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“Queda por indagar si los inventos mecánicos han aligerado el trabajo humano”, preguntaba John Stuart Mill en sus Principios de economía política. Marx le responde: ese no era su objetivo. Las máquinas, como cualquier invento capitalista, son un método particular para incrementar la tasa de ganancia.Los cultivos transgénicos son un instrumento del capital para transformar un proceso de producción. Su objetivo no es combatir el hambre, ni terminar con la pobreza. |
Si los cultivos transgénicos son el mejor ejemplo de una trayectoria tecnológica fallida, ¿por qué se interesa el capital en ellos para acometer con nuevos bríos esta lucha por dominar el campo? Porque las empresas trasnacionales no han recuperado las inversiones que hicieron en su apuesta con esta tecnología fracasada y hoy la crisis les aprieta por todos los frentes.
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Para que un cultivo transgénico permita aumentos en rendimientos comparables a los de la revolución verde se necesitaría modificar la de una planta. Para lograr ese resultado habría que manipular una mayor cantidad de genes. Esa proeza exigiría una capacidad tecnológica que hoy no está disponible y probablemente nunca lo estará. Si la biotecnología pudiera manejar el mismo número de genes que el de patentes que controlan los abogados de las empresas trasnacionales, quizás las cosas serían distintas. Se ha dicho que los biotecnólogos quieren jugar a dios. Sería más certero decir que sólo juegan al aprendiz de brujo con unas cuantas piezas extraviadas de un lego que no conocen.
Para que un cultivo transgénico permita aumentos en rendimientos comparables a los de la revolución verde se necesitaría modificar la de una planta. Para lograr ese resultado habría que manipular una mayor cantidad de genes. Esa proeza exigiría una capacidad tecnológica que hoy no está disponible y probablemente nunca lo estará. Si la biotecnología pudiera manejar el mismo número de genes que el de patentes que controlan los abogados de las empresas trasnacionales, quizás las cosas serían distintas. Se ha dicho que los biotecnólogos quieren jugar a dios. Sería más certero decir que sólo juegan al aprendiz de brujo con unas cuantas piezas extraviadas de un lego que no conocen.Para que un cultivo transgénico permita aumentos en rendimientos comparables a los de la revolución verde se necesitaría modificar la de una planta. Para lograr ese resultado habría que manipular una mayor cantidad de genes. Esa proeza exigiría una capacidad tecnológica que hoy no está disponible y probablemente nunca lo estará. Si la biotecnología pudiera manejar el mismo número de genes que el de patentes que controlan los abogados de las empresas trasnacionales, quizás las cosas serían distintas. Se ha dicho que los biotecnólogos quieren jugar a dios. Sería más certero decir que sólo juegan al aprendiz de brujo con unas cuantas piezas extraviadas de un lego que no conocen.
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