|
La designación del gabinete del futuro gobierno de Sebastián Piñera daba la primera oportunidad para que quienes serán oposición anticiparan algo de lo que será su accionar en los cuatro años que se vienen.
|
¿Cuál es la característica más llamativa del primer gabinete que tendrá el gobierno Piñera? Depende de que opiniones escuche o lea se lo llamará un gabinete “técnico”, “de Harvard” (por la casa de estudios en las que varios de sus miembros cursaron estudios en Estados Unidos) o “de gerentes”. En algunos círculos opositores se ha insistido en los potenciales conflictos de interés que al parecer varios de los futuros ministros podrían enfrentar dados el carácter de los negocios con los cuales están vinculados y los portafolios ministeriales que tendrán bajo su responsabilidad. Otras reacciones sin embargo han revelado solamente desorientación.
Por cierto es siempre difícil para un conglomerado político que se transforma en oposición luego de ser derrotado inapelablemente, el poner su mejor cara y enfrentar la nueva situación con la necesaria firmeza, adelantando sus críticas desde ya y prediciendo escenarios sobre la base de los nombres, antecedentes e intereses de los nominados al gabinete, mientras al mismo tiempo no apresurarse a aparecer – al menos ante el público menos politizado – como movido por motivaciones mezquinas, que su respuesta parezca ser “la del picado”, como se diría en buen chileno…
Es por esto mismo que es de primera importancia saber afinar muy bien la puntería de la crítica, por lo menos cuando se habla del discurso político de mayor peso, no incluyo en esto a las bromas y la sátira política que siempre pueden hacerse como una suerte de condimento para caricaturas editoriales, para chistes de bar, o a veces como simple mecanismo psicológico de desahogo ante la indignación que la derrota electoral puede producir y el hecho que la derecha vuelva en gloria y majestad. Sin embargo, si en este muy complicado momento para las fuerzas de izquierda y centro-izquierda no se tiene claro qué es lo central y qué lo accesorio, el análisis político va a ser inconducente y simplemente no va a ser tomado en serio por la opinión pública a la cual se quiere influir. Y tomando en cuenta la confusión existente a nivel del público en general y de gran parte de la izquierda en particular, hacer esa distinción entre lo sustancial y lo accesorio es de primera importancia, si no las opiniones de nuestros flamantes voceros opositores sólo van a contribuir a la confusión.
Por ejemplo, cuando se intenta hacer gran caudal de que Piñera habría dado “premios de consuelo” al designar en su gabinete a candidatos a parlamentarios derrotados como Joaquín Lavín (futuro ministro de Educación) o Ena von Baer (Secretaría General de Gobierno), se está perdiendo tiempo y energía en un asunto que no tiene importancia alguna. Por lo demás un tal comentario puede ser un boomerang para quienes lo hacen: recuérdese que Ricardo Lagos fue designado ministro de Obras Públicas en el primer gobierno concertacionista luego de perder su postulación al senado. Lagos de ahí en adelante ocupó otros cargos ministeriales habiendo cierto consenso en que no lo hizo mal. Ciertamente su experiencia ministerial le debe haber ayudado para posicionarse como presidenciable.
Tampoco es de gran sustancia perder el tiempo en especular cuánto tiempo va a permanecer Jaime Ravinet en el gabinete, una vez más, hacer tales especulaciones sólo hacen aparecer como “picado” al que las hace. En cambio lo que sí cabe enfatizar es la “vuelta de chaqueta”, en si un acto éticamente reprobable y que de partida debe sentar una mancha sobre un político. Máxime si hasta hace menos de un año este personaje era nada menos que el abanderado de la Concertación en la elección de alcalde en la capital del país. La falta de consecuencia y el oportunismo de quien cambia de tienda política a cambio de un cargo ministerial, debe ser resaltado como un ilustrativo anticipo de los pocos escrúpulos que cabe esperar en las actuaciones de los futuros ministros.
Por otra parte, si hay algo por lo que hay ocuparse de Joaquín Lavín no es el que su puesto sea presuntamente un “premio de consuelo” – eso es un minúsculo pelo de la cola – lo importante (y peligroso) es que a un hombre como él, integrante de la secta fundamentalista católica Opus Dei, se le entregue nada menos que el Ministerio de Educación, con lo cual ese grupo de algún modo cierra su círculo, iniciado con el establecimiento de escuelas y universidades. Ahora el control ideológico de la educación por parte de los fundamentalistas católicos viene a ser total, ya que si bien las escuelas y liceos mismos son municipales, la fijación de programas y diseño de normas de instrucción son centralizadas en el ministerio a cuya cabeza estará Lavín: ¿quién pensaría que es muy probable que las viejas luchas por una educación laica, libradas en tiempos decimonónicos, tendrán que reeditarse en los albores del siglo 21?
A esta altura quizás algunos estarán preguntándose con cierta impaciencia ¿y entonces qué hay que decir en este momento? Por cierto no las expresiones de rabieta porque el gabinete sea de gente educada en Estados Unidos o algunos cargos sean supuestos premios de consuelo. La pregunta que hay que hacerse es: ¿Qué es la característica esencial de los miembros de este primer gabinete de Piñera? Este es un gabinete empresarial, es un gabinete de hombres y mujeres de negocios y que como tales darán a las políticas públicas una impronta de gestión destinada a optimizar la productividad y las ganancias del sector privado porque en su esquema de razonamiento ello es lo “práctico” a hacer. No se esperen consideraciones mayores por los problemas sociales ni atención a las demandas de los trabajadores, no porque estos ministros sean en si “malas personas”, pues esas consideraciones son irrelevantes, sino porque su accionar está determinado por los intereses que sirven: los empresariales. ¿Recuerdan ese clásico film de Charlie (Carlitos) Chaplin Tiempos modernos, cuando en un momento un promotor llega a la fábrica donde él trabaja y trata de venderle al patrón una “máquina alimentadora” llamada a dar de comer a los trabajadores sin que estos tengan que parar para almorzar y así aumentar la productividad? La demostración – para la cual se escoge al pobre Carlitos – resulta un total fracaso, por lo que el patrón desecha la idea: “No es práctica”, sentencia el empresario. Por cierto no se le pasa por la mente que el dispositivo es en sí mismo un atentado deshumanizador, simplemente no es “práctico”, técnicamente inadecuado.
Espérese pues similares reacciones de este gabinete hecho en su mayoría de empresarios que a lo mejor en lo individual son hasta buenas personas: contribuyen a alguna obra caritativa, quieren a sus hijos y a sus mascotas, y quizás se emocionan con alguna canción; pero que como empresarios, gente de la clase dominante, sólo se moverán motivados por los intereses de la clase a la que pertenecen, los que todo el sistema mediático e ideológico hoy hace a la gente creer que son los “intereses superiores del país”.
¡Ah! Pero esto trae otra cosa a colación de la cual hace rato nada se menciona, un viejo concepto que hay que desempolvar: “si mis queridos nietecitos” – podría mascullar algún sabio abuelo – “existe la lucha de clases, y prepárense porque ahora se viene un episodio en que ella aparecerá desprovista de adornos y miriñaques que en todos estos años parecen haberla disfrazado y ocultado al punto que algunos hasta negaron su existencia”.
