira deben temer.

Nos vemos, Michelle.